Las ceremonias del poder en Colombia

por Alberto Pinzón Sánchez
7 de julio de 2004

Prensa de la dictadura. Ilustración de Matiz para Prensa Rural.

A dos hechos políticos simultáneos, acaecidos en esta semana y bastante resaltados por los medios de comunicacion, como son el agasajo a López Michelsen en el tradicional Hotel Tequendama de Bogotá y el inicio del segundo acto del sainete en la Catedral de la "Free-Zone" (zona libre) de Santafé del Rialito, no se les ha tratado de encontrar una relación política que explique la concatenación que tiene la ceremonia social de la transferencia definitiva del poder de dominación, de una fracción de la clase gobernante que jugó el papel principal desde cuando en 1910 el abuelo fundó en Honda el Banco López, a la fraccion de la misma llamada narco-paramilitarismo, que ha emergido sobre el capital amasado o acumulado con "sangre y lodo" durante los últimos 30 años.

Por allá por los años 70 era muy común ridiculizar desde las columnas del periódico del actual vicepresidente, El Tiempo, a la clase emergente, a los lobos, como los zahería en su postre de ñatas Daniel Samper Pizano, quienes ya empezaban a acumular capitales junto con poder provinciano, a partir de las bonanzas de la marihuana y de la cocaína y, por ende, a tratar de ocupar, así fuera tímidamente, un lugar en la vida política del país desde la capital Bogotá.

Ya casi nadie se acuerda de ese bodrio de "La Mala Yerba" del periodista romosinuano Gossaín, que incluso se llevó a la televisión. Ni de cómo, sutilmente, estos capitales fueron utilizando a "hijos de prestigiosas familias del Chicó venidas a menos" para montar algunas empresas financieras como la del águila Michelsen y llegar a la bolsa de valores de la capital, porque algunos años después, como le pasó al nieto del distinguido don German Zea, serían repudiados como "testaferros". Era la época en que la lechera iba cantando hacia la plaza de mercado haciendo cuentas alegres con los dineros de estas bonanzas.

¿Quién de los asistentes al aquelarre gerontofílico de López Michelsen se acuerda, no ya de la remota Handel o de la hacienda La Libertad, sino de la ventanilla siniestra para captar oficialmente esas "platicas sueltas", creada durante su gobierno del Mandato Caro?

¿Se acordaron los dirigentes que dicen llamarse de "izquierda", a la hora de quitarse el sombrero y brindar eufóricamente por el geronte, de los más de dos mil trabajadores y líderes cívicos y populares muertos y desaparecidos que dejó en el país la represión a sangre y fuego que hizo el Ejército del paro cívico nacional en 1977, y cuyo comandante supremo que ordenó la matazón era el presidente López Michelsen?

Después vino Turbay Ayala con su estatuto de seguridad nacional, que no fue capaz de disfrazar de democrático, y la creación durante su gobierno, en 1979, de los primeros grupos paramilitares en Puerto Boyacá. Santofimio Botero y Samper Pizano, nombrados jefes del debate de la reelección de López Michelsen, hacen la campaña en los helicópteros de Pablito Escobar. ¿Quién se acuerda? Pero gana Belisario con su burla de la lechera que sólo ha favorecido a unos cuantos. Entonces el derrotado en las urnas le hace con toda seriedad al Presidente la propuesta del Hotel Hilton de Panamá, de pagar con todo el dinero de los narcos la deuda externa total del país. La embajada americana no se pronuncia, pero López Michelsen, años después, por esta razón por poco se queda en una carcel de Miami. ¿Quién se acordó en los discursos de estos dos destacadísimos hechos periodísticos?

