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Líbano
Los guerrilleros del Partido de Dios
César Jerez / Martes 1ro de agosto de 2006
 

Las bombas caen durante semanas sobre Beirut, Tiro, Qana, sobre todo el Líbano destrozando cuerpos infantiles. Las imágenes de la masacre saturan los periódicos y las pantallas, pocos son los que se atreven apenas a decir algo, a emitir la condena. Los negocios de los untados hasta el cuello con la guerra y las ventas de armas valen más que las pequeñas vidas inocentes. Esta vez, otra vez, no se habla de derechos humanos, de crímenes de guerra, de convenciones ni de protocolos, eso es para los terroristas. El mundo atemorizado e idiotizado por el imperio judeocristiano asiste a la carnicería combinándola con "realities", promociones de verano y culebrones.

En San Petersburgo, como llaman ahora a Leningrado, durante la reciente reunión del G-8, el emperador ha hablado en voz baja con su compinche anglosajón, los micrófonos abiertos han puesto en evidencia el trasfondo de las bombas: presionar a Siria, buscar un conflicto regional vinculando a Irán, sería la ocasión ideal para intervenir directamente.

En Europa occidental los medios de comunicación, las nuevas cruzadas del capital, tratan de aislar la lucha de Hizbulá y Hamas haciéndolos ver como los responsables islámicos de la barbarie. La cosa ha funcionado: la mayoría de la opinión pública israelí apoya la matanza, en Occidente sólo Chirac y Zapatero han emitido tibios reproches a Israel. Los europeos todavía se encuentran entre la digestión de los inesperados resultados del mundial de fútbol y los preparativos del consumo veraniego fuera del agobiante calor de las ciudades. Una guerra en plenas vacaciones. Han sido hasta ahora pocas las marchas y manifestaciones contra Israel.

La violencia política de Hizbulá es como todas las violencias, hija de otra violencia mayor. En 1982 los hebreos invadían el Líbano con el fin de eliminar a los guerrilleros palestinos establecidos en el sur del país y sacar a la OLP de Beirut. Los chiítas libaneses organizaron entonces el Hizbulá, que significa "Partido de Dios", para luchar contra el invasor. En el año 2000, después de 22 años, los israelitas tuvieron que abandonar el Líbano como resultado de la lucha de guerrillas desencadenada por Hizbulá, que había convertido esa guerra en una verdadera pesadilla para el ejército y el estado judío, el llamado laberinto libanés, el pequeño Vietnam de Israel.

La derrota israelí en el Líbano consolidó a Hizbulá convirtiéndose en partido político mediante la Yihad al Bina (campaña de reconstrucción). Actualmente cuenta con 23 de 128 escaños en el parlamento libanés y dos ministros en el gobierno.

Pero Hizbulá es más que un aparato electoral, es una organización política que ha logrado convertirse en una red de atención y asistencia social, jugando un importante papel en la última reconstrucción del Líbano. Posee un canal de televisión que no ha parado de emitir, una muy bien entrenada guerrilla que dispone de cohetes tierra - tierra y cuenta con un líder carismático con cara de niño, Nasralá, quien se ha convertido en el pequeño David de los musulmanes y del mundo árabe.

Después de la matanza de Qana, cualquiera que sea el desenlace de la crisis representa ya una derrota para el estado israelí que ha basado en las bombas gringas su operación militar con centenares de víctimas civiles, en su mayoría mujeres y niños.

La prevista entrada de la infantería israelí al sur del Líbano se ha visto agobiada por el accionar guerrillero que ha causado ya más de medio centenar de bajas al ejército israelí. El primer ministro israelí Olmert le ha solicitado permiso a Bush para otras dos semanas de bombardeos, buscando el deseado debilitamiento de Hizbulá.

Conociendo de antaño la belicosidad de su vecino —Israel ha invadido reiteradas veces al Líbano—, Hizbulá se ha preparado durante años para esta guerra, ha construido una red de intrincadas cuevas y refugios subterráneos que hacen inocuo el bombardeo sobre los combatientes. Pese a la propaganda de los medios de comunicación occidentales, que quieren hacer ver a la resistencia como una isla fundamentalista en medio de la sociedad libanesa, es obvia la base social con que cuenta en el Líbano y el mundo árabe.

El Departamento de Estado gringo ha publicitado está nueva invasión como la última etapa violenta pero necesaria antes del establecimiento de la "democracia" en Oriente próximo. Pero los hechos en Iraq, Afganistán, Palestina y Líbano demuestran lo contrario, el ascenso de una resistencia antiimperialista que está lejos de ser derrotada y que representa un desafío y un referente de lucha para los pueblos oprimidos del mundo.