Mentiras de la reconciliación paramilitar

por Comisión Intereclesial de Justicia y Paz
9 de noviembre de 2004

No es nada nuevo, desde hace casi dos años el panorama indicaba que la desmovilización paramilitar era más que una estrategia de reingeniería militar, se trataba y se trata de algo más que eso.

El modelo de sociedad y de Estado creado a sangre y fuego en el Norte de Colombia, Córdoba, Urabá Antioqueño, Norte de Chocó, Sucre, Magdalena en los últimos 10 años se fue extendiendo en lo militar a todo el país, asegurando un modo de relaciones sociales, un modo de producción, un modo de reconciliación.

No se trata de un proyecto auténticamente antisubversivo. A pesar de que declaró la guerra a la guerrilla, nunca la atacó, nunca la desterró. Desde los 60 doctrinalmente y desde el 78, el blanco militar de la estrategia paramilitar fue y ha sido la población civil.

El nuevo momento, desde el 2002, de la estrategia paramilitar indica que Se trata de una fase de consolidación de un proyecto totalizante, excluyente, más allá de lo militar.

Luego de arrasar a la población civil ha ido tejiendo mecanismos de dependencia y de control del tejido social. Más que de la infiltración en la sociedad civil, en sus diversas expresiones pretende copar las estructuras comunitarias existentes, mentalidades, sensibilidades invirtiendo los contenidos y exigencias más profundas y sentidas de los diversos sectores de la sociedad, de la organizaciones sociales, en orden a la instauración de un modelo de Estado y una sociedad única.

A través de la estrategia militar encubierta se sigue torturando, asesinando, desapareciendo, desplazando. En los bancos de datos de los organismos de derechos humanos, se calcula que son responsables de cerca de 1.900 violaciones a la vida desde el 1 de diciembre de 2002. Este es un dato mínimo, es un reflejo ante no uno sino millares de casos no registrados. El terror sigue logrando su objetivo, el aniquilamiento en vastas regiones del país ha logrado el silenciamiento. El control institucional y social por el terror ha significado para sus victimas el silencio. El control de facto que se realiza en los cascos urbanos de todo el país, en medio de la presencia policial y de la militarización del territorio nacional sólo invita a callar, a desesperanzarse, signos evidentes de la erosión del Estado de Derecho.

La connivencia, la tolerancia, la complicidad con agentes estatales se ha ido profundizando, se ha ido cualificando. Esta realidad no es un secreto, es una realidad palpable en cualquier parte del país hoy. No es cuestión del pasado o del origen de estructuras como el Muerte a Secuestradores (MAS), o de las estructuras de San Juan Bosco La Verde, que se ampliaron al Carmen y San Vicente de Chucurí, denuncia de Justicia y Paz, del año 92, que nunca fue aceptada. Es una verdad de Perogrullo. Las motosierras siguen siendo usadas, los patrullajes a pocos metros de fuerzas irregulares y regulares sintomáticas, los resultados operacionales de combates a los paramilitares son propagandísticos.

Hoy dentro del proceso de desmovilización aparece un ocultamiento deliberado del pasado y del presente. El pasado criminal del que no se ha develado los financiadores, los planeadores, los poderes locales, regionales, nacionales, militares y policiales que los constituyeron. El presente de sus estructuras en las que el Estado continúa siendo amparador, encubridor o se encubre a través de ellos. Y detrás de ambos, intereses privados.

Se usó y se usa del mecanismo de la guerra, de la aniquilación, de la persecución, del terror para imponer un modelo de sociedad y un modo de producción, de relación con la tierra. El modelo de Estado y de sociedad que se está estructurando en Colombia no sólo está manchado de sangre, sino de una estrategia social e institucional publicitaria, falsa, mentirosa, y a la vez seductora. Es para los gustos de clisé. Ofrece respuestas para la verdad, para la justicia, para el desempleo, para la marginalidad.

Muestra estudios comparativos y estudios de mercadeo de las guerras, ofrenda capitales experiencias de productividad, de mercado justo, de planes ambientales.

