Lo que está oculto en algunos proyectos legislativos gubernamentales
La lógica mafiosa se destapa

por León Fonseca
23 de octubre de 2004

La crisis deben pagarla los ricos. Ilustración de Matiz para Prensa Rural.

En los proyectos de ley de reforma a la justicia y en el de la legalización de tierras se encuentra un elemento en común, que quizá mejor que ninguna otra cosa, muestra el verdadero norte hacía el que está apuntando el Estado.

En el primero de los señalados, se propone que los fallos de la Corte Constitucional pueden ser, de hecho, objetados por el Banco de la República si éste considera que se "afecta gravemente la estabilidad fiscal o macroeconómica del país". En el otro, se faculta a los registradores de instrumentos públicos para legalizar predios sin título de propiedad. Lo que, en otras palabras, significa la adjudicación de facultades judiciales a algunos particulares.

No basta, pues, que dichas facultades se intenten otorgar a los militares en el famoso "estatuto antiterrorista", ni que la privatización de la justicia se ejerza desde las mal llamadas "oficinas de cobro" desde las que se impone la pena de muerte por "delitos" económicos o políticos, sino que ahora desde el mismo Estado se intenta profundizar dicha privatización otorgando facultades judiciales a organismos descentralizados que, en sentido estricto, ni siquiera pueden considerarse parte de alguno de los tres poderes del Estado.

Aunque lo anterior no debe extrañar si tenemos en cuenta que la sociedad ha derivado lentamente hacía una para-economía que en los tres últimos quinquenios ha contado con la anuencia de los estamentos sociales y políticos y que apuntó a la financiación de bandas de derecha que han venido oficiando como guardianes de los intereses de la burguesía, con lo que se alcanza un proceso de desinstitucionalización que también reclama una para-justicia como la forma más adecuada al seudo-Estado que se ha construido. Pero, lo que sectores dominantes no calcularon, es que los "niños" crecen y reclaman autonomía, y por eso hoy comienzan a escandalizarse cuando descubren que el paramilitarismo ya maneja en varias regiones sectores claves de la economía. En Bogotá, la misma prensa del sistema (ver El Espectador 26-X-04) afirma que Corabastos, los Sanandresitos, las organizaciones de vendedores ambulantes y los juegos de apuestas están penetrados por esas bandas. De igual manera ha comenzado a aflorar la cesión que, de hecho, hizo el Estado del sector de la salud, donde no sólo las ARS sino los hospitales en liquidación, como lo denunció en el Congreso el presidente de Anthoc, han sido otorgados a tales grupos.

Competencia empresarial sin lógica

Lo que es claro, entonces, es que una justicia que actúe como poder independiente tal y como se planteó desde Montesquieu, se ha convertido en un obstáculo para un proceso de acumulación tan sui generis como el nuestro en el que la competencia empresarial nunca ha tenido su lógica en las mejoras tecnológicas ni en las estrategias de ventas sino en el compadrazgo, los lazos de sangre y el gatillo.

Por ello no deja de ser sorprendente que uno de los padres ideológicos de este tan particular neoliberalismo colombiano, el columnista Rudolph Hommes, manifieste inquietarse ante la ley de tierras a la que aludimos arriba, porque ve en los nuevos señores de la tierra y sus comportamientos una historia que le suena parecida a la de la emergencia del fascismo en Italia. Como si ello fuese independiente de unas lógicas y unas políticas cuya imposición exigió como premisa la desaparición física de los movimientos de oposición como la Unión Patriótica, y, además, como si el proceso de acumulación y la lógica empresarial desde el siglo XIX nada tuvieran que ver con las guerras civiles de la época; o la violencia liberal-conservadora, por citar otro ejemplo, no hubiera representado un movimiento de acumulación "originaria" en el que la "modernización" se hizo a costa de la sangre del campesinado.

Una ligera arqueología de las fortunas de las familias dominantes del país, bastaría para probar que lo único nuevo en el destape actual son unos nombres de emergentes (y eso es lo que los asusta) que se han corporativizado a instancias de la nueva lógica prometida en la anterior campaña presidencial, y que hoy amenazan con colocarse, como grupo, al lado de siglas como Santodomingo, Ardila Lulle, Sarmiento Angulo, Santos y similares. Y ese nuevo ordenamiento exige que incluso una justicia como la nuestra sea removida, pues no en vano la vocería (sería mejor vocinglería) contra lo poco que de ésta queda ha estado a cargo de personajes de autos como el ex ministro Fernando Londoño. Que no quepa duda, pues, que la lógica de nuestro proceso de acumulación siempre ha sido sangriento y que el despojo de la tierra y los procesos de desplazamiento han sido una constante; por ello una salida política al conflicto tiene que pasar por un proceso de redistribución, en el que una reforma agraria sigue siendo perentoria.

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