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Nathalie, “la francesa de las FARC”
Maurice Lemoine, Pierre Carles / Domingo 23 de octubre de 2016
 

El 26 de septiembre de 2016, luego de cuatro años de negociaciones en La Habana, el presidente Juan Manuel Santos y el jefe de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Rodrigo Londoño Echeverry, alias Timochenko, firmaron en Cartagena en presencia de numerosos jefes de estado latinoamericanos y del secretario general de la ONU Ban Ki-Moon un acuerdo final de “fin del conflicto y de construcción de una paz estable y duradera”, destinado a poner fin a la tragedia que desangra este país por razones sociales ya hace más de medio siglo.

El acuerdo generó una inmensa esperanza. Para su implementación, debía ser ratificado por plebiscito el pasado 2 de octubre. Para sorpresa general, el no triunfó con 50,21%, el sí obtuvo 49,78%, en un país profundamente dividido. Una diferencia de 54 mil votos, la participación llegó tan sólo a 37,28% del total del cuerpo electoral.

Un seísmo para los partidarios del silencio de las armas y de una vida política al fin normal.

“No me daré por vencido y continuaré en la búsqueda de la paz”, declaró el presidente Santos, afirmando que el cese al fuego estaba vigente y que seguiría en vigor. Desde La Habana, el jefe rebelde Timochenko, al tiempo que deploraba “que el poder destructor de aquellos que siembran el odio y el rencor haya podido influenciar la opinión de la población colombiana”, reiteró la posición de los guerrilleros de “solo hacer uso de la palabra como arma de construcción del futuro”.

Ferozmente opuesto al acuerdo, el expresidente y hoy senador de extrema derecha Álvaro Uribe, principal artesano del seísmo, afirmó por su parte que estaba dispuesto a contribuir a “un gran pacto nacional”, pero insistió que lo negociado debe ser “corregido”. Los insurgentes no están dispuestos a volver sobre un documento de 297 paginas resultado de 48 meses de conversaciones. Una inmensa duda se ha instalado con respecto al futuro, el Gobierno no tenía previsto un plan B.

Entre los guerrilleros que se preparaban a dejar las armas y a entregarlas a la ONU en término de seis meses se encontraba una de las dos europeas presentes en los rangos de las FARC, la francesa Nathalie Mistral. Los periodistas Maurice Lemoine y Pierre Carles la encontraron unas semanas antes de que lo que parecía ser una desmovilización cercana.

Aparte de su sonrisa comunicativa, ella no posee más. “A lomo de mula se pueden llevar algunos equipos, pero no hay que cargar demasiado. Uno aprende a desprenderse de muchas cosas. Es bueno tener objetos pero cuando toca llevarlos en las espaldas, si no son verdaderamente indispensables, los dejas”. Entonces aparte de su sonrisa comunicativa no tiene más que una pesada mochila en la cual entra toda su vida. Ella: Audrey, alias “Nathalie Mistral”, francesa de nacimiento, colombiana de corazón, internacionalista de convicción, guerrillera desde hace doce años en los rangos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia - Ejército del Pueblo (FARC-EP).

Cuando la encontramos a comienzos de julio en las tierras pantanosas e infestadas de insectos de la selva chocoana, la firma definitiva de los acuerdos de paz con el gobierno de Juan Manuel Santos parecía muy cercana y, mirando al futuro, Nathalie, al igual que sus “camaradas”, piensa en lo que seguirá después del conflicto:

“No se habla de desmovilización en el sentido clásico de la palabra. Se piensa en generar una dinámica colectiva. La idea es de trabajar de manera integrada en las comunidades donde ya tenemos presencia, generar proyectos productivos, la apertura de vías de comunicación, una reforma agraria, la redistribución, el desarrollo de centros de abastecimiento alimentario. En virtud de los acuerdos negociados durante cuatro años en La Habana con el gobierno, los campesinos deberán obtener créditos, un apoyo técnico para los cultivos y la distribución. Estaremos en todo eso” [1]. ¡Con más preocupación social en los ojos que cuchillo entre los dientes!

En resumidas cuentas, Nathalie, con sus algo más de 40 años cumplidos, no ha renunciado ni a sus ideales ni al radicalismo de su juventud. Originaria de Montpellier (sur de Francia), presente “en todos los movimientos” cuando era estudiante, trabajó como educadora especializada en inserción social de personas sin domicilio, al mismo tiempo militante sindical de la CGT.

