"La esperanza es lo único que nos queda y lo más grande que tenemos"

Entrevista a Yolanda Becerra, presidenta de la Organización Femenina Popular, Barrancabermeja, Colombia

Alèxia Guilera Madariaga
Agencia Prensa Rural

18 de febrero de 2004

El pasado 29 de enero, dos paramilitares que se movilizaban en un automóvil secuestraron a Inés Peña, de 22 años, coordinadora del programa televisivo La Mohana, de la Organización Femenina Popular (OFP), le raparon la cabeza y le quemaron los pies con agua caliente, la amenazaron conminándola a abandonar su trabajo y su membresía en la OFP. Dos días antes, una comisión de la OFP encabezada por su presidenta, Yolanda Becerra, y acompañada de ciudadanos noruegos miembros del Consejo Noruego para los Refugiados y de Brigadas Internacionales de Paz, fue hostigada a bala por paramilitares, desde un retén a orillas del río Magdalena, a escasos 15 minutos del retén de la Armada Nacional en Barrancabermeja. El 16 de octubre pasado los paramilitares habían sacado a la fuerza de su casa y posteriormente asesinado a Esperanza Amarís, una mujer trabajadora que hacía tres años formaba parte de la OFP y quien se había resistido a las amenazas de los paramilitares para que dejara la ciudad.

- Cuéntenos cómo se está consolidando el proyecto paramilitar en Barrancabermeja, especialmente en sus barrios...

- Hay que empezar diciendo que las mujeres, en este proyecto de muerte y totalitarismo como es el proyecto paramilitar, son quienes tienen la principal posición de negación a esta realidad.

- ¿Por qué?

- Porque generan estrategias de protección de la vida de sus hijos, amantes, compañeros... a pesar de que éstos sean en muchos casos paramilitares. Ellas se especializan en crear formas de protección para sus hombres. A medida que se consolida el horror, ellas van tejiendo esas redes y terminan siendo eso: la amante, la mamá, la compañera de un paramilitar. Las decisiones de los hombres terminan involucrando a la mujer, que no puede realmente escoger porque la madre sigue siendo madre, amante, compañera... a pesar de las enormes contradicciones que eso suponga con su forma de pensar. Esto genera una gran contradicción y por eso ellas lo esconden, les da vergüenza... la realidad las rebasa.

- ¿Podemos decir entonces que la estrategia del actor armado golpea mucho más duro a la mujer?

- Absolutamente: no sólo tiene que asumir en general los costos de la violencia que generan los paramilitares sino que, además, lo vive en carne propia. Ahora eso se está viendo muy claramente en Barrancabermeja: contra la mujer se practican los castigos sociales (por ejemplo, los paramilitares les rapan el pelo y las exponen públicamente por lo que ellos juzgan como mal comportamiento de ellas). Se usa el cuerpo de la mujer para mostrar el horror en éste, como estrategia de terror; hace pocos meses, el 15 de noviembre pasado, apareció el cuerpo de una joven de 24 años colgada de un árbol con una soga al cuello, en una vereda de Barrancabermeja. Su cuerpo fue expuesto para que todas y todos lo vieran. El día antes, un grupo de paramilitares se la había llevado en un taxi cuando ella iba a comprar lo del almuerzo a una tienda. Esta historia, como las más de 50 desapariciones forzosas y la veintena de cuerpos desmembrados que han sacado del río Magdalena en los últimos meses, sucede en una Barrancabermeja donde sus líderes promueven la inversión porque, según ellos, ahora sí la ciudad es segura.

- Entonces ¿qué puede decir de estas nuevas prácticas de los paramilitares?

- Pienso que estas prácticas son formas de tortura pública, legalizada por las instituciones... y que tienen unos costos sociales altísimos. Porque frecuentemente escuchamos cosas como "ay, pero gracias que quedó viva". Yo creo que quedar viva así es lo peor que le puede pasar a alguien: es la humillación máxima de la dignidad humana. Y lo más grave es que se está empezando a ver como algo normal que los paramilitares "solucionen" los pequeños problemas de la vida doméstica en los barrios: ya las familias les piden que lo hagan, que intervengan en lo familiar, en lo administrativo... sustituyendo a cualquier otro tipo de autoridad.

- ¿Qué daño social puede llegar a causar eso?

