Impresiones del Oriente Antioqueño

Por: Matilde del Mar
Corresponsal en Medellín y Oriente Antioqueño

Hace poco tres compañeros de la Red Europea de Solidaridad con Colombia pasamos cinco semanas en el Oriente Antioqueño, visitando varias veredas de los municipios de Granada y San Luis. La idea de nuestra estancia allí era acompañar a las comunidades campesinas en su vida cotidiana, o sea vivir de cerca sus zozobras e inquietudes, conocer las labores agrícolas y domésticas, compartir ratos de actividades lúdicas, conocer los espacios comunitarios.

La región se caracteriza por su riqueza hídrica, de manera que las plantas hidroeléctricas allí ubicadas generan la tercera parte de toda la energía eléctrica del país. Se caracteriza también por la belleza de su paisaje montañoso y por una gran biodiversidad, las cuales la convierten en una región de gran potencial turístico. La región donde nos movimos se caracteriza también por la hospitalidad de su población. Adonde uno llegue, siempre le ofrecen aguapanela o limonada y siempre hay tiempo para una conversación.

Desafortunadamente, otra de sus características es el conflicto social y armado que se expresa en la presencia de las guerrillas del ELN y de las FARC, del Ejército en el área rural y de la Policía en el área urbana, de los paramilitares; en un constante desplazamiento gota a gota, asesinatos selectivos y arbitrarios, desapariciones forzadas, etc.; y en un bloqueo económico por parte de los militares y paramilitares que se agudiza cada vez más.

La vida cotidiana

Los cultivos de subsistencia y los cultivos de mercado

Los principales cultivos de pancoger son los fríjoles, el maíz, el plátano y la yuca; los cultivos comerciales son la caña de azúcar y el café. En la producción de los cultivos de subsistencia se notan las limitaciones impuestas por el bloqueo, ya que se complica cada vez más entrar insumos agrícolas a las veredas.

El cultivo del café se ve afectado por los bajos precios del mercado mundial y por la abundancia de la broca, una plaga del café que se propaga fácilmente en los cafetales abandonados resultado del desplazamiento forzado de sus dueños.

La transformación de la caña de azúcar en panela es una labor bastante dura y larga. Dos o tres días antes de la molida, los paneleros empiezan a deshojar y cortar la caña, amontonarla y llevarla en mulas a las ramadas. Esas labores se vuelven duras por la pelusa de la caña que pica en todo el cuerpo, y por las pendientes que uno sube y baja constantemente.

El día de la molida - en general muelen un día por semana - se levantan muy temprano en la madrugada, para aprovechar el día y las horas de menos calor. En un día de molida, los paneleros trabajan hasta 18 horas.

La mayoría de las ramadas funcionan con molinos de tracción animal, pero hay algunos también con motor eléctrico o motor de ACPM. Los motores eléctricos presentan la gran desventaja que no funcionan en caso de uno de los frecuentes cortes de electricidad. Los motores de ACPM presentan la dificultad de entrar dicho combustible.

El jugo de la caña es cocido hasta volverse más espeso, bajo las constantes revolturas y decantaciones del hombre encargado de esta labor. Para atizar el fuego y mantener la temperatura del horno se usa la bagaza, o sea lo que queda de la caña después de moler. Una vez alcanzado el grado de espesura deseada, la "miel" es vertida en una batea y removida hasta la consistencia correcta. Entonces el panelero la coge con un recipiente que recoge una libra y coloca la panela en una tabla para que se enfríe y solidifique.

El jugo que queda sucio es convertido en melaza para los animales.

Por lo general, las mujeres no participan en las labores de la molida, sino que les traen las comidas a los hombres.

El precio que pagan los comerciantes a los paneleros está bastante bajo (entre 600 y 800 pesos por par). Además, debido a los retenes militares y paramilitares entre las cabeceras municipales y las veredas, que causan miedo a la gente, resulta cada vez más difícil vender la panela. La nueva modalidad es que también prohíben a los comerciantes volver a las veredas a comprar la panela. Así las cosas, los campesinos temen que es una cuestión de tiempo hasta que ya no podrán vender su único producto comercial.