Cuenta: “En un momento dado me pregunté: ¿Qué hago? ¿Estoy perpetuando el sistema con paños de agua tibia para que los desfavorecidos no protesten?  Estaba hasta la coronilla de decir a la gente sin lograr resultados: Puedo ayudarles hasta aquí; más allá, si no están contentos de la situación, ¡ocupen las oficinas de la administración!”. Al ver que la situación se encuentra por ahora bloqueada, decide “hacer otra cosa”.

Objeto de su reflexión: la riqueza europea construyéndose sobre la base de la explotación del Sur. ¿De que manera ayudar a los pobres, a los países víctimas de la expoliación, y modificar la correlación de fuerzas? Pero, sobre todo, ¿en donde actuar?

Examinando las posibilidades existentes y “no obligatoriamente la lucha armada pero sí la resistencia al modelo dominante”, en 2001 Nathalie se va a Chiapas, “como lo hace todo el mundo”, precisa riéndose. Durante un mes, viviendo en medio de molinos de maíz, cafetales y auroras azuladas de las montañas del sudeste mejicano, Nathalie encuentra esta “experiencia de autogestión indigenista interesante”, pero no la colma: “Primero, porque en el plan militar se encuentran completamente cercados. Tan pronto se mueven se hacen aplastar. Segundo porque “cambiar el mundo sin tomarse el poder” suena bonito pero ¿por dónde se coge? Es algo que no entiendo muy bien”. Un vasto debate todavía en curso en América Latina y mas allá.

Que sea hombre o mujer la vida de un individuo no es lineal. El azar de los encuentros juega un papel determinante. Pero, ¿se puede hablar de azar en este caso? En Chiapas, Nathalie va a encontrarse con un “muchacho” chileno que se interesa en Colombia. En esa época en la región del Caguán las FARC negocian con el presidente Andrés Pastrana. De esta terrible organización de oposición armada que llaman comunista, Nathalie tiene la imagen que trae de Francia. Francamente, nada positiva, por decir realmente las cosas. Habla con el compañero. Deciden entonces ir a ver lo que ocurre en el Caguán con el fin de empaparse mejor sobre esa misteriosa guerrilla.

Claro está, por falta de medios la expedición toma tiempo. Mientras que por ruta ellos viajan unos quince días, Pastrana, que aprovecha la tregua para negociar con Washington el Plan Colombia, rompe las conversaciones  y el 20 de febrero del 2002 desata la operación “Thanatos”. Tres horas después de la ruptura de negociaciones y a pesar de los compromisos tomados, las fuerzas armadas lanzan contra las FARC y su estado mayor completo unas doscientas operaciones aéreas desde la base de Tres Esquinas en el Caquetá con aviones OV-10, AT-37, DC-34, y Kafir, lo mismo que helicópteros Black Hawk que bombardean 87 zonas desmilitarizadas [2].

Para nuestros dos viajeros ni hablar de ir a correr riesgo en ese avispero. Ellos continúan su camino hasta Argentina que, en ese momento, laboratorio del ultraliberalismo cae en el fondo del abismo, se descompone, presa de la trampa de la deuda de su clase dirigente, del Consenso de Washington, por lo consiguiente, del Fondo Monetario Internacional (FMI).

En medio de explosiones de cólera, de manifestaciones marcadas por los gritos de ira “¡Que se vayan todos!”, de derrocamientos y dimisiones de presidentes – Fernando de la Rua (20 de diciembre del 2001), Rodríguez Saa (30 de diciembre del 2001), Eduardo Duhalde (30 de marzo del 2003). La francesa y el chileno se involucran al lado de los “piqueteros” [3] al mismo tiempo que organizan eventos en solidaridad con Colombia. De vez en cuando viajan al Ecuador o a Venezuela en busca de contactos no muy fáciles de encontrar. “Analizábamos con pragmatismo que las FARC era la organización mas importante y que si queríamos aportar nuestro grano de arena convenía entonces ayudar al movimiento que tenía reales posibilidades”.

