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Género: perspectiva desde la identidad indígena
Luis Alejandro Delgado Restrepo / Viernes 7 de diciembre de 2007
 

La mujer en las distintas culturas y en distintas partes de la historia, si no en todas, ha sido protagonista de transformaciones en la sociedad, es coprotagonista al lado del hombre. Sin embargo, el papel femenino no ha sido lo suficientemente reconocido. Actualmente, el tema de género, que no refiere única y exclusivamente al tema de los sexos biológicos como se ha querido mostrar -refiere también a unos roles, a una identidad, a unos comportamientos, a una forma de ser- ha ido ganando espacio en distintos escenarios y en distintos niveles de la sociedad que ha permitido que cada vez se trabaje más en la búsqueda de la equidad de género.

La mujer indígena no ha estado exenta a la lucha que libran los pueblos ancestrales desde hace más de 500 años. La resistencia de los pueblos indígenas se ha visto acompañada por la presencia femenina, esto les ha permitido abrirse espacio -a ellas- en distintos escenarios y buscar mayor protagonismo en los diversos espacios de decisión y de organización.

En el año de 1927, se escribió un documento titulado el derecho de la mujer indígena de Colombia [1], en el cual las mujeres indígenas conocedoras de la situación de sometimiento en la cual se encontraban junto a sus compañeros, deciden comunicar a la opinión pública su posición al respecto. Dicho documento, firmado por 14 mil mujeres indígenas, da cuenta de la preocupación que se tiene por la difícil situación de los pueblos ancestrales, además de exigir justicia por todos los actos cometidos en contra de su cultura y de su población. Este documento permite inferir que la mujer indígena no desconoce su situación ni la de sus hijos, compañeros y demás personas de su comunidad. Este aporte hecho ya hace 80 años, es una muestra del protagonismo de la mujer indígena en defensa de su cultura, identidad y territorio.

Actualmente se están dando debates alrededor del tema de género en las organizaciones que agrupan a los pueblos indígenas, pues, como bien lo señalan, “el término género ya no resulta extraño al interior de la mayoría de las comunidades indígenas, ya sea porque fue impuesto o porque ha sido apropiado conscientemente; son muchas las comunidades que han asumido este término, en la mayoría de los casos para referirse al tema de mujeres” [2]. La importancia de la mujer para la organización, la resistencia y la supervivencia como pueblo es fundamental: sin las mujeres no es posible continuar por el trasegar de la historia. Sin embargo, es importante señalar que no se puede hablar de género desde la cultura indígena sin hacer unas aproximaciones al tema de la identidad, pues desde esta se desprenden otros elementos que permiten acercarse más a la mujer indígena.

Identidad indígena

La identidad se puede entender como la esencia, lo fundamental de cada ser humano, sea hombre o mujer o de cada pueblo; es algo a lo cual no se renuncia de manera fácil, pues está enquistado en el ser, esta acompaña toda la vida. La identidad no se tranza, no se deja, se lleva hasta los últimos días de la vida, por más que sea violentada de distintas formas. La cosmovisión indígena tiene como uno de sus pilares la identidad [3]. Es importante conocer algunos elementos que concibe esta, pues partiendo de esta se trabaja el tema de género:

La relación del todo con el todo es uno de los fundamentos de la cosmovisión andina: no se puede dividir la realidad, existe una estrecha relación causa-efecto que teje un entramado de relaciones en las que intervienen todas las fuerzas y seres que habitan el territorio.

Complementariedad, entendida como la ayuda mutua, la igualdad, el respeto “que todos se levanten, que nadie se quede atrás”, que reconoce las diferencias, incluso opuestas pero siempre en relación e interdependientes que armonizan el todo: arriba-abajo, frío-caliente, masculino-femenino, izquierda-derecha, viejo-nuevo. Dentro de la tradición indígena todo tiene sexo, se es masculino o femenino, para cada uno hay asignadas unas características y se actúa de acuerdo a ellas, son necesarios entre sí: la luna (femenina), el sol (masculino), dios madre-dios padre, etc.

Estos “opuestos” se relacionan a partir del principio de la “reciprocidad”, tú me das, yo te doy, doy para recibir, si recibo debo dar…, este principio sugiere la corresponsabilidad que tienen todos los seres entre sí: la tierra me da frutos, yo, ¿qué le doy a la tierra?

A partir de estos principios se regula el sistema de relaciones al interior de cada comunidad para lo cual se acuerdan reglas o normas de convivencia que se originan en la Ley Mayor y que garantizan la convivencia armónica, acuerdos que son fruto de procesos de concertación armónica.

El tema de la identidad refiere al entramado de relaciones entre seres humanos, entre éstos y la naturaleza, entre estos y los demás seres vivos, entre estos y la trascendencia. La identidad tiene que ver con todo, con la realidad. Aclarando la cuestión de la identidad, entendida como la conciben los pueblos indígenas, entraremos más en detalle con el tema de género.

Construcción de género

La cuestión de género ha ido ganando espacio en la agenda de lo indígena. Se podría afirmar que esta categoría es algo nueva, por lo tanto aún existe resistencia en algunas comunidades o personas porque se lo reconoce como un concepto externo, que no ha nacido al interior de las comunidades y del cual no se tiene la certeza de si responde o no a necesidades y aspiraciones de las mismas comunidades [4]. Por eso es importante resaltar el trabajo de reflexión que se viene haciendo en buscar significado a este en la cosmovisión indígena. Este trabajo de discusión, reflexión y análisis ha permitido sacar aportes importantes como entender algunos el género como separatista, que divide la comunidad entre hombres y mujeres, y no reconoce un principio fundante de la cosmovisión como es la unidad en armonía [5]. Por lo tanto, es importante lograr mayores claridades sobre el significado y el uso que puede tener este término una vez se haya instalado en las dinámicas de organización y desarrollo de las comunidades [6].