La situación de guerra se muestra también en el hecho que los paneleros dejan de moler con sólo el rumor de que el Ejército esté cerca. Lo peor es que ese miedo es justificado, ya que hay casos donde soldados bajaron a ramadas y las dañaron o incluso mataron a los hombres que molían. Dejar de moler por más de una semana y tener la caña cortada significa perderla (por el proceso de fermentación del azúcar que empieza) o producir panela de mala calidad y bajo precio.

Los animales

La mayoría de las fincas crían gallinas ponedoras, algunas tienen marranos, y hay algunas pocas con estanques colectivos de peces. Los proyectos colectivos de aves y marranos se acabaron prácticamente con los operativos militares, debido a que los soldados robaron los animales concentrados en un solo galpón colectivo, y como consecuencia los campesinos empezaron a repartir los animales entre las familias integrantes de los proyectos. De esta manera se acaban proyectos colectivos, pero se mantiene la resistencia.

La educación escolar

La educación escolar en la región es difícil y deficiente. Debido a la situación de conflicto armado, los profesores pasan los fines de semana en las cabeceras o en Medellín y por lo general llegan lunes a mediodía y salen jueves o viernes a mediodía. La mayoría de los profesores de primaria vienen del Chocó (porque allá no encuentran trabajo), de una cultura bastante diferente. La mayoría de los niños y niñas muestran problemas de concentración, consecuencia de la situación de guerra de baja intensidad que les toca vivir.

Lo que funciona bien son los comedores escolares donde las cocineras preparan refrigerios y almuerzos balanceados y sabrosos.

A menudo luego de terminar el quinto grado, el último de la primaria, los niños y niñas se quedan en la finca y ayudan en las labores del campo y de la casa. En veredas como Buenos Aires (por el lado de San Luis) o Los Medios (por el lado de Granada) existen colegios que ofrecen hasta noveno grado, para terminar el bachillerato los alumnos tendrían que ir a vivir a las cabeceras municipales. De las veredas pocos jóvenes eligen esa opción.

El servicio de salud

Algunas veredas cuentan con un puesto de salud donde atiende una enfermera que cuando toca, asume la función de médico también. Pero como ellas también participan en las visitas a otras veredas en las "brigadas de salud" del municipio, no pueden atender cada día en los puestos de salud.


Para casos de emergencia se convierte en toda una aventura llevar al enfermo a la cabecera municipal. Si no cae en los dos días que llega la "escalera" (el transporte público), tiene que ser llevado en mula o caballo o cargado entre varios hombres.

La comunicación

Las veredas no cuentan con un servicio de teléfono. En la región donde nos movimos sólo hay dos puntos con cobertura para celular, uno de los cuales está ocupado casi permanentemente por el Ejército. Además, es casi imposible tener un celular porque despierta las sospechas tanto de la guerrilla de ser colaborador del Ejército, como igualmente de éste de ser colaborador de la guerrilla.

Las vías de acceso a la región, carreteras destapadas, se hallan en mal estado. Dentro de la zona, para llegar de una vereda a otra, uno se mueve a pie o a loma de mulo o caballo, por trochas de monte y casi siempre subiendo y bajando, subiendo y bajando.

Las mujeres

A cargo de las mujeres están las labores de casa y familia, además de criar gallinas, ordeñar vacas, cultivar algunas hortalizas, seleccionar los granos de café y preparar las comidas para los jornaleros o demás hombres que ayudan en la molida o en la recogida del café. Cuando no hay electricidad (lo cual pasa frecuentemente) les toca cocinar con leña - en una región que produce la tercera parte de toda la energía eléctrica el país. En muchas fincas son ellas las que van a las cabeceras municipales a mercar, puesto que los hombres ya no van por el miedo a los retenes militares y paramilitares. Pero a pesar de la importancia del trabajo de las mujeres, sus esposos casi nunca lo reconocen.

En las veredas, las reuniones de la Legión de María, reuniones para rezar el rosario, a menudo son el único espacio que tienen las mujeres para estar juntas. Además reina el machismo. Hay campesinos que no permiten a sus esposas ir a los bailes cuando hay fiestas de integración (para que no bailen con otro hombre), no las dejan participar en los juegos de baloncesto o microfútbol, ni en los pocos talleres que se dan en algunas veredas de vez en cuando (porque tienen que cuidar la finca y los niños), ni en la toma de decisiones, ni discuten con ellas lo que está pasando en la región. En consecuencia, por no disponer ni de suficientes elementos para entender bien la coyuntura ni de un intercambio de ideas, las mujeres sienten más desasosiego y miedo frente al conflicto armado que les toca vivir.

