Sindicato de Trabajadores Agrarios del Sumapaz
:: Distrito Capital, Colombia ::
Loading
Mapa del sitio
Suscríbete a servicioprensarural

Páramo de Sumapaz, afectado por sobrepastoreo, talas de frailejón y cultivos de papa
Javier Silva Herrera / Jueves 5 de junio de 2008
 
JPEG - 39.3 KB
Foto: Javier Silva/El Tiempo

Con 250 mil hectáreas, el páramo es una de las principales fábricas de agua de Colombia y de América.

Allí no sólo se forman los ríos Sumapaz y Cuja, que abastecen de agua a diez municipios de Cundinamarca y Tolima, entre ellos Melgar y Carmen de Apicalá. También nacen caudales como el Meta, el Ariari y el Guayabero (afluentes del río Orinoco), unas 20 lagunas y la cuenca del río Tunjuelo, de la que toman el agua dos millones de personas de cinco localidades de Bogotá.

Todos estos recursos, de los cuales 212 mil hectáreas son un parque nacional natural que toca terrenos de Colombia (Huila) y de Cubarral, Acacías y La Uribe (Meta), están en riesgo.

Según la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR), la autoridad ambiental del lugar, e integrantes del Sindicato de Trabajadores Agrarios del Sumapaz, cerca de 20 mil hectáreas de terrenos del páramo han sido arrasados por la agricultura, responsabilidad que comparten labriegos de Junín, Gutiérrez, Venecia, Pasca, Cabrera y San Bernardo (Cundinamarca).

Las autoridades ambientales han comprobado la destrucción de hasta mil hectáreas en una sola temporada de dos o tres meses.

La deforestación también incluye la tala de frailejones (que crecen un centímetro al año); la construcción de zanjas para ayudarse con el arado; el uso de fertilizantes que contaminan las fuentes de agua, y las quemas para que los terrenos puedan dar una buena cosecha de arveja o de habas.

Según Magnolia Agudelo Velásquez, alcaldesa de la localidad del Sumapaz, esas prácticas ya fueron restringidas en los terrenos a su cargo y anunció que este año se van a invertir más de mil millones de pesos en reforestación y en capacitación para que se realice una producción limpia o ecológica.

Pero la CAR dice que los incendios y la degradación siguen siendo usuales en Pasca (al que le corresponde la segunda mayor extensión de terrenos sobre el páramo) y en Cabrera, desde donde también se comercializa ilegalmente madera que extraen de los bosques andinos y alto andinos, que hacen parte de la zona de amortiguación.

Los traficantes contribuyen a la destrucción con fogatas mal manejadas que terminan convertidas en incendios forestales. De paso, están a punto de extinguir un árbol simbólico del país llamado el pino colombiano.

Según Hugo Forero, de la fundación Fundepáramos, la costumbre de quemar el suelo es, en su opinión, el principal problema que afronta el Sumapaz.

Además, el páramo también sufre con las visitas de turistas a dos de sus lagunas más famosas: La Negra y La Larga, pero también están afectando el medio ambiente.

“Los profesores de los colegios llevan a sus estudiantes a que supuestamente aprendan a cuidar el medio ambiente, pero terminan pisando el páramo y arrojando toda la basura posible”, dijo una funcionaria de la CAR seccional Fusagasugá.

En Pasca, además de la papa, el páramo se ve asediado por el ganado.

A 3.500 metros de altura, en medio de un viento helado, las vacas se esconden entre las zonas de reserva. No arrasan las plantas pero causan un mal peor: por el pisoteo constante y el peso compactan el suelo, por eso este pierde su condición de esponja para almacenar el agua, su principal virtud.

Cálculos muy optimistas de los alcaldes y jefes de planeación indican que hay 10 mil cabezas de ganado por toda la zona de reserva, entre ellas ovejas que se comen las plantas y arrojan sus desperdicios a las fuentes hídricas.

Pero todo esto se concentra en medio de un problema mayor: la pobreza. En el Sumapaz hay pocas oportunidades de empleo y no hay alternativas productivas para su gente, mientras la frontera agrícola y ganadera se sigue ampliando.

Nacianceno González, un campesino de 75 años, resume todo ese problema con una frase: “Muchos no pueden dejar de sembrar o de tener su vaquita, porque la gente o come o respeta el medio ambiente”.

Un día para pedir por un mundo sin carbono

“¡Deja el hábito! Por una economía baja en carbono”, es el eslogan del Día Mundial del Medio Ambiente, que se celebra hoy y cuyos festejos tienen su epicentro este año en Wellington (Nueva Zelanda), donde está programada una fiesta ambiental y una jornada de siembra de árboles nativos.

Sin embargo, como cada 5 de junio desde 1972, el resto del planeta se alinea con la causa ambiental. Las celebraciones se centrarán en el cambio climático y la necesidad de eliminar el uso del carbón de las economías actuales.

La iniciativa pretende llamar la atención sobre formas más limpias de generación de energía y mantenimiento de los sistemas de transporte, así como el papel de los bosques contra los gases de efecto invernadero.

En el país, el Ministerio de Medio Ambiente aprovechará la fecha para lanzar la publicación “Ecosistemas continentales, costeros y marinos de Colombia”, una base de datos geográficos que tiene zonificación climática y geomorfología.

Además, la agencia conservacionista WWF, en asocio con la Unión Mundial para la Naturaleza, presentará la plataforma www.connect2earth.org, a través de la cual los jóvenes podrán compartir ideas y soluciones a dificultades ambientales.

Denuncian daños de militares

En los alrededores del páramo viven unas 1.200 familias, quienes resistieron durante años la influencia de las FARC, que usaron la zona para mover secuestrados, armas y drogas. Las cosas cambiaron hace ocho años cuando la región se convirtió en Centro de Operaciones Militares y los subversivos se replegaron. Ahora es vigilada por soldados de la 13a. Brigada.

Pero esta es para muchos otra de las dificultades del lugar. Por cada cuatro soldados, según la Asociación de Juntas de Acción Comunal del Sumapaz, se tumban 20 frailejones para usar sus hojas como camas o cobijas.

Además, denuncian que las 28 cuencas y subcuencas hidrográficas que se desprenden del páramo, han sido en algún momento contaminadas por heces, baterías de radios de comunicaciones, comida, plásticos y armamento.

La CAR ha comprobado que los militares han utilizado las bocatomas de acueductos veredales para bañarse o hacer sus necesidades fisiológicas. “Hay 14 acueductos en las zonas más altas. De ellos sólo usamos cuatro por temor a la contaminación”, explicó Alfredo Díaz, presidente de la Asociación de Juntas.

La única instalación que tiene planta de tratamiento es la base del batallón de alta montaña “General Antonio Arredondo”, en Cabrera.

El coronel José Rafael Caicedo, comandante del comando operativo del Sumapaz -que incluye al Batallón de Alta Montaña- desmintió los daños. Dijo que hay muchas organizaciones no gubernamentales que actúan como fachada de las FARC y que quieren desprestigiar a los militares.