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El fantoche de
Arauca
El titular de El Tiempo del lunes 14 de julio, a propósito de la visita de Uribe a Arauca, afirmaba que el "Presidente se mete a la boca del lobo". ¡Este lobo resultó siendo el mismo Presidente! Ante el temor que vive la llamada clase dirigente por las acusaciones de ser auxiliar de los grupos insurgentes y en la idea de no chocar con los intereses estratégicos del gobierno central para la aplicación de la seguridad democrática, todos se arrodillaron y aplaudieron las graves decisiones que tomó el Presidente frente a Arauca, que acrecientan el conflicto y exacerban el escenario de más guerra, olvidando la gravedad de los hechos de Santo Domingo y la llamada "zona de rehabilitación". Se montó el show El Presidente hizo gala de la política espectáculo y del discurso contradictorio, que cuando afirma en el fondo niega y cuando niega está afirmando. Los sectores dirigentes se inclinaron a hacerle el juego a la parafernalia oficial y repitieron la historia del vasallaje español: se deslumbraron por el espejo y a cambio entregaron el oro. Hablando de patriotismo Uribe cohabitó las tres noches araucanas con los más de 70 mercenarios norteamericanos de la base militar. Y rindió parte de victoria a la Occidental. ¡Qué forma tan desafortunada de celebrar 100 años de la intervención gringa que culminó con la separación de Panamá! Con su mano en el corazón, está mucho más lejos de los colombianos y más cerca del presidente Bush. En el Plan de Desarrollo escasamente le asignaron a Arauca 23.000 millones de pesos para cuatro años, como fruto politiquero del acuerdo con el Congreso de repartirse un billón de pesos. Sobre lo cual afirmó un parlamentario de Arauca: "Esto es pura botadera de corriente, las cosas ya estaban definidas". En el circo del llamado consejo comunitario, en una forma arbitraria y negando el principio del Plan de Desarrollo sobre la autonomía de las regiones, el gobierno nacional, que tiene suspendido desde hace seis meses el pago de las regalías, las cuales suman ya 80.000 millones de pesos, le quitó al Departamento sus posibilidades de inversión. Accedió a entregar 33.000 millones para suplir un compromiso del país con la Comunidad Andina de Naciones como es la terminación de la carretera marginal de la selva. Ya no es sólo el olvido de la inversión del Estado, sino que éste le quita abusivamente lo que les pertenece por derecho propio a las regiones. Excluida temática humanitaria y social En esta reunión quedaron descartadas intervenciones que estaban preparadas sobre derechos humanos, sustitución de cultivos ilícitos y una nueva política de orden público. El Gobierno, por boca del Presidente, dio un plazo de tres semanas para las fumigaciones aéreas sobre tales cultivos, desconociendo la propuesta de los campesinos de sustituirlos manualmente. En el consejo comunal, el dirigente popular Martín Sandoval sufrió recriminaciones, filmaciones e intimidaciones por parte del aparato de seguridad presidencial, por el hecho de entregar copias del artículo de la pasada edición del semanario Voz sobre el realismo mágico de las fumigaciones y el comunicado donde se señalaba la visita presidencial como no grata para el pueblo araucano. La comedia terminó con la promulgación del decreto convocando para el 25 de octubre el referendo, utilizando un pasaje histórico de la época en que Arauca fue capital en el año de 1816, diciendo que "desde Arauca sale un nuevo acto de Estado que afirma la democracia en nuestro país". Burda maniobra que trata de aprovechar para las elecciones del día siguiente con la esperanza de que esto le asegure una victoria efectiva. Falsas ilusiones Desde que se anunció para Arauca la visita del Presidente, se comenzaron a vivir falsas expectativas. Era la tercera de esas visitas pero la de más permanencia y aparataje. El habitante común se hacía grandes ilusiones porque ahora sí se iban a solucionar los problemas del desempleo (que en Arauca está en cerca del 70% de la población activa); de la falta de vivienda; del desplazamiento; de la pavimentación de las vías Arauca-Arauquita y Arauca-Tame; de la generación de una política para el campo; de la dotación de acueducto y alcantarillado para los siete municipios y las interconexiones eléctricas; de no más impunidad frente a los 500 asesinatos selectivos del año 2002 y de los más de 200 del primer semestre del 2003; de la lucha efectiva contra el paramilitarismo, de la solución del conflicto armado mediante los diálogos regionales, del respeto a los derechos humanos por parte del Estado, entre otras. Todo quedó relegado como en el título de la canción: En la tierra del olvido. Los grandes operativos de seguridad que como nunca se dieron en esta visita presidencial reflejan el carácter militarista del Gobierno. Han sido tres días donde las expectativas se quedaron en meras ilusiones. Fastidio popular por militarización Pero las grandes operaciones antes que crear seguridad sembraron inconformismo y rabia. Las detenciones masivas y arbitrarias, los allanamientos a los barrios periféricos donde se concentran la pobreza, el hambre, el analfabetismo y el desempleo; el trato a los vecinos que fue un trato de guerra, y esto a pesar y más allá de la caída del decreto de las zonas de rehabilitación. Antes y en la llegada del Presidente, los censos y empadronamientos se intensificaron hasta caer en espectáculos grotescos como sucedió con el trato a los transportadores. Viajar de Arauca hasta Arauquita era toda una odisea. Las quejas de los comerciantes fueron unánimes ante la ausencia de compradores por el temor a caer en una de las tantas pescas milagrosas por parte de las Fuerzas Armadas ya que se utilizó el concepto de que se detenía y luego se comprobaba. Viajar a El Amparo o a Guasdalito era una proeza infernal, no era posible dormir con tranquilidad por lo sobrevuelos rasantes de helicópteros y el escándalo de los aparatos de guerra. Demostraron los araucanos que ni el Presidente se metió a la boca del lobo ni tampoco se atrevió a llegar a la ciudad más violenta del país. A pesar de todas las dificultades que se viven en Arauca, el araucano es una persona que cree en la paz y en el diálogo constructivo para la convivencia democrática. |