No solamente se mata con balas y con hambre. Las balas y el hambre tienen salidas, propuestas y mecanismos propios de solución, para las balas el desarme, 20 mil hombres sin armas aporte para la paz, pero nunca dirán de los esquemas de seguridad militar y policial instaurados para la protección. Para el hambre proyectos agroindustriales pero nunca dirán que las tierras son de los tres millones de desplazados. Se combinan diversos mecanismos de seducción, de control mental, de imaginarios sociales y de sensibilidades que posan de participativas o de pacifistas, más allá de requerimientos jurídicos o exigencias políticas, que resuenan como una voz en el desierto en los familiares de las víctimas o sus acompañantes.

La seducción discursiva y el autoritarismo son parte de la combinación. Imposición de las decisiones sobre comunidades haciendo uso perverso de los microlenguajes de la democracia local, posicionamiento de la idea del progreso con el fomento de asociaciones cooperativas y de nuevos empresarios rurales, método de reinsersión y de reconciliación, construcción del imaginario de la paz en Colombia desde la retórica de la reconciliación.

Pero no basta decir democracia, participación. Pero no basta decir paz, progreso, reconciliación, hay que aparecer como. Se trata de hacer verosímil la falsedad y la mentira. Se trata de hacer creíble la pacificación. Se trata de hacer verdadero lo inexistente, la verdad, la justicia y la reparación integral. Más allá del formalismo legal, es la práctica, es el pragmatismo.

No basta aparecer como Señor, hay que hacerse Señor.

En medio de la ausencia de un marco normativo y de la voluntad política que posibilite el derecho a la verdad, a la justicia y la reparación integral para los millares de víctimas de crímenes de lesa humanidad y de violaciones de derechos humanos de la estrategia paramilitar se ha ido imponiendo una visión pragmática de la paz. Se usa de la palabra verdad para ocultar la mentira. Se usa de la palabra justicia para ocultar la impunidad. Se usa de la palabra reparación para imponer el progreso. Se usa de la palabra democracia para hacer aceptable la imposición. Se usa la palabra reconciliación para confundirla con pacificación.

Se usa la palabra paz para justificar el desarme, sin más.

La estrategia mediática es efectiva pero no profunda ni suficiente. La seguridad mal llamada democrática no ha sido democrática, no ha sido para todos. La cualificación del aparato militar estatal no ha logrado descostrar su transparencia, su capacidad de romper con estructuras encubiertas de tipo paramilitar. Hoy en muchas regiones del país son confusas, poco distinguibles las actuaciones regulares e irregulares del polo estatal/paraestatal.

Hoy la legalización de los capitales de traficantes de drogas en proyectos agroindustriales es evidente al amparo del proceso de desmovilización. La imposición en territorios colectivos de propuestas empresariales vinculadas a la palma aceitera, al caucho, al cacao, de deforestación o reforestación o las tierras destinadas a la extensión ganadera o de proyectos de infraestructura es parte de la estrategia de legalización de las tierras usurpadas ilegal e ilegítimamente y parte de la táctica de copamiento social. Pero al mismo tiempo, es el mecanismo social de la reconciliación, donde las comunidades víctimas de desplazamiento, de violaciones sistemáticas a sus derechos humanos se vincularán al mercado laboral, a la contrarreforma agraria parainstitucional y al modelo de reconciliación entre las víctimas y los victimarios. Al fin y al cabo, como lo expresan analistas, voceros de iglesias cristianas, la única manera de romper el círculo de violencia es ceder, y ceder es callar, y ceder es olvidar o mejor pensar en el futuro. El culto a los muertos sólo produce muertos.

Exigir verdad, justicia y reparación es suicida. Exigir verdad, justicia y reparación no es financiable. Exigir verdad, justicia y reparación es poco realista. Exigir verdad, justicia y reparación espanta el humanitarismo y los apoyos internacionales. Es mejor hablar entre pocos, a puerta cerrada, tal vez en Santa Fe de Ralito. Es mejor callar o hacer un remedo de verdad, y progresar... bienvenidos al futuro, al Estado de hecho, a la democracia sin pan, sin tierra, sin libertad.