La vida comunitaria

La Junta de Acción Comunal

A nivel organizativo de las comunidades juegan un papel importante las Juntas de Acción Comunal, sobre todo como espacio de reunión de la comunidad y de discusión y toma de decisiones sobre asuntos prácticos. A la vez, las JAC en algunas veredas lograron crear un fuerte sentido de identidad y pertenencia; tanto así que campesinos que por razones de seguridad tenían que desplazarse de su finca a otra más alejada y en otra vereda siguen participando activamente en la JAC de su vereda original.

Pero en la relación con Isagén, una de las generadoras de energía más grandes del país y propietaria de tres centrales hidroeléctricas en la región, las JAC no pintan nada; no son tomadas en cuenta ni en la discusión del modelo de desarrollo para la región y sus habitantes, ni mucho menos en el proceso de tomar decisiones al respecto, que es justo donde deberían jugar el papel principal.

Para mejorar su imagen frente a las comunidades, Isagén financia pequeños proyectos agropecuarios. Los proyectos en sí sirven porque les permiten a los campesinos mejorar su subsistencia; sin embargo a través de ellos la generadora de energía invade sus espacios: en la pared de la finca, el calendario de Isagén; para trabajar el campo, la cachucha de Isagén; para ir a la escuela, el cuaderno de Isagén; para primeros auxilios, el botiquín de Isagén; para vender los productos a consumidores de estrato 5 y 6, la "feria campesina" en el barrio más elegante de Medellín organizada por Isagén; etc. Todo eso con la intención de generar identidad con Isagén y evitar que surjan reivindicaciones de una participación real, tanto política como económica, por parte de los habitantes de la región.

Las fiestas de integración

Con ocasión del día del Santo o de la Virgen de la vereda, del Día del Campesino, etc. se organizan fiestas de integración, a las cuales se invita a las veredas vecinas. Se organizan torneos de baloncesto o microfútbol para los jóvenes y adultos, y juegos para los niños; se mata un marrano y se prepara el sancocho; cuando hay electricidad y el Ejército no está cerca hay baile, pero la parte más importante es la misa. Como la población del Oriente es muy católica y como a la mayoría de las veredas el cura o el párroco llegan con poca frecuencia, mucha gente aprovecha para confesarse. Esa religiosidad crea coherencia en la comunidad y les da cierto consuelo en situaciones difíciles, pero a veces roza el fatalismo.

Las fiestas de integración son muy importantes como espacio de diversión, de olvidar unas horas la zozobra, de compartir con los vecinos, de reforzar los ánimos.

El conflicto armado

En otras ocasiones he enviado denuncias sobre los acontecimientos violentos ocurridos a causa del conflicto armado que se vive en la región. Pero es una cosa escuchar las denuncias y reproducirlas, y otra cosa compartir la zozobra y la tensión que hacen parte de la cotidianidad de las comunidades campesinas.

Se nota el miedo al Ejército y a los paramilitares, al igual que el miedo a denunciar los atropellos, común en todas las comunidades. Y después de escuchar de los mismos atropellos cometidos por el Ejército en todos los sitios - campesinos asesinados que luego son presentados como guerrilleros muertos en combate, campesinos desaparecidos en retenes militares y paramilitares que luego aparecen muertos, amenazas directas, comentarios como: "y si ustedes están aquí todavía, es porque son colaboradores de la guerrilla", maltratos verbales y físicos en retenes y durante retenciones, alusiones a violaciones, robos y vandalismo en las fincas - queda claro que no son casos aislados, sino que ese actuar del Ejército es sistemático y hace parte de la estrategia de desplazar a los campesinos de la región con el fin de reforestarla para las hidroeléctricas y lo que quedará convertirlo en fincas de recreo. Frente a tanta arbitrariedad ya no vale "quien nada debe, nada teme".

Otra expresión de la guerra de baja intensidad son los ametrallamientos y bombardeos arbitrarios desde helicópteros, a una altura que sería pura casualidad si realmente dieran con un blanco definido; pero logran angustiar bastante a la gente, y en especial a los niños.

