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El personaje del año por Iván Cepeda Castro
Por esta época, los grandes medios de comunicación designan al personaje del año. En esta ocasión, varios de ellos han coincidido en nombrar al comisionado de Paz, Luis Carlos Restrepo, como la figura que merece este reconocimiento. Se trata del mismo servidor público que aparece en unas comprometedoras grabaciones hechas en la mesa de negociación de Santa Fe de Ralito, diciendo a los jefes paramilitares que el Gobierno sabe que se están cometiendo homicidios "incluso aquí en los límites de la zona de ubicación", pero que es un asunto que "maneja con el mayor cuidado" para evitar "un escándalo que nos haga daño" (1). Sería sensato pensar que no debería ser premiado con aplausos y elogios un funcionario que se entera de graves violaciones contra la población civil y, en vez de emprender acciones decididas para prevenir nuevos hechos de esta naturaleza, los oculta ante la opinión pública y se esfuerza por tranquilizar a sus autores acerca de que el Estado hará todo lo necesario para garantizar su impunidad. Este episodio en el que se utilizan las atrocidades contra personas indefensas como elemento de negociación, es revelador del menosprecio del Alto Comisionado por los derechos de las víctimas a la verdad, la justicia y la reparación. Sin embargo, dado el ambiente de trivialidad con que se está asumiendo la llamada desmovilización paramilitar en el país, a nadie debe sorprender que con esta nominación se exalte, implícitamente, la promoción de la impunidad como una cualidad propia del "hombre del año" y del gobierno que representa. Existen otros personajes de la vida nacional menos reconocidos que, incluso a costa de su bienestar personal o de su propia vida, trabajaron a lo largo de 2004 en la defensa de los derechos de sectores de la población civil sometidos a modalidades de exterminio. Tal es el caso de la presidenta de la Asociación Campesina de Arauca (ACA), Luz Perly Córdoba, confinada en prisión desde febrero de este año, y cuya organización ha sido perseguida sistemáticamente. O de la dirigente de los trabajadores de la salud y sobreviviente de la Unión Patriótica, Carmen Elsa Nova, asesinada en julio en la ciudad de Bucaramanga por presuntos paramilitares, y quien ejemplifica la aniquilación de la que siguen siendo objeto tanto el movimiento sindical, como el grupo de oposición política. O de Freddy Arias Arias, líder de la etnia indígena de los kankuamos, asesinado luego de denunciar en el pasado mes de julio los crímenes cometidos por los paramilitares contra su comunidad; denuncias que llevaron recientemente al relator temático de las Naciones Unidas, Rodolfo Stavenhagen, a advertir que esta clase de homicidios colectivos forman parte de "verdaderos genocidios" contra las comunidades originarias en Colombia. O también de Alfredo Correa de Andreis, profesor universitario dedicado a incentivar la participación comunitaria, quien fuera injustamente arrestado bajo la acusación de terrorismo, y luego de su liberación, asesinado en septiembre en la ciudad de Barranquilla. La sociedad colombiana afronta no sólo una grave crisis de valores, sino una inversión total de sentido ético, en la que diariamente se promueve la complicidad con el crimen bajo el pretexto de la búsqueda de la reconciliación nacional. La vida de humanistas y líderes sociales como los arriba mencionados es una luz que mantiene la esperanza en que es posible oponer resistencia a este imperio de la frivolidad y la mentira. Por eso, ellos son los verdaderos protagonistas de la historia del país. Nota: (1) Revista Semana, "Revelaciones explosivas", 27 de septiembre de 2004, página 41. |