La identidad de género parte de un proceso de construcción de subjetividades, por lo tanto independiente del sexo biológico. La identidad es una construcción a través del tiempo y depende del contexto en el cual se desarrolla. Desde la perspectiva indígena, las identidades de géneros de construyen a partir de varias situaciones [7]:

- El tema de la etnia, ser parte de un grupo que comparte características raciales y culturales determina una forma de ser y estar en el mundo, de ahí es importante considerar las diferencias étnicas cuando hablamos de las mujeres o de los hombres.

- Otro factor a considerar tiene que ver con el hecho socioeconómico de pertenecer a una clase determinada. Sin duda la experiencia de ser una persona de un estrato socioeconómico bajo, por ejemplo, es diferente a la experiencia de una persona de clase alta. Las personas de las comunidades indígenas comparten en América Latina la experiencia de ser pobres, y si bien la pobreza tiene implicaciones diferenciadas para otro pueblo, igual la tiene para los hombres y para las mujeres.

- Factores como la edad, el credo religioso, el lugar geográfico (urbano-rural) son también determinantes a la hora de configurar las identidades: una mujer niña es diferente a una mujer adulta o la mujer mayor, igual acontece con los varones; la edad marca una diferencia.

Es importante recalcar que la construcción de identidades de género, desde la perspectiva indígena, pasa por ciertas situaciones que atraviesan cada uno y cada una de las sujetas. Son importantes, entre otras, las condiciones donde se habita, ya sea las condiciones materiales, geográficas, etc., los roles que se asumen, las creencias que se aceptan.

Para las comunidades indígenas el tema de género no es nuevo, es más bien la significación de este lo que suena novedoso. Si bien al interior de las comunidades indígenas no se habló en la tradición de género, sí es un hecho que ha existido y son nítidas las diferenciaciones entre lo masculino y lo femenino, están presentes todo el tiempo en una visión de interdependencia, en donde no hay más o menos, diferentes y opuestos pero relacionados entre sí; la historia milenaria se reconoce como una construcción de mujeres y hombres. Sin embargo, los procesos de aculturación instalaron en las comunidades una visión machista que, con contadas excepciones, han provocado una ruptura de las normas de relación y comportamiento basadas en el equilibrio y la armonía, que debilitan el tejido y causan tensiones familiares y comunitarias [8].

Como bien se ha señalado, el proceso de aculturación de los pueblos indígenas, que no ha sido profundo pero sí ha generado otra serie de comportamientos entre los indígenas, ha permitido entre otras cosas el machismo. Esta visión aculturada ha generado una serie de valoraciones que no han permitido un mayor protagonismo de la mujer en algunos escenarios, pues [9]:

- No se reconoce a las mujeres como seres igualmente inteligentes y por tanto creer que ellas están llamadas a obedecer.

- Que los dirigentes deben ser principalmente varones y que son más hábiles para dirigir que las mujeres.

- Que el lugar adecuado para las mujeres es el espacio de lo doméstico y el cuidado de la familia y el del varón el espacio de lo público y lo político.

- Que el trabajo doméstico no vale o tiene menos valor que el trabajo que se realiza en otras esferas de vida comunitaria y productiva.

- Que las mujeres son puro sentimiento y poca racionalidad, por lo tanto no son buenas para gobernar.

A partir de ese reconocimiento hecho por las mujeres indígenas, se pueden recoger las sugerencias para el trabajo de género en las comunidades indígenas hechas por la lideresa ecuatoriana Nina Pacari, quien señala que la lucha de la mujer indígena no debe perder de vista los principios, que no se oponen a la lucha feminista, sino que se caracteriza en su dimensión desde lo indígena, fortalecemos a los pueblos y a la comunidad (…) Los principios de los que hablamos desde las mujeres indígenas son: “dualidad, complementariedad, correspondencia, reciprocidad, proporcionalidad” [10].

Principios que se definen de la siguiente manera: “…la dualidad y la complementariedad. Son dos opuestos, diferentes, el hombre es diferente a la mujer, la mujer es diferente al hombre, pero complementarios, no puede entenderse el uno sin el otro. Los opuestos que siendo diferentes se complementan, no son contradictorios” (…) “la correspondencia es la relación horizontal”, “la reciprocidad es doy en la medida en el que el otro da” “proporcionalidad es el de la justicia” [11].

[1] Las Luchas del indio que bajó de la montaña al valle de la civilización, Manuel Quintín Lame. Editorial Editexto Ltda. Bogotá.

[2] Tomado de: Mujeres indígenas, género y cultura. Módulo: Soy indígena, soy mujer.

[3] Tomado de Documento titulado: “Cosmovisión Andina e Identidad”.

[4] Tomado de Documento titulado: “Identidad, sexo y género”.

[5] Ibídem.

[6] Ibídem.

[7] Ibídem.

[8] Ibídem.

[9] Ibídem.

[10] Pacari Nina. En “Sistematización del encuentro nacional de mujeres de las nacionalidades y de los pueblos indígenas del Ecuador. Fortalecimiento organizacional y político”. Quito, marzo de 2007. Documento de trabajo, citado en Mujeres indígenas, género y cultura. 2007

[11] Ibídem