Los capos siguen avanzando política y económicamente haciendo inversiones en financieras, campañas políticas, barriadas y fincas: los de Medellín liderados por Escobar en cuyas filas de sicarios estaba Carlos Castaño, los de Cali por los Orejuela, los del centro del pais por Gacha que se apodera de las minas de esmeraldas y de Carranza. En Pereira, Lehder hace inversiones en iglesias y hoteles que el crisóstomo (boca de fuego) monseñor Darío Castrillón, quien hoy habla a nombre del santo Papa de Roma, bendice con toda solemnidad. Y según el libro autobiográfico "Mi confesión", monseñor Duarte Cancino se convierte en el asesor espiritual de Carlos Castaño. ¿Por qué los callaron a ambos cuando cada uno iba a comenzar a hablar?

El narco-paramilitarismo, con la complicidad de las "autoridades democráticas", como hoy las llama el sr embajador de EU, Mr Wood, sigue su expansión incontenible conformando poderes económicos, militares y religiosos en muchas regiones. Como una mancha de aceite y sangre que va dejando la motosierra de Castaño y el taladro de Giraldo, son limpiadas de dos millones de colonos, cuatro millones de hectáreas de las mejores y más productivas tierras del país, para apoderarse de ellas y convertirlas en gigantescos hatos ganaderos, no sin antes haber puesto bajo su férreo control el sistema financiero colombiano.

Luis Carlos Galán y sus amigos que denuncian este avance, también son callados para siempre. Su esposa sabe de cuál campaña politica derrotada por el joven dirigente salió la orden de silenciarlo y lo ha sugerido, pero no tiene la prueba física, o no se atreve a decir más.

¿Dónde estan las pruebas y quién se acuerda de ella a la hora de beber champaña?

Sobre el cadáver de Galán, López Michelsen propone inmediatamente a su pupilo César Gaviria para reemplazarlo en su camino a la Presidencia. Este manzanillo parroquial con funciones presidenciales (como lo calificó Antonio Navarro), una vez triunfante sobre el prestigio del asesinado, monta todo el carnaval financiero de su apertura económica y el lavado de las fortunas que ya eran hechos cumplidos. Ataca Casa Verde y liquida cualquier posibilidad de encontrar una salida política al conflicto social armado colombiano, y por el contrario, da rienda suelta a la guerra contrainsurgente del militarismo, que dura hasta hoy. Como premio y una vez concluido su periodo, es llevado a la direción de la OEA en Washington.

Otro pupilo emergente, llamado Álvaro Uribe Vélez, senador surgido de la entraña de este poder que viene irremediablemente asendiendo en Antioquia, lidera la propuesta neoliberal del presidente Gaviria y logra hacer aprobar la Ley 100 de 1993, que privatiza y entrega al sistema financiero el sistema público de salud. Poco después es elegido gobernador de su departamento, el cual entrega cuatro años más tarde incendiado por las Convivir paramilitares legalizadas. Entonces, sale a ser entrenado teóricamente en Seguridad Nacional en Inglaterra, de donde regresa elegido por los medios de comunicación bajo su control, a extender a nivel de todo el país la experiencia de la legalización de las Convivir, que es el requisito esencial, y sin el cual la fracción que se aglutinó a su alrededor, no puede quedarse con el control absoluto del aparato estatal. Y eso es presisamente lo que se está haciendo hoy, en las sabanas romosinuanas del Rialito.

Por esta razón, cuando en la ceremonia el geronte con su voz cascada de mascachochas, le hace con el agrio humor cachaco algún sarcasmo recriminatorio, Uribe Vélez a su lado lo mira con ojos resbalosos y le sonríe bondadoso. Sabe que la entrega y el traspaso del poder ya es otro hecho cumplido y que, al fin, Mancuso y todos sus compinches de la fracción narco-paramilitar de la oligarquía, podrán contar "legalmente con un movimiento de masas" cohesionado en la doctrina social del Opus Dei, que le dará por mucho tiempo todo el poder político y económico en Colombia, muy a pesar de los retóricos pronunciamientos de Koffi Annan y el "apoyo escéptico" de Mr Wood.

 
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