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Paro nacional agrario y popular
29 A: ¡Qué renuncien Santos y sus ineptos ministros!
Horacio Duque Giraldo / Jueves 29 de agosto de 2013
 

Hoy se dará otra oleada de la rebelión popular colombiana contra el neoliberalismo y su régimen oligárquico encabezado por el señor Santos, el Jefe de la Casa de Nariño. Heredero de Uribe Vélez y actor principal, durante los últimos años, de todas las estrategias que tienen en la ruina y desesperación a millones de colombianos. Fue el artífice de la invasión a Ecuador para acribillar a Raúl Reyes y sus compañeros y el patrocinador de miles de “falsos positivos”, como Ministro de Defensa de la Seguridad Democrática. Sus Locomotoras minera y agro industrial solo han servido para profundizar la debacle de la República.

En Bogotá, frente a los Ministerios de Agricultura y de Salud, se concentraran miles de personas para expresar su repudio a esas instituciones y sus políticas absurdas.

Lo que ocurrirá hoy 29 de agosto es una síntesis parcial del potente movimiento popular desplegado en los últimos 11 días por el campesinado.

La revuelta de agricultores, colonos, campesinos pobres, mineros, camioneros y población en general, ha configurado un campo de conflicto de enorme alcance y puesto en evidencia una crisis orgánica del Estado y el régimen político imperante desde hace muchos años. Cuando acudimos a estas categorías para interpretar los sucesos en curso, lo que estamos planteando es un nuevo andamiaje conceptual, el cual nos parece más pertinente para abordar el contexto de transformaciones.

Identificamos la categoría de conflicto –campo de conflictividad– como central para la reconstrucción del proceso en desarrollo, ya que permite no sólo la constitución y visibilización de los actores estratégicos, sus luchas y discursos, sino también las contradicciones y fracturas sociales, así como la dinámica de la lucha por las libertades políticas y democráticas.

El campo de conflicto estructurado a lo largo de los últimos días ha dado lugar a la emergencia de nuevos sujetos sociales, discursos y representaciones simbólicas en la disputa por el poder.

Más importante, el campo de conflicto permite discernir, en la coyuntura, entre los conflictos de carácter estructural o hegemónico que implican situaciones de crisis estatal y conllevan la posibilidad de una transformación de las relaciones, de aquellos corporativos o meramente coyunturales cuyo impacto y alcances son limitados y no afectan a la estructura del poder. En segundo lugar, el campo de conflicto constituye sujetos en episodios de conflictividad los sujetos se agregan, articulan, construyen discursos, pueden cambiar la cualidad y el alcance de la acción colectiva, en tanto que en situaciones históricas en que no existe conflictividad o ésta se reduce a cuestiones puntuales, los sujetos colectivos tienden a inhibirse e incluso a desaparecer. Ello permite abordar a los movimientos en su multiplicidad y variabilidad, en sus desplazamientos entre los diversos ámbitos del sistema y del campo político; así su identidad no es una esencia sino el resultado de “intercambios, negociaciones, decisiones y conflictos entre diversos actores.

Conformado dicho campo de conflicto con dimensiones estructurales y hegemónicas, es evidente que estamos colocados hoy (2013) delante de una crisis orgánica del Estado y el régimen de poder dominante. Se trata de esos momentos históricos en que a las fuerzas dominantes se le fracturan las relaciones entre la sociedad y el Estado, entre la economía y la política, y no pueden ejercer su dirección del modo habitual.

El colapso del Estado está presente porque la insurgencia popular es incontenible, a diferencia de otros momentos de la historia nacional.

Lo lógico no es contemporizar ni admitir la gubernatura instalada en cabeza del señor Santos. Lo lógico es que ocurra su renuncia y la de sus ineptos ministros.

Lo lógico es que se abra paso un gobierno progresista y popular que corresponda a las nuevas fuerzas sociales estructuradas en la movilización desarrollada.

Así ocurrió en Argentina en el 2001 cuando cayeron en 5 días 4 presidentes; en Bolivia, en el 2006, después de la huida a USA de Sánchez de Lozada y en otros lugares donde ha ocurrido la disgregación incontenible de la vieja institucionalidad oligárquica. No somos la excepción.

¡Que renuncie Santos a la presidencia es la consigna que ya se escucha de manera generalizada!

La Ceja, 29 de agosto de 2013.