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La dignidad herida: Identidad Estudiantil bajo sospecha
Juan Camilo Portela García / Viernes 31 de julio de 2015
 

En Colombia es fácil sospechar. Somos un país en guerra, y nos cuesta distinguir entre un ciudadano inocente y un malintencionado guerrero que oculta su identidad tras una imagen benévola. No es fácil dejar a un lado los prejuicios cuando tanto nos han acostumbrado a desconfiar de los demás. A quién tiende su mano nos hemos habituado a contestarle con indiferencia, recelo y, en el mejor de los casos, escepticismo.

Nos parece ingenuo creer en la bondad de los demás. Estamos acostumbrados a pensar en que detrás de toda buena intención hay un sujeto interesado que no quiere más que su propio beneficio. Así, nos es difícil reconocer que hay gente honesta, que actúa en coherencia con lo que dice, y que se toma el tiempo de pensar en qué es lo mejor para sí mismo, para sus seres queridos y para su país.

Hace algunos años hubo una coincidencia entre varia gente que, desafiando la idea de que la solidaridad es el manto velado de un acto egoísta, se reunió con la idea de que un mundo mejor requiere de acciones conjuntas y transformadoras. El Proceso Nacional Identidad Estudiantil fue el resultado de un esfuerzo cotidiano, constante y valeroso de una gran cantidad de estudiantes universitarios que soñaron con la construcción de un movimiento estudiantil que combinara la defensa de la universidad pública, la propuesta de un nuevo modelo de educación que contribuyera a la formación de un nuevo país, y la participación en las luchas sociales y populares.

Este proceso viene en construcción desde la primera década del 2000, y a pesar de ser una articulación nacional, tiene sus raíces en experiencias locales y regionales. En Medellín, por ejemplo, se fortaleció gracias al esfuerzo de varios colectivos que trabajaron en un mismo sentido.

En el 2007, estudiantes de las facultades de Ciencias Exactas y Naturales y de Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad de Antioquía venían trabajando en el colectivo Con-ciencia y Sociedad, con el cual buscaban problematizar la relación entre la universidad y la sociedad, es decir, formar sujetos políticos que no sólo se educaran académicamente sino que establecieran lazos y enriquecieran las luchas sociales. Entre el 2002 y el 2004 nació el semillero de ciencias sociales CEID-ADIDA (Centro de Estudios e Investigaciones Docentes de la Asociación de Institutores de Antioquia) como iniciativa para formar sujetos críticos ante el hecho de que los cursos de ciencias sociales y humanas en los colegios no estaban lográndolo. Este proceso llegó a instituciones educativas como el Pascual Bravo, el INEM, el CEFA, el Marco Fidel Suárez, entre otros-. Posteriormente, en el 2007, el semillero empezó a llamarse Restando Indiferencia, con el cual sumaban enseñanzas extracurriculares a los cursos tradicionales y formaban a los estudiantes en una inquietud constante por la transformación del país.

Entre el 2008 y el 2009 –en el marco de una reactivación de las luchas estudiantiles de la Universidad de Antioquia- se conformaron varios colectivos. El colectivo En Construcción se interesó en el tema de los Derechos Humanos, el Colectivo Multimedial Los Ninguneados se enfocó en la contrainformación como alternativa a la comunicación monopolizada por los grandes medios nacionales y regionales, el colectivo Conscientes Irreverentes contribuyó al debate y a la acción alrededor de las reivindicaciones de género y la disputa antipatriarcal; y el colectivo Paulo Freire le hizo honor a su nombre generando procesos de educación popular.

En el 2010, después de un periodo de inactividad, el Proceso Nacional de Identidad Estudiantil tuvo su tercera asamblea, a partir de la cual puede hablarse de un considerable resurgimiento del proceso. Los colectivos de la Universidad de Antioquia, que venían participando de este y otros espacios, también retomaron su participación allí. Identidad Estudiantil emergió como una organización estudiantil diferente, con repertorios alternativos y maneras de organizarse novedosas: organización horizontal en la cual prevalecían los colectivos regionales y locales, que buscaba distanciarse de las tradicionales estructuras estudiantiles, con sede central, línea vertical y orientación desde arriba hacia abajo.

Los integrantes de Identidad Estudiantil, que surgió de estos y muchos otros colectivos, se alejaron de los discursos desgastados de las movilizaciones estudiantiles previas. Le propusieron a los estudiantes crear mesas amplias, distintas a las coordinadoras en las cuales sólo cabían los de siempre. Así nació la Mesa Amplia Nacional Estudiantil (MANE) en la que todos cupieron y con la cual tumbaron –entre todos- la reforma a la ley 30. Y se ganaron a pulso el respeto. Se lo ganaron sin deberle nada a nadie, sin tener deudas con nadie.

Como parte de un proceso de construcción colectiva nacional compleja, Identidad Estudiantil ha tenido momentos difíciles. La articulación nacional significó la disminución de autonomía por parte de los colectivos y esto llevó a momentos traumáticos en los cuales algunos estudiantes no se sintieron recogidos en el proceso. Con todo, Identidad Estudiantil ha tenido un carácter autocrítico y los colectivos locales han sabido evaluar y superar a tiempo los errores que, como cualquier esfuerzo colectivo autónomo, han tenido. Para ello han sido fundamentales las discusiones de los encuentros locales y nacionales, en las cuales han definido líneas de acción y prácticas concretas que buscan fortalecer el camino.

Siguen trabajando. No descansaron, no han descansado. En la Universidad de Antioquia se ganaron un lugar. En la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas lograron impulsar procesos fundamentales. Afirmaron que, ante todo, eran estudiantes y que, como tales, debían sobre todo buscar, crear y posicionar su conocimiento. La Semana de las Ciencias Sociales que se lleva a cabo hoy en esta facultad es el resultado de sus luchas. Y esto es tan sólo una pequeña muestra de lo que han hecho.

Identidad Estudiantil ha sido un proceso de construcción democrática, de inventiva y transformación; una muestra de nuevas formas de la política estudiantil que ha emergido en los últimos años. Entre las diferencias locales y regionales, han encontrado que lo que los une es una identidad común: la de ser estudiantes. Los estudiantes de este proceso hacen práctica la consigna “A estudiar y a luchar”: estudian luchando y luchan estudiando. Como universitarios, estudian e investigan, pero también crean y transforman.

Esta identidad se encuentra hoy atacada. La dignidad de sus esfuerzo se encuentra herida. De los falsos positivos judiciales que hay en este momento en los juzgados de Paloquemao, 7 pertenecen a este ejemplar proceso. Ante esta dignidad herida y esta identidad bajo sospecha, no podemos hacer menos que lanzar un grito fuerte: “Libérenlos son Inocentes”.