Después de pasar un tiempo en Bolivia, en el 2003, dos años antes de la llegada de Evo Morales al poder, acercándose del Movimiento Al Socialismo (MAS), el momento esperado llega con el primer Foro Social de las Américas (FSA) que tiene lugar en Ecuador del 25 al 30 de julio de 2004 como continuidad del Foro Social Mundial (FSM) inaugurado en Porto Alegre en enero de 2001. En Quito unas 850 organizaciones provenientes de todas partes y más de diez mil personas, entre ellas muchos jóvenes, ecuatorianos, claro está, pero también colombianos, peruanos, venezolanos, brasileños se encuentran para promover “Otro mundo es posible”.

En ese foro en donde las organizaciones sindicales, agrarias e indígenas colombianas denuncian las dramáticas violaciones de derechos humanos auspiciadas por el presidente Álvaro Uribe y su política de “seguridad democrática”, nuestros amigos se encuentran con miembros del Movimiento Bolivariano –una organización considerada cercana de las FARC y cuyo dirigente, de facto, es uno de los comandantes de la guerrilla encargado en ese entonces del trabajo ideológico y político, Alfonso Cano [4].

El Movimiento Bolivariano desea invitar los “piqueteros” para la conmemoración de la muerte de Simón Bolívar que tendrá lugar en Santa Marta (Colombia) a finales del año 2004. De regreso a Buenos Aires, Nathalie y el chileno transmiten el mensaje a los argentinos que lo reciben con cierto bochorno. Dos problemas los perturban. El primero financiero: ninguno de esos “piqueteros” tiene los recursos para financiar ese proyecto. ¿El segundo? El alto riesgo. ¡Una invitación de las “sulfurosas” FARC puestas por Washington y la Unión Europea en la lista de las organizaciones terroristas, cuando gobierna Álvaro Uribe!

Muy pocos en esa época (y hoy todavía) se atreverían a calificar a Colombia utilizando los términos del mexicano Carlos Montemayor, un excelente experto en grupos “subversivos” de América Latina, refiriéndose a Chiapas. Después de haber precisado que “la guerrilla no es el origen de la violencia, la guerrilla es la fase armada y última de la violencia desatada de manera cruel y mortal por la política de grupos ligados al poder”, el escritor se pregunta: “¿Cuáles dimensiones sociales y  políticas abraza la palabra terrorismo?” [5]. De hecho, ninguna historia existe sin pasado.

Nathalie y su camarada ¿habían leído a Montemayor? Lo ignoramos. Sin embargo, a pesar de las inquietantes incertidumbres, no vacilan mucho: “El contacto político clandestino debe siempre oscilar entre toma de riesgo y confianza pues si no se hace nada, no se gana nada. Entonces sopesas…” ¡Y te decides!

Hallamos a nuestros internacionalistas bajo el sol de la costa caribeña en un campamento de las FARC; allí descubren los cambuches (llamados también caletas, carpas o carpitas), camas de maderos superpuestos sostenidos por cuatro estacas y cubiertas por una lona de plástico  negra o kaki. Nada que ver con los lujosos bungalow estacionados no muy lejos, en las playas de esa arena blanca enceguecedora. ¡Una espartaquiada! Tendrán una charla que a pesar de la situación tensa no tiene nada de singular.

Al principio los guerrilleros preguntan generalmente a los visitantes cuánto tiempo desean quedarse. En un ataque de risa Nathalie recuerda: “Casi todos dicen dos días, una semana, dos semanas. Nosotros dijimos: ¡año y medio!”. Aprender, conocer, comprender, ver qué se puede aportar…  “¡De acuerdo! Quédense, responden tranquilamente los guerrilleros a los cuales se muestra generalmente como paranoicos, viviendo en el seno de una secta, aislados de todo. Aquí esta su caleta”.

¡Tomar las armas cuando se es antimilitarista! El padre de Nathalie tenia 20 años en 1968. Era hippie, lo vieron en las barricadas del Barrio Latino. “Crecí en un medio crítico, de rebeldía, bastante anarquista. En mi vida nunca había visto un fusil. Fue un descubrimiento, un cuestionamiento. ¿Matar a alguien para salvar la vida? Nunca estuve confrontada a eso pero hay que hacerse a la idea. Sin saber cómo vas a reaccionar…”.

