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El MST fuerza a Lula a ratificar sus compromisos por Gara
Las 115 mil familias que se asentarán este año, si Lula no olvida lo prometido, ayudarán a equilibrar unas cifras que se situaban muy lejos de la promesa electoral, después de que las metas marcadas se incumplieron en 2003 y 2004. También prometió el presidente del Partido de los Trabajadores (PT) que recibirán empleo 1.800 personas (los manifestantes solicitaban cuatro mil) en el Instituto de Reforma Agraria para acelerar la aplicación de su promesa, y que se actualizará el índice de productividad de las propiedades rurales, que data de 1975, con el objetivo de aumentar las tierras factibles de expropiación. Jaime Amorim, también dirigente del MST, declaró que, de entre las reclamaciones presentadas, el mayor problema persiste en la creación de una línea de crédito especial para los asentamientos campesinos. A su vez, el líder de ese movimiento, Joao Pedro Stédile, pidió a los militantes que participaron en una marcha a pie de más de 200 kilómetros durante 15 días volver para casa "con las baterías recargadas para aumentar las ocupaciones (de haciendas) y organizarse contra la política económica" del gobierno brasileño. "Vamos a salir de aquí aumentando las ocupaciones", remarcó y agregó que, como dice el presidente de la Comisión Pastoral de la Tierra, el obispo Tomás Balduino, "no basta estar contra el latifundio, es necesario acabar con él". Los participantes en la marcha se manifestaron previamente contra el imperialismo frente a la embajada estadounidense, ante la cual arrojaron desperdicios, en rechazo a la "basura cultural, política y de las empresas multinacionales norteamericanas", informó la dirigente del MST Rosana Fernandes. "Estamos aquí para devolver la basura de la competencia, la basura de la prepotencia, la basura de la arrogancia, la basura de la dominación, la basura de la guerra", dijo un locutor del MST, mientras los manifestantes arrojaban residuos frente a la misión diplomática. Cuba, Venezuela y Haití El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, fue el principal blanco de los militantes, que le tildaron de "terrorista", de "asesino" y de "peón de las multinacionales". Frente a la embajada de la gran potencia, el MST protestó contra la guerra y exigió que "la Casa Blanca saque sus patas de Iraq, Cuba, Venezuela y Haití". La marcha se solidarizó también con la causa palestina y reclamó la retirada de Israel de todos los territorios ocupados. A los miles de marchistas que llegaron a Brasilia se sumaron en la capital trabajadores de diversos sectores, estudiantes y militantes de distintos movimientos sociales, quienes posteriormente se dirigieron al Ministerio de Hacienda, donde se concentraron unas 30 mil personas, según la estatal Agencia Brasil. Allí, la propia Rosana Fernandes declaró que "estamos aquí para recordar que este lugar es nuestro. Del pueblo brasileño. Y no del Fondo Monetario Internacional o de los Estados Unidos". Ante el Ministerio, los marchistas rechazaron la "ortodoxa" política económica del gobierno de Lula, especialmente su decisión de obtener durante sus cuatro años de mandato un superávit fiscal primario (que se usa para pagar los intereses de la deuda) del 4,25% del producto interior bruto. "Esos recursos que está ahorrando el Gobierno a causa del neoliberalismo y de las imposiciones externas son necesarios para mejorar las condiciones de vida del pueblo brasileño, lo que prometió Lula en su campaña presidencial", se quejó previamente José Damaceno, dirigente nacional del movimiento. El poder del Presidente Sin embargo, este líder campesino descartó que el presidente Lula pueda modificar la actual política porque, según dijo, eso no depende sólo del mandatario, sino también del ministro de Hacienda, Antonio Palocci, y del jefe de gabinete, José Dirceu, todos miembros del PT. Stédile había dicho antes de iniciarse la marcha por la reforma agraria y contra la política económica que harían manifestaciones en esos lugares porque son los verdaderos centros de poder en Brasil. La demostración del MST del martes en Brasilia, que provocó un gran caos en el tránsito de la capital brasileña, se realizó en forma pacífica, aunque con incidentes aislados. Los campesinos partieron poco después del mediodía del estadio Mané Garrincha, en cuyas inmediaciones pasaron la noche en gigantescas tiendas bajo las cuales durmieron hacinados sobre precarios colchones. Por último, los marchistas se concentraron frente al edificio del Congreso, donde se registró un enfrentamiento con policías militares que, según las versiones de ambas partes, dejó 32 manifestantes y 18 agentes heridos o lesionados. Según la versión de agencias internacionales, tras la protesta ante la embajada de Estados Unidos, los participantes intentaron marchar hasta el palacio presidencial de Planalto, pero chocaron con un fuerte contingente policial que les desvió de su ruta después de unos cuantos empujones, que pasaron a ser golpes más tarde frente al Congreso. Bastones, palos y botellas En los incidentes, en los que los sin tierra lanzaron palos y botellas contra policías que cargaron con sus bastones, varias personas resultaron con heridas leves. Los enfrentamientos concluyeron gracias a la intervención de parlamentarios del PT, que lidera Lula. La marcha se detuvo finalmente frente al Ministerio de Hacienda, cuyas puertas estaban encadenadas y donde había 260 policías apostados para prevenir incidentes. Los líderes de la marcha también se reunieron con el presidente de la Cámara de Diputados, Severino Cavalcanti, a quien le pidieron acelerar la aprobación del proyecto de ley que dispone la expropiación de tierras cuyos dueños exploten trabajo esclavo. Asimismo, le reclamaron la aprobación de la convocatoria a un referéndum sobre la prohibición de la venta de armas en el país. Ambas iniciativas ya fueron votadas favorablemente en el Senado. Igualmente demandaron la reglamentación de la norma constitucional que dispone la realización de plebiscitos sobre materias de iniciativa popular. En apoyo a la marcha, el MST también realizó manifestaciones en Recife y Porto Alegre. Algunos manifestantes corearon: "¡Lula, el pueblo te eligió! ¿Dónde está la reforma agraria que prometiste?". El ex obrero metalúrgico que fundó el PT y actual presidente prometió tras la marcha que el MST realizó el año pasado entregar tierras a 430 mil familias hasta 2006, cuando terminan sus cuatro años del actual mandato. Según el MST, en más de dos años de gobierno de Lula han sido asentadas sólo 60 mil familias campesinas. La impericia del PT en las cosas de palacio La falta de articulación en una base aliada heterogénea y una oposición experta en los manejos del poder a la caza de oportunidades, son las causas de las adversidades del Gobierno en el Congreso, según el análisis que hacía ayer en Prensa Latina Abel Sardiña. "Estas conclusiones se desprenden de cómo la oposición, que ostentó el poder durante décadas, se movió para aprobar una Comisión Parlamentaria Investigadora y derrotar al candidato oficial a un importante cargo público, y la imposibilidad de los líderes gubernamentales para frenarla. Con éstas, son ocho las pérdidas sufridas por el Ejecutivo en el Parlamento este año, tres de ellas en mayo, y no se vislumbra una posible mejoría en la articulación de la base aliada y dentro del PT, para que actúen más unidos", dice Sardiña. |