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Represión y muerte en Cundinamarca La desmovilización de los paramilitares al mando del jefe paramilitar 'El Águila', es la culminación del proceso de represión y guerra sucia en el departamento de Cundinamarca, que en los últimos dos años (bajo gobierno de AUV) deja decenas de muertes, desplazamiento y terror en esta zona del centro del país. por Camilo Rueda Navarro
Desde el inicio de la política de "seguridad democrática", el departamento de Cundinamarca, en el centro del país, fue uno más de los escenarios de guerra a muerte de las Fuerzas Militares y su complemento: el paramilitarismo. Con el propósito de combatir a los frentes 22 y 42 de las FARC, las tropas gubernamentales de la Brigada 13 lanzaron la operación Libertad Uno, complementada con una ofensiva paramilitar a lo largo del occidente de Cundinamarca, entre el Distrito Capital y la ribera del río Magdalena. Con Libertad Uno, el Gobierno ha mostrado claramente la estrategia de posicionamiento del paramilitarismo en las operaciones contrainsurgentes, pues este operativo es presentado como el experimento de la política de "seguridad democrática" que ha servido de prototipo para el Plan Patriota. Por ello, los colombianos deben entender entonces que la estrategia es la de paramilitarizar al país. Comerciantes de Silvania, Fusagasugá y La Mesa han sido obligados a pagar cuotas a los paramilitares, bajo la amenaza de la muerte o el destierro. Todo este territorio ha sido víctima de las incursiones paramilitares del Bloque Centauros, el Bloque Casanare, el Bloque Tolima y los paramilitares de 'El Águila'. Especial atención merece el caso de Viotá, población que ha sido víctima de un absoluto bloqueo (para)militar. Con el arribo de paramilitares de Casanare a Viotá, empezaron a rondar listas de muerte. "No es persona grata en esta región. Tiene 24 horas para irse", se lee en panfletos difundidos por los paras. Allí, las amenazas se han dirigido contra líderes campesinos y comunales, y simpatizantes del Partido Comunista, como ocurrió a principios de 2004 con Benedicto Caballero, dirigente cooperativo asesinado en una vereda de Mesitas del Colegio por cuatro sicarios. En sitios turísticos como La Mesa, Apulo, Girardot y Boquerón, sicarios del Bloque Centauros "veranean" bajo la completa complicidad de las autoridades locales. Se afirma que ya han adquirido propiedades como centros nocturnos y residencias vacacionales, que sirven de fachada a sus acciones. En Pandi, en el mes de enero fueron relevados varios policías de la estación por su presunta connivencia con paramilitares. Así mismo, las capturas de varios de ellos no van más allá de un día de cárcel, pues inmediatamente son puestos en libertad. Hoy en día son tres focos con fuerte presencia paramilitar: Yacopí, Silvania y Girardot. Por su parte, en el Sumapaz y el suroriente de Cundinamarca, se lanzó una arremetida militar sin precedentes con cuatro batallones de contraguerrilla y de alta montaña, siendo ejecutada la primera fase de "pacificación" en esta zona. Allí, donde hacen presencia los frentes 53 y 54 de las FARC, ya se empiezan a sentir los rigores de la guerra. Con la complicidad de los medios, se trata de esconder cómo el paramilitarismo es pieza fundamental en la política de seguridad democrática de AUV. Y así como en muchas otras regiones, la población campesina ha sido la más golpeada. Con el arribo de las tropas, llegan la represión y la muerte. De esta forma, el ejército colombiano está convirtiéndose a sí mismo, frente a los ojos de la gente, en el enemigo del pueblo a imagen y semejanza. |