El Espinal: entre el atraso, la pobreza y la corrupción

En El Espinal (Tolima), se ha arraigado una élite que sólo ha traído atraso, pobreza y corrupción. Esta situación se ha agravado con la llegada de los mercenarios estadounidenses del Plan Colombia y con sicarios paramilitares.

Esperanza Navarro
Especial para Agencia Prensa Rural
14 de septiembre de 2004

Espinal, Tolima, 9 de agosto de 2004. El presidente Álvaro Uribe Vélez junto al fiscal general de la Nación, Luis Camilo Osorio, del gobernador del departamento del Tolima, Jorge Enrique García Orjuela, y del alcalde del Espinal, Justo Guzmán Olaya, durante el consejo de seguridad en el Espinal, Tolima. Foto: Miguel Ángel Solano - SNE

El Espinal es uno de los municipios del centro del Tolima, ubicado en una de las partes más fértiles del gran valle del río Magdalena. Cuenta con grandes riquezas agrícolas (arroz, algodón, sorgo, entre otros productos), ganadería y una posición geográfica privilegiada (es el punto vial que une las rutas del centro del país hacia el sur, el Pacífico y el suroccidente). Está a tres horas de la capital por la vía Panamericana, comunicando a Neiva e Ibagué con Bogotá. También es un punto cercano al río Magdalena

A pesar de estos privilegios, El Espinal (cuna del himno departamental, el célebre Bunde tolimense) se encuentra en un agudo estado de atraso, pobreza y corrupción. Allí se palpan abiertamente el señalamiento, las prácticas corruptas, el nepotismo, y también el conformismo y el analfabetismo político de sus habitantes. En este municipio, que se ha hecho mayoritariamente conservador a punta de la persecución, la exclusión y la politiquería, una pequeña élite ha sumido al resto de la población en una situación de atraso y abandono absoluto por medio del control económico y del dominio de la alcaldía y los demás puestos públicos.

En El Espinal predomina el atraso, pues no existen obras públicas de importancia, y las que se han iniciado han quedado sin concluir, pues se han robado el dinero para ello. Es célebre el caso del coliseo de deportes, para el cual se destinó una millonaria suma en la década de 1990, que sirvió apenas para sus cimientos, pues la mayor parte del dinero fue robado. Después se volvió a asignar más presupuesto para su conclusión, y luego de algunos avances, se volvió a hurtar este dinero. Y el coliseo está aún sin terminar... Algunos supermercados se han querido instalar en El Espinal, pero la cadena de almacenes YEP, que tiene allí el único almacén del pueblo, han hecho imposible el arribo de competencias, pues han logrado que se impongan trabas y dificultades a otras cadenas. Esta situación hace que, gracias al monopolio, el YEP maneje los precios que quiera.

La juventud no cuenta allí con opciones para pasar su tiempo libre. No hay espacios para el deporte, la recreación y la cultura, como bibliotecas o canchas deportivas. Sólo abundan los billares, las tabernas y los expendios de droga. Hay una tasa de desempleo superior a la nacional y abundan la delincuencia organizada y los indigentes. Aunque exista un número considerable de planteles educativos, la calidad de la educación es lamentable. En los últimos exámenes del Icfes se obtuvieron resultados bajísimos.

Este lamentable panorama ha sido agravado, desde hace unos tres años, con el arribo de los paramilitares, quienes han generalizado la práctica de la "limpieza social", abundando los homicidios sobre indigentes y supuestos delincuentes. Así mismo, han amenazado y atentado contra los desplazados asentados allí, provenientes del sur del Tolima, del Huila, Caquetá y Cauca. Los paramilitares han fortalecido el modelo agrícola latifundista, en detrimento de la comunidad campesina sin tierra, que ha perdido sus parcelas por la pobreza o simplemente por la amenaza de un fusil. Tal es la situación que El Espinal es uno de los municipios con mayor concentración de la tierra en el país.

Por otra parte, la llegada de los paramilitares ha coincidido con el inicio del Plan Colombia, que ha traído para El Espinal la llegada de mercenarios estadounidenses que siembran el terror en los centros de entrenamiento militar, donde se imparte la tortura y la persecución.

Esta situación es permitida (si no promovida) por las autoridades locales, quienes reproducen estas prácticas en contra del bienestar y el progreso de la comunidad. Es necesaria una toma de conciencia por parte de los espinalunos para que cambie esta situación y se desmantelen las trabas puestas por esta minoría que controla todos los niveles de la vida social del municipio. Hay que avanzar hacia la justicia social y la auténtica democracia, y para ello es necesaria una movilización de los sectores populares de El Espinal para evitar seguir siendo engañados por los mismos de siempre, con las mismas promesas de siempre...

Hay que destronar de una vez por todas a los gamonales locales y generar una transformación real de las condiciones de vida de la población. Debemos retomar el coraje de los pijaos y hacerle frente a los enemigos del pueblo. Por la soberanía nacional, exijamos la salida de las tropas gringas. Y por la justicia social, luchemos contra la oligarquía que sólo nos ha traído pobreza y atraso.

 
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