- Yo creo que el daño social es irreparable porque reconstruir lo que con esa práctica se está destruyendo es dificilísimo. En realidad, es una estrategia para mantener el control social por parte de los paramilitares y la gravedad de ello es que, en estos tiempos, ya se ve como normal: acostumbrados a tener de frente a la muerte, esto se ve como una ganancia respecto a eso...

- Cuéntenos más sobre ese control de las pequeñas cosas cotidianas que ejercen ya los paramilitares en Barranca...

- Sí: hay una autoridad casi plenamente legitimada mediante la cual ellos regulan la vida civil. Todo lo arreglan ellos: por ejemplo, los problemas de infidelidad en las parejas, las agresiones familiares, las relaciones entre padres e hijos... ahora ya la gente los busca, como decía antes, por ejemplo para castigar a los hijos. Otro ejemplo de esto, muy doloroso para nosotras, fue el asesinato de nuestra compañera de la OFP Esperanza Amarías el pasado 16 de octubre. La vecina de Esperanza y ésta habían tenido varias discusiones y aquélla amenazó siempre a Esperanza con echarle los paramilitares. Varias veces llegaron a casa de Esperanza pero ella les dijo siempre a ellos que no tenían por qué meterse en sus problemas. Finalmente, dos meses antes de ser asesinada, un paramilitar se presentó en casa de nuestra compañera y la obligó a abandonar la ciudad. Ella denunció después y dijo que temía por su vida y la de su familia pero que esa era su casa y que sólo muerta la echaban de allí. Por todo eso, pienso que qué será de este país cuando un actor armado es quien arregla esos problemas: resuelven hasta cómo va a ser el sancocho que cocina la gente en las casas...

- ¿Cuál es el papel de las autoridades en la implantación de toda esta estrategia de control social?

- Han ayudado mucho, sin duda alguna. Les han permitido ocupar todos los espacios públicos sin hacer ni decir nada. La persona que ve cada tarde al soldado bebiéndose sus cervezas con el paramilitar en la esquina de su casa, cada tarde sin que nadie haga nada, termina sintiendo que eso es algo legítimo y normal... Es un modelo que se está imponiendo y no sólo en Barrancabermeja sino en todo el país.

- ¿Con qué pueden ustedes luchar contra eso?

- Pues con lo único que nos queda: con la esperanza, que es lo más grande que tenemos porque hay mucho por hacer...

- ¿Cómo se explica que todo esto ocurra en una ciudad como Barranca, tal vez la más militarizada del país?

- No se explica de ninguna manera. Pero sí quiero denunciar que, precisamente, esta militarización ha normalizado la tortura y ha hecho que los paramilitares se hayan podido posicionar así de tranquilamente y en tan sólo tres años.

- En Barranca opera el Bloque Central Bolívar de los paramilitares. ¿Qué cree que ellos van a obtener del Estado en caso de que se desmovilicen?

- Creo que --tal como ya está pasando con los supuestos paramilitares que se reinsertaron en Medellín-- se les va a dar algún trabajo relacionado con la vigilancia privada, algo que les permita seguir acaparando los espacios públicos para que puedan seguir cumpliendo su función de informantes...

- ¿Es cierto que últimamente aumentó la desaparición forzada respecto a los asesinatos selectivos en Barranca?

- Sí: durante el 2003 se cometieron más desapariciones forzadas que asesinatos, pero para nosotras lo denunciable, lo más preocupante, es que ahora el Gobierno atribuye sistemáticamente la responsabilidad de esos actos violentos a la delincuencia común. Y eso es debido a la presión de organizaciones de derechos humanos denunciando la autoría de los paramilitares y del Estado. Por eso es que ahora, según ellos, son delincuentes comunes los que están asesinando y desapareciendo a gente en Barranca. Así, el culpable es el muerto en algunos casos y, sobre todo, el Estado no tiene ya ninguna responsabilidad sobre lo que pasó. Y además, así deslegitiman el trabajo de las ONG que tanto hemos denunciado la responsabilidad estatal en todo esto.

- Otro hecho sumamente grave es que, ciertamente, bajó la cantidad de crímenes, tal como pregona el gobierno de Uribe, pero eso a nosotras no nos sirve porque, en el fondo, siguen siendo ellos los que deciden sobre la vida y sobre la muerte de todos, hasta en la cantidad de personas muertas, desaparecidas, desplazadas y amenazadas.

 
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