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La situación de los campesinos de San Andrés Isla
Agencia Prensa Rural / Miércoles 27 de diciembre de 2006
 

El archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina está ubicado a 775 Km (480 millas) al noroeste de la costa de Colombia y tiene enormes diferencias con respecto al territorio continental. Allí conviven alrededor de 80 mil personas, de las cuales unos 25 mil son raizales, descendientes de los esclavos africanos traídos por holandeses e ingleses en el siglo 17. Hoy en día, sólo 400 de ellos son campesinos.

Desde la llegada de los primeros pobladores, la actividad agropecuaria ha sido permanente en la isla, primero bajo el modelo de plantación con mano de obra esclava y, posteriormente, con la coexistencia del cultivo de pancoger con los de exportación en pequeña escala.

La mayoría de las familias eran propietarias de menos de una hectárea. La propiedad de la tierra estaba relacionada con el sentimiento de pertenencia a la isla y connotaba la libertad para los raizales. El trabajo se realizaba colectivamente y los vecinos intercambiaban trabajo y alimentos, sin mercado ni dinero. La agricultura y la pesca proporcionaban abundantes alimentos.

El puerto libre fue declarado en 1953. Las ventajas comerciales atrajeron a emigrantes del Medio Oriente y colombianos, con lo cual la población aumentó de 5.675 habitantes en 1952 a 42.315 en 1988. La isla se urbanizó rápidamente y la tierra adquirió un valor comercial. El español, el catolicismo y el derecho colombiano fueron impuestos a los raizales.

El desarrollo del turismo y el comercio desplazó de la economía a los raizales, aumentó los niveles de pobreza e incrementó sus desigualdades. Para los años 80 se contaron 1.600 “empresas agropecuarias”, entre las cuales el 98% tenía menos de dos hectáreas. Los principales bienes de consumo empezaron a importarse, lo que generó altísimos costos en los precios de los alimentos.

La apertura de los años 90 generó una crisis económica muy fuerte en la isla, el comercio se debilitó y descendió el turismo. Aumentó la población desempleada y el poder adquisitivo de los pobladores disminuyó.

La colombianización también ha llevado a San Andrés a una situación ambiental preocupante. La isla tiene unos 1.700 habitantes por Km2, que ejercen una fuerte presión sobre los recursos naturales, que se suma al agotamiento de los pozos de agua, el saqueo de la pesca por grandes buques y el daño ecológico en las áreas marinas.

La producción agropecuaria en San Andrés, que es muy reducida y genera empleo tan solo para el 1% de la población, se desarrolla en pequeñas parcelas del sector rural, que constituye el 67% del área de la isla, y se caracteriza por el trabajo familiar y el autoconsumo. El 95% de los alimentos que se consumen son importados de los Estados Unidos, Nicaragua y Colombia continental.

A pesar de los cambios, el intercambio es parte de la tradición del pueblo raizal y aún es frecuente entre los productores agropecuarios y entre éstos y otras familias.

Los campesinos conocen profundamente los recursos y ciclos naturales, a los cuales se han adaptado. Han generado un sistema de producción agrícola ambientalmente favorable a las condiciones de la isla, pues se basa en el policultivo, pero es altamente vulnerable, debido a razones ambientales, como la baja fertilidad del suelo; técnicas, como los precarios sistemas de riego; económicas, como los altos costos de los insumos agropecuarios y de la mano de obra; y sociales, ya que la mayoría de los productores es mayor de 50 años de edad y los jóvenes tienen un gran escepticismo frente a la agricultura.

Los campesinos raizales siembran diferentes productos en huertas caseras. Predominan la caña, yuca, árbol de pan, guanábana, tamarindo, mango, aguacate, melón, patilla y ahuyama. No existen sistemas de riego que puedan asegurar agua en los cultivos durante todo el año y, por lo tanto, la producción no es constante.

La mayoría de los campesinos no trabajan en terrenos propios. Lo más común es que los terrenos les sean prestados por familiares o amigos, sin que los ocupantes tengan que pagar. Es común que los productores dejen los árboles frutales, algunos cultivos y mejoras como agradecimiento por el favor prestado.

La poca propiedad sobre los terrenos sobre los que se trabaja conlleva a que en la mayoría de los casos no hagan grandes inversiones y tengan dificultades para pedir préstamos o créditos. Pero también hace de la tierra un bien con un alto valor social.

La conformación de organizaciones ha sido una de las principales estrategias a través de las cuales los productores intermedian con el gobierno local, en la búsqueda de mejores condiciones productivas.

Hay cinco organizaciones conformadas por agricultores y porcicultores registradas en la Cámara de Comercio, principalmente por raizales, aunque hay algunos continentales: Hillfarmcoop Ltda (Cooperativa de Agricultores de la Loma Limitada), ANUC (Asociación Nacional de Usuarios Campesinos), Coasan (Cooperativa de Agricultores de San Luis), Infaunas (Independent Farmers United Association) y San Andrés Pig Producers (Fundación de productores pecuarios).

La conformación de estas organizaciones ha sido impulsada por instituciones de la isla o ha respondido a intereses políticos. La única organización que ha tenido un proceso de formación autónomo es Infaunas, que fue apoyada por la organización del movimiento raizal AMEN-SD (Archipelago Movement for Ethnic Natives - Self Determination).

Las organizaciones del movimiento raizal han incluido el tema de la protección y el fortalecimiento de la agricultura en sus discursos, pero estas demandas han sido poco consideradas por los gobiernos local y nacional.


Información tomada de “Relaciones y lógica de productores campesinos de San Andrés Isla”, de Laura Milena Guerrero Cardozo.