Para las incursiones en las veredas, el Ejército cambió de táctica, lo cual causa más zozobra entre la población. Ya no entran en un operativo grande, sino que se mantienen permanentemente en la región y operan en grupos pequeños, mucho más flexibles y móviles, y ya no solamente en los filos como antes, sino que bajan hasta las quebradas y se riegan por la zona.

Por parte de la guerrilla, lo que más teme la gente son las minas antipersonales colocadas a los lados de las trochas y otros lugares por donde posiblemente pase el Ejército. Realmente causan muertos y heridos entre los soldados, pero a veces entre los campesinos también.

En ese contexto, los rumores juegan un papel preocupante. Como muchas veces no se sabe exactamente por dónde se mueven los soldados, los rumores los ven en diferentes partes a la vez y con eso ya es suficiente para que los campesinos dejen de moler, dejen de ir a reuniones, dejen de moverse.

Otro tipo de rumores va en pareja con los señalamientos, a veces totalmente arbitrarios. Los campesinos son señalados por el Ejército de ser colaboradores de la guerrilla, y en una región con presencia guerrillera es cierto que a veces llegan guerrilleros a la finca y piden agua o comida. Pero la presunta "colaboración" no va más allá de eso. Sin embargo, cuando un guerrillero o un miliciano se "voltea", o sea cambia de bando y colabora con los militares o los paramilitares, tiene que mostrar resultados y señala a cualquiera quien le haya "colaborado" de esa manera.

A veces los rumores señalan a alguien de colaborar con los paramilitares o el Ejército, de ser "sapo". Si es verdad o si no se aclara bien, puede provocar un ajusticiamiento por parte de la guerrilla.

El bloqueo económico y los retenes en los caminos entre las veredas y las cabeceras municipales -a veces con soldados, a veces con paramilitares, a veces con los dos grupos juntos, a veces con encapuchados- constituyen otra fuente de inquietud para la población. Como la mayoría de los hombres ya no se atreven a ir a mercar o a vender la panela o el café, en las "escaleras" la mayoría de los viajeros son mujeres, ancianos y niños. Aparte de las restricciones respecto a la cantidad de los mercados y los productos "permitidos", está el miedo de que bajan a uno de la "escalera", lo desaparecen en el camino o lo asesinan de una, como ha ocurrido en muchas ocasiones. Y el tiempo que llevan ya ha convertido en parte de la realidad cotidiana el bloqueo, los retenes y el miedo a éstos.

Pero el bloqueo se está agudizando. La última innovación es que los paramilitares exigen a algunas mujeres llevar a sus esposos, de lo contrario no podrían volver a mercar. Hay el caso de una señora que lo hizo - y desaparecieron a los dos juntos.

A consecuencia de toda esa situación, muchas familias optaron por irse de la región, dejar atrás su finca, su historia y sus raíces. En Medellín, Cali y Barranquilla existen verdaderas colonias de desplazados del Oriente Antioqueño. Otras familias querían marcharse, pero o no tienen adonde llegar o no tienen los medios y se resignan a seguir viviendo en la región.

De los que se marchan se sabe que algunos piden "permiso" a los paramilitares ubicados en las cabeceras municipales y que ese "permiso" no es gratuito, o sea que tiene el costo de delatar a un presunto colaborador de la guerrilla. Otros salen por trochas, para evitar esa negociación con los paramilitares.

De los campesinos que piensan regresar algún día, algunos hablan con la guerrilla antes de salir, con el fin de para cuando regresen, evitar sospechas de haber colaborado con el Ejército.

Pero hay otras familias, con un profundo arraigo a su terruño, que resisten. Unas optan por quedarse en sus fincas, pase lo que pase; otras dejan sus fincas cuando está por llegar el Ejército, se esconden en el monte o en los cañaduzales, y vuelven cuando los soldados se hayan marchado; otras se mueven a fincas más alejadas o ubicadas en otras veredas - como hay tantas fincas abandonadas es fácil encontrar una para seguir labrando-, pero no salen de la región; otras continúan en lo posible con proyectos agrícolas colectivos de cultivos de subsistencia y cría de animales.

Son estas familias las que necesitan apoyo y acompañamiento político y físico en el camino hacia la construcción de un modelo de desarrollo diferente, de acorde a las proyecciones y necesidades de la población del Oriente Antioqueño.

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