Algunas de las mentiras de la reconciliación paramilitar

"--Una de las grandes dudas es si van a devolver las tierras que ustedes se apropiaron.

--Es cierto que en el transcurso del conflicto hemos adquirido algunas propiedades que han servido de infraestructura para el esquema de defensa. Me dice que hemos expropiado tierras.

Le digo una cosa: cuando me formé dentro del esquema de autodefensa, los que se desplazaban eran los ganaderos, los campesinos. O sea que el desplazamiento viene de hace mucho.

--¿A qué le atribuyen ustedes la incredulidad con este proceso?

--Yo no creo que sea incredulidad, yo creo que lo que existe es falta de conocimiento de la realidad de las autodefensas, de las regiones en las que hacemos presencia.

--¿No creen que la incredulidad tiene que ver con los secretos que se intuye hay en todo este proceso, y a la cercanía territorial del Presidente con ustedes?

--Yo creo que nada tiene que ver con que un presidente tenga propiedades en zonas de influencia de las autodefensas. El Presidente no es simpatizante ni de unos, ni de otros. El Presidente tiene un compromiso con el país y lo está asumiendo.

--Otro punto de duda es que este proceso responde a una especie de chantaje por parte de las autodefensas al Presidente, al Estado, a las FF.MM., que hay algo tapado...

--Esos son argumentos y argucias que utilizan los enemigos del país y de la paz. Los enemigos de buscarle una solución a los conflictos. Otros lo hacen por desconocimiento.

--Hablemos de las tres palabras que parecen ser la salvación de este proceso: Verdad, justicia y reparación. ¿Qué tanta verdad están dispuestos a establecer?

--La que el Congreso y el Gobierno determinen.

--¿Y la reparación?

--Nosotros también somos víctimas de este conflicto. Aceptamos nuestros errores, ya lo hemos dicho, pero el Estado tiene que repararnos a nosotros, a las comunidades y a todo el país, al no haber impedido este conflicto".

Entrevista con Mancuso publicada en El Espectador fin de Semana
http://www.elespectador.com octubre 30 de 2004


La realidad es que hasta los jefes paramilitares han planteado desarrollar sus propios proyectos de cultivos de palma y reforestación, entre otros.

En los Llanos, el Bloque Centauros ha planteado la reincorporación de desmovilizados, desplazados y víctimas de la guerra a un gigantesco macroproyecto de palma africana, y no es un secreto que los hombres de Salvatore Mancuso consideran alternativas similares en Córdoba, Urabá y Magdalena Medio.

Estos temas serán analizados el miércoles 3 de noviembre en la zona de ubicación, en Santa Fe de Ralito (Tierralta, Córdoba), cuando el Alto Comisionado de Paz se reunirá con el estado mayor negociador de las Auc para concretar el esquema que se seguirá para desmovilizar tres mil combatientes de los bloques Bananero, Catatumbo y Suroeste, inicialmente.

Posterior a la definición del cronograma, se realizará en Urabá un trabajo de sensibilización con las comunidades, el viernes 5 de noviembre.

El Tiempo, 31 de octubre. 2004

El gobernador de Antioquia, Aníbal Gaviria Correa, denunció que las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc) están reclutando gente para "aparentar mayor fuerza de la que tienen" en las negociaciones de paz.

...El mandatario Seccional le reiteró al Presidente de la República, Álvaro Uribe Vélez, la denuncia que hizo al alto comisionado de Paz, Luis Carlos Restrepo el viernes anterior, toda vez que esa práctica del grupo ilegal está ocurriendo en zonas donde se alista la desmovilización del bloque Bananero.

"Durante una reunión, los alcaldes del departamento hicieron varias denuncias al comisionado de paz, Luis Carlos Restrepo, en el sentido de que los grupos de autodefensa están reclutando personas en forma acelerada para aparecer en el momento de la desmovilización con un número mayor de efectivos", precisó Gaviria.

El Colombiano. 1 de Noviembre 2004

 
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