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Terrorismo de estado
Proselitismo armado contra la paz
No olvidemos que los paramilitares no se forman por una generación espontánea. Eso cuesta dinero y detrás de cada fusil del paramilitarismo hay financiadores. Hay que preguntarles a muchos empresarios si están por la paz, o hacen declaraciones y por otro lado los están financiando, como antaño.
Aída Avella / Sábado 5 de marzo de 2016
 

Qué escándalo En Conejo, municipio de Fonseca, departamento de La Guajira, varios negociadores de las FARC-EP, se reunieron con guerrilleros armados -puesto que no han entregado las armas- y pobladores de la región, para hacer pedagogía de la paz.

¡Proselitismo armado! gritaron al unísono, el congresista Álvaro Uribe Vélez y su manada de borregos en el parlamento, el Procurador Ordóñez, los informativos de RCN Noticias y su directora Claudia Gurisatti, Noticias Caracol que acude a los voceros de la elite política tradicional, por demás ladrona, fungiendo como directores y presentadores estrellas en radio y televisión mientras amasan grandes fortunas, no solo por sus salarios, que es lo de menos, sino por todos sus anexos, entre ellos el porcentaje por pauta publicitaria. Parecían tener un solo libreto y una sola nota. Qué horror desde la tarima los negociadores hablando y sin descanso durante varios días desde las cómodas oficinas en Bogotá fabricaron lo que ellos mismos llaman la “opinión pública” y convirtieron un acto de pedagogía en “indignación nacional”.

Los casos

Aquí la verdad sea dicha: los que hacen proselitismo armado son otros. Qué pasa en Casanare, donde siguen intactas las estructuras paramilitares, amenazan, cobran peajes en las carreteras con brazaletes de las AUC y armas, afirman en todas partes que asesinarán a los desmovilizados que lleguen.

Qué ocurre en el Cauca, donde conviven paramilitares y fuerza pública en la finca Emperatriz, cerca al casco urbano de Caloto. Se desplazan en carros de alta gama, con vidrios polarizados y sin placas.

En el Tolima, en varios municipios, entre ellos en Natagaima, zona alta, se movilizan en carros llamativos, están siempre uniformados, amenazan y extorsionan a todo el que se cruza en su camino. Todos en el municipio los ven, menos las autoridades.

En Antioquia, todos los días aparecen más pintas o avisos en paredes de las AUC, en las carreteras, y los ciudadanos amedrentados no pueden ni hablar. Hay informaciones que dan cuenta que en el municipio de Urabá el Comandante de la XVII Brigada del Ejército, trabaja con ellos, se siente muy orgulloso de que lo comparen con el condenado ex general Rito Alejo Del Río, y preparan con militares de igual o menor rango comandos armadas para hacer detener todo lo que sea de izquierda o militantes de la Unión Patriótica.

La costa Atlántica

En la Costa Atlántica, en la Alta Guajira, mientras los niños mueren de hambre, los políticos se roban todo lo que huela a público, se pasean orondos los paramilitares de la mano de las mafias del contrabando y la cocaína. Se apoderaron del poder local, amenazan, extorsionan y secuestran.

En el departamento del Cesar, se encuentran acampados en cercanías de la capital, Valledupar. Lo hemos denunciado desde hace más de un año mientras recorríamos el país y veíamos asombrados que no pasa nada. En Sucre no solo tienen negocios ilegales sino también invierten sus jugosas ganancias de las mafias en expendios de pollos, también en la capital Sincelejo. Allí hacen saber en establecimientos públicos que tienen más de 700 hombres armados cerca de allí y envían amenazas a quienes son líderes reclamantes de tierras.

En Córdoba están hasta en la Universidad, en Montería no permiten expresión diferente a la ultraderecha. En el Atlántico, mandan amenazas a defensores de derechos humanos, periodistas, líderes que reclaman tierras. Hace meses llegaron a varios barrios de la ciudad. Mientras las autoridades siguen sin actuar.

Costa Pacífica

En la Costa Pacífica se incrementan las “casas de pique” en medio de una disputa entre mafias por el control territorial y administrativo de los municipios de la costa. En Chocó, desfilan armados en Riosucio, Tumarandó, Arquia, amenazando a los habitantes si votan por el plebiscito, como lo describe Alfredo Molano en una de sus columnas en El Espectador, distribuyen panfletos, cierran vías, montan retenes.

En Santander operan abiertamente en varias poblaciones, en Floridablanca, amenazan y extorsionan. En Norte de Santander copan los sitios dejados por la guerrilla en el Catatumbo. Utilizan como el resto de departamentos vehículos de alta gama; uniformados, amenazan si votan por la ratificación de los acuerdos de paz. En Ocaña envían amenazan, patrullan y son autoridad mientras la autoridad de las instituciones del país siguen de espectadores.

Pero no olvidemos que los paramilitares no se forman por una generación espontánea. Eso cuesta dinero y detrás de cada fusil del paramilitarismo hay financiadores. Hay que preguntarles a muchos empresarios si están por la paz, o hacen declaraciones y por otro lado los están financiando, como antaño.

Y desde luego, tienen sus voceros políticos, encabezados por el Centro Democrático y acompañados por Cambio Radical y los conservadores, solapados enemigos de la paz. Hay un parlamento opuesto a las reformas, a la democracia, a darle contenido a la paz. Amigos eternos de la guerra que se han usufructuado de ella deben dar un paso al costado.