Guerras legitimas, guerras ilegitimas… “Se lee, se estudia, se amplia el conocimiento”. Pero ya no estamos en Quito. Las FARC son un ejército, no una reunión de altermundialistas simpáticos. Una estructura militar con una verticalidad en las tareas, con una rigidez organizacional en la vida cotidiana, con una disciplina, con un reglamento. “A veces es duro, ¡yo soy una libertaria! Siempre pido explicaciones. ¿Por qué así? ¿Por qué tal decisión? ¿Y por qué…?”. Sin embargo, cuenta la francesa, con el tiempo se llega a entender.

“Se trata de un ejército diferente del ejército burgués, con una disciplina consciente. Si obedezco a unas ordenes no es porque estoy obligada sino porque es la garantía de eficacia y de seguridad. Hacemos parte de una cadena. Las ordenes se imparten y se reciben con respeto. Hay más de camaradería que de militar en la relación entre las personas y un proyecto político  compartido. No somos solamente guerrilleros, todos somos también miembros del Partido Comunista Clandestino (PC3), tenemos relaciones de célula, espacios de participación, de discusión, esa es la gran diferencia con un ejército clásico.”

Para volver al tema del comienzo del compromiso, los tiempos fueron difíciles . Grandes operaciones estaban en marcha en las cercanías de la Sierra Nevada. Los heridos llegaban al campamento de retaguardia encargado de la propaganda y de la radio. Como guerrillera de base Nathalie sigue los cursos de la Escuela política y no participa en combates hasta que un día un comandante hace la gran pregunta a ella y al chileno: “¿Entonces? ¿Qué quieren hacer ahora? ¿Quieren quedarse? ¿Integrar la red de solidaridad, la estructura internacional, el Movimiento Bolivariano, el PC3?”.

Al no ser colombianos lógicamente deberían trabajar con Raúl Reyes, numero dos y “ministro de Relaciones Exteriores” de las FARC [6]. Pero en su política Reyes prefiere utilizar ese tipo de militantes para desarrollar el trabajo de solidaridad internacional en el país de origen. En un tono fuerte y firme los dos se rebelan: “¡No, queremos quedarnos aquí!”.

Los comandantes parten la manzana por la mitad: “Casi me echaron del campamento”, dice Nathalie riéndose, “tienes capacidades políticas, vas a trabajar en el exterior”. Es así como se convierte en la “camarada mochilera”. Viajando por las rutas para engañar a alguien como a un chino, recorre el continente americano en bus, en carro, haciendo stop, en camión de Caracas a Buenos Aires, de La Paz a Quito para establecer contactos, fomentando solidaridad con los movimientos sociales, cooptando los militantes de base más politizados.

Saliendo y volviendo a los campamentos, manteniendo el lazo entre las partes rural y urbana de la insurrección, Nathalie vive esa situación casi como un privilegio: de vez en cuando puede tomarse una cerveza o ir al cine. Pero ya es una verdadera “fariana” (la combatiente muy a menudo campesina de las FARC): “Me acuerdo que a veces estaba en la ciudad y venían a buscarme, estaba extenuada. La vida en el campo o en la selva da mas energía física, como una especie de tranquilidad”.

En el 2008 aconteció algo muy francés, ridículo pero importante, que va a perturbar la relativa tranquilidad. Hasta ese entonces viviendo en el campamento algunos meses por fuera (a veces largos, a veces cortos), Nathalie tiene sus documentos en regla como cualquier persona. Los servicios de inteligencia colombianos no la han detectado. La validez de su pasaporte francés expira. La encontramos entonces mochila al hombro en la sala de embarque del aeropuerto Simón Bolívar de Caracas con destino París. De la ciudad de “las luces” sigue rumbo a Borgoña, la región en donde viven sus padres y en donde declaró su domicilio antes de abandonar la casa que la vio crecer.

Allí la cosa se pone agria, mirando bien, en ninguna de las obras de Georges Courteline [7] o de Franz Kafka aparece la Prefectura de la Yonne. Una funcionaria en su puesto de trabajo en principio no es nada sorprendente pero los dedos tamborilean nerviosamente el escritorio. Según la funcionaria, Nathalie ha pasado demasiado tiempo fuera de Francia para poder solicitar la renovación de su pasaporte. Gruñona como buena francesa, y rebelde como buena guerrillera colombiana, Nathalie se subleva airada: “Yo viajo todo el tiempo, mi domicilio legal es este”.

