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Tarazá bajo el terror del Plan Troya
La población civil víctima de la política de sangre y fuego policial
Asociación de Campesinos del Bajo Cauca (Asocbac) / Domingo 21 de diciembre de 2014
 

Ante el silencio cómplice, el pasaporte represivo del fuero militar y la más infame impunidad alcahueteada y patrocinada desde el Ministerio de Defensa, la Gobernación de Antioquia, la 7ª División del ejército, la Dirección nacional de la Policía y Regional sexta de la policía Antioquia, la población de Tarazá es brutalmente atropellada y agredidos a patadas, golpes y hasta por disparos de pistola hechos por efectivos de la policía, la sijin y el gaula que ejecutan el denominado “Plan Troya” en este municipio del Bajo Cauca antioqueño.

El día martes 16 de diciembre de 2014, a las 4 a.m., en la Fonda Tijuana del municipio de Tarazá, en la cual se concluía una fiesta de cumpleaños de una dama, irrumpieron salvajemente entre 35 y 40 agentes de la Sijin, la Policía y el Gaula. Sin identificarse y sin ninguna orden judicial, procedieron a atropellar y vilipendiar a la población civil que allí departía alegre y pacíficamente. Los administradores, empleados y demás civiles allí presentes fueron obligados a tenderse en el piso, pateados, humillados y ofendidos con palabras de grueso calibre, golpeados a patadas y atacados con disparos de pistola efectuados por los policiales en una acción propia de gánsteres y no de agentes al servicio de un Estado que en su Constitución política, Título I “De los rincipios fundmentales”, consagra en su artículo 1º que “Colombia es un Estado social de derecho, … fundada en el respeto de la dignidad humana, …”

El señor Sergio Gómez y la señora Mira fueron víctimas de los disparos indiscriminados hechos por dichas unidades de la fuerza pública y heridos gravemente. El estado de salud del señor Gómez es bastante delicado y tuvo que ser remitido a un centro hospitalario de Medellín.

El pasado 4 de diciembre la población taraceña se movilizó masivamente, reclamando que se le devuelva las instalaciones del Coliseo Deportivo del municipio invadido por las tropas del Plan Troya, en una abierta y flagrante violación al Derecho Internacional Humanitario que prohíbe que este tipo de escenarios y espacios públicos sean tomados por ejércitos, policías y/o organismos de seguridad del Estado u otros actores armados. El coliseo sigue ocupado policialmente, mientras que a los jóvenes y población en general se les priva del sano esparcimiento. Las actividades deportivas se encuentran paralizadas como consecuencia de esta ilegal, ilegítima, absurda y arbitraria invasión policiaca. Otros escenarios como la cancha de fútbol de la vereda la Alemania del corregimiento Raudal Viejo, municipio de Valdivia, ha sido tomada por unidades militares del ejército nacional y convertida en base militar. Los habitantes de este corregimiento y de las veredas circundantes son chantajeados, amenazados y amedrentados con quemarles sus casas, destruirles sus bienes, privarles de sus libertad y hasta de quitarles la vida, para lo cual les levantarían falsos positivos, en caso que denuncien y reclamen sus cancha deportiva.

Con la lógica de la sabiduría popular, deduce el pueblo taraceño, que la furia y la rabia de las tropas del Plan Troya acantonadas en Tarazá, a raíz de la movilización del 4 de diciembre, se ha intensificado con más saña y odio contra los habitantes en general. Es decir son unidades policiales y militares no formadas en la escuela del respeto por los derechos humanos y de las normas del derecho internacional humanitario, sino bajo los cánones de la venganza que choca contra los principios fundamentales de un Estado social de derecho. No son casuales las continuas asonadas que se vienen presentando a nivel nacional en barrios, comunas, corregimientos y veredas contra los bárbaros procedimientos que viene efectuando la policía, tan reiterados y numerosos, que no pueden seguir calificándose de actuaciones circunstanciales e incidentales de algunos agentes, sino que indiscutiblemente corresponden al adoctrinamiento despótico que se les viene infundiendo. No puede seguir justificando el señor director de la policía, el general Palomino, tan agresivas y gansteriles conductas de sus unidades, hasta llegar inclusive al colmo del cinismo de presentarlos y conmiserarlos ante la opinión pública como “víctimas” de la población civil cuando en realidad son los victimarios.

El terror de los “Troyas” no solamente se presenta en el casco urbano del municipio de Tarazá sino en sus veredas, vías y caminos, como se ha denunciado de manera reciente y reiterada, sin que las autoridades gubernamentales del orden nacional, departamental y municipal, Ministerio de Defensa, Personería, Defensoría del Pueblo, Fiscalía, Procuraduría hagan nada al respecto ni orden a oficiales y subalternos que tomen los correctivos pertinentes encauzados a proteger a la población civil en vez de acribillarla de palabra y hecho. Es vergonzante su silencio cómplice, la indiferencia e impunidad con que cubren el terror que imponen estos uniformados en Tarazá. Todo indica y así lo testimonian los hechos, que el fundamento ideológico del Plan Troya es el terrorismo de estado.

La operación Troya le ha declarado y ejecuta una verdadera guerra contra la población inerme con repugnantes actos belicistas que en vez de enaltecer a la fuerza pública como héroes y valientes los muestra como cobardes que se ganan el rechazo generalizado de todos los habitantes e ilegitiman indiscutiblemente a la institución policial. La indignación de la comunidad es de tal calado, que se está gestando un verdadero estallido popular, de dimensiones incalculables y de efectos impredecibles, cuyas consecuencias recae única y exclusivamente en el Presidente de la República, su Ministro de Defensa (léase de la guerra), el Gobernador de Antioquia, el Alcalde y Concejo municipal, el Comandante de la 7ª División del ejército, del Director nacional de la Policía y del Comandante de la Policía Antioquia.

El escenario no es otro que el de la fuerza, el terror y la barbarie del Estado contra la civilidad, el pacifismo y la razón popular; ahí está la encrucijada en Tarazá y el Bajo Cauca.