El paramilitarismo en Norte de Santander: ¿realidad de nunca acabar?
por Colectivo Brecha (*)
17 de mayo de 2006
Si bien el proceso de desmovilización y desarme de las estructuras paramilitares agrupadas en las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), pactado por dicha organización y el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, ha finalizado, el fenómeno paramilitar se mantiene o resurge, con algunas características diferentes, como por ejemplo en el modus operandi, y también en lo que refiere a un discurso mucho más elaborado donde se denota aun más su afinidad por el establecimiento y lo que éste actualmente representa. Esto último se ve expresado en las amenazas y comunicados recientemente hechos llegar a sectores de la comunidad educativa de la Universidad de Antioquia y a diferentes ONG defensoras de derechos humanos en Bogotá. Así mismo en algunas regiones del país se ha evidenciado la presencia de paramilitares y ésta ya ha sido reconocida por el gobierno nacional y las fuerzas militares. Una de estas zonas donde todavía existe presencia de paramilitares es el departamento de Norte de Santander.
El pasado 15 de mayo el diario La Opinión presentaba las declaraciones del general Hipólito Herrera, comandante de la Región Quinta de Policía, en las cuales el alto mando reconocía la presencia del grupo paramilitar Las Águilas Negras en una buena parte del bajo Catatumbo nortesantandereano y en el área metropolitana de Cúcuta. Estas declaraciones fueron hechas por el general durante el acto de reapertura de una estación de policía en el corregimiento de Banco de Arena (Cúcuta).
Consideramos importante y significativo el hecho de que se haya reconocido por parte de la policía departamental nortesantandereana la continuidad de la presencia paramilitar en el Catatumbo, sin embargo también consideramos que era imposible continuar desconociendo o --lo que es peor aun-- negando que en Norte de Santander y específicamente en el Catatumbo el paramilitarismo hoy en día continúa siendo una realidad.
En Norte de Santander el paramilitarismo es efectivamente una realidad que se ha visto reflejada durante el último trimestre del 2005 y en lo que va del 2006, con la reaparición de homicidios masivos (masacres), en el incremento de homicidios selectivos "tipo sicariato" en Cúcuta y su área metropolitana, algunos dirigidos contra sectores sociales vulnerables (albañiles, jornaleros, vendedores ambulantes, desempleados) y otros con claros móviles políticos (dirigidos contra integrantes de las juntas de acción comunal) tal como ocurrió durante los años 2000 - 2004; también se refleja en los combates que se han dado entre paramilitares y fuerza pública venezolana en la frontera, especialmente con el estado Táchira, donde además se han presentado capturas de colombianos vinculados al paramilitarismo y se han incrementado los homicidios y los delitos relacionados con el tráfico de estupefacientes.
Aunque el comandante Herrera es el primer representante de la fuerza pública departamental en reconocer el accionar paramilitar en Norte de Santander después de la desmovilización del Bloque Catatumbo, este no es el primer pronunciamiento que se realiza al respecto. Como referentes se encuentran las diferentes denuncias hechas por la Fundación Progresar (ONG defensora de derechos humanos) donde señalan a Salvatore Mancuso de seguir influyendo en el accionar delictivo de estos grupos; las denuncias hechas por el senador del PDA Gustavo Petro y por los propios campesinos habitantes del Catatumbo; a éstas se suma el reconocimiento de la situación hecho por el doctor Sergio Caramagna, de la Misión de Acompañamiento al Proceso de Paz de la OEA (La Opinión, abril 26 de 2006).
Inclusive los ganaderos (a quienes se ha vinculado con la financiación y apoyo a paramilitares) también señalan la realidad del paramilitarismo en Norte de Santander: el presidente de Fedegán, José Felix Lafaurie, indicó como se ha denunciado en el Catatumbo que [los nuevos] "grupos paramilitares [...] actúan incluso con mayor grado de violencia y de intimidación sobre la población civil" (La Opinión, 31 de marzo de 2006).
Es necesario señalar que diferentes denuncias hechas por organizaciones campesinas indican que las tropas militares adscritas a la Brigada 30 intimidan a los campesinos señalando la "supuesta" presencia de integrantes de Las Águilas Negras entre los militares. Este tipo de denuncias se han presentado en el municipio de Convención, en El Aserrío y San Pablo (Teorama), El Suspiro y El Martillo durante los últimos operativos realizados en la región. Al respecto es importante resaltar que el general Herrera pidió a los policías que "no se dejen corromper por quienes se mantienen en la ilegalidad".
Según el estudio sobre derechos humanos "Paz, te han vestido de negro", como parte de lo que fue la entrada y posicionamiento del paramilitarismo en Norte de Santander las AUC fueron responsables del 92,3% de los homicidios cometidos en la capital nortesantandereana y su área metropolitana, durante los años 2001 al 2003, lo que, "en términos de responsabilidad también establece compromisos directos de distintas autoridades estatales y, en particular, de la fuerza pública y los organismos de seguridad". (Fucude y Progresar, "Paz, te han vestido de negro. Estudio sobre los derechos humanos en Cúcuta, en el contexto de la violencia y el conflicto armado en Norte de Santander", Bogotá DC, 2005, pág. 18).
Si bien el reconocimiento del accionar paramilitar en Norte de Santander es importante, este es insignificante si no va concatenado a: Uno, hacer una evaluación de lo que ha sido el "desarme, la desmovilización y reincorporación" de los integrantes de las AUC a la vida civil, evaluación que debe verse más allá del "éxito" político-militar promulgado por el gobierno en relación con el número de hombres que se sometieron al proceso, y debe contemplar real e integralmente la socialización de los individuos y aspectos propios de la materialización de un proceso de justicia transicional como lo son la verdad, la justicia, la garantía de no repetición y la reparación integral a las víctimas de los paramilitares; dos, si solamente se queda allí --en el reconocimiento-- y no se combaten (además de a los hombres armados) sus fuentes de financiación relacionadas directamente con el narcotráfico; tres, si además de las fuentes de financiación no se combaten sus fuentes de apoyo político y logístico: individuos y redes que continúan dando vida y alimentando esta estructura de terror que en el Norte de Santander ha cobrado las vidas de más de cinco mil personas, estructura del terror que parece haberse convertido en una realidad de nunca acabar.
* Grupo de estudio e investigación sobre el conflicto interno colombiano y los derechos humanos