“Muéstreme la prueba, se mantiene inmutable la funcionaria. Usted no paga alquiler, ni electricidad, ni teléfono, ni paga impuestos, tampoco contribuye al seguro social. Si ha trabajado por allá, vaya a Montpellier”. La misma negativa en esta ciudad. En concreto, practicando la privación de la nacionalidad antes de tiempo, le aconsejan de ir a ver a …Venezuela en donde tomó el avión.

Al fin y al cabo, después de dar muchas vueltas y como si fuera extranjera en su propio país, Nathalie pudo obtener un pasaporte provisional (“emitido de urgencia por motivos de salud o humanitario. Los servicios prefectorales deciden según la situación. Ese pasaporte tiene validez de un año”). En consecuencia, después de regresar a Colombia, Nathalie se encuentra indocumentada desde el 2009.

Hoy vive en la ilegalidad total con la imposibilidad de desplazarse, incluso de regresar a Francia. Lo que no es un problema cuando se vive en la insurgencia pero puede convertirse en problema en caso de desmovilización. Es cierto, al ser indocumentada Nathalie ahora tiene que limitar los desplazamientos y dejar de viajar prácticamente con la comisión internacional.  En la vida normal se diría : tiene que cambiar de servicio y de especialidad.

Cuando integró la oposición armada, Nathalie lo hizo pensando en los campamentos del Che, en las guerrillas de los años cincuenta o setenta, con las imágenes de la hamaca, de los barbudos, harapientos, armados con viejos fusiles. ¡Cuan grande es la sorpresa! Al llegar a esa frondosa vegetación que oculta a la guerrilla. Lo primero que ve es la pequeña carpa y en seguida algo que le parece increíble: un perrito blanco, un perrito faldero de la abuela con una cinta rosada en las orejas y las uñas pintadas. Ese tipo de caniche de la burguesía pertenece a una guerrillera. “Esto tiene que ver con el hecho de no poder tener niños, muchas tienen una mascota y se divierten como si fuera un juguete”.

Segunda fuente de asombro: el nivel de las tecnologías utilizadas. Algunos comandantes utilizan el computador, mucho más pesados que los de hoy, los pendrive no existían todavía, pero con el tiempo los guerrilleros siguen la evolución a  buen ritmo. Cuando Nathalie integra definitivamente el Bloque Caribe después de los líos con la burocracia francesa, el comandante Jesús Santrich tiene su computador completamente atorado. Atacado por un virus, funcionaba muy lento. En Francia Nathalie se interesaba mucho en la técnica y ella misma se ocupaba de su computador. Decide ocuparse del caso.

“Puedo tratar de arreglar el problema. No soy especialista pero puedo ensayar. Así lo limpio y funcionó mucho mejor. Una vez, otro camarada vino a buscarme. Poco a poco, mirando en internet me convertí en una especialista  técnica”. Hasta que un día Iván Márquez (futuro número uno de la delegación de las FARC en La Habana) muy preocupado la llama porque la página web nacional de las FARC ha caído, víctima de ataques de los hackers del Ejército. “¿Sabes elaborar una pagina web?”. Nos encontramos en el país del “realismo mágico” de Gabriel García Márquez, no lo olvidemos: “Lo hice por una amiga cantante. Si quieres, ensayo”. Así nace el sitio Martín Caballero “Bolívar somos todos” [8]. Desde ese día la francesa pasó definitivamente a la comunicación.

Los padres de Nathalie conocen mas o menos lo que hace la hija. Tuvieron la posibilidad de visitarla en La Habana cuando en febrero de 2013 se juntó a la delegación de las FARC que negociaba en La Habana con los representantes del presidente Juan Manuel Santos. Así como la existencia de la holandesa Tanja Nijmeier (alias Alexandra Nariño) es conocida desde 2007 y ha sido una atracción de los medios del mundo entero, al contrario esta segunda europea pasa completamente desapercibida.

Como sus “camaradas” se encuentra muy lejos de los gritos de los monos, de los cantos de los pájaros, de los zumbidos de los insectos de la jungla colombiana en esta zona exclusiva de El Laguito, una instalación situada al oeste de la capital cubana, expropiada por Fidel Castro a comienzos de los años sesenta. Delante del portón, vestidos en uniforme verde oliva, casi siempre mujeres jóvenes están de guardia [9]. Pero eso no es lo que causa malestar a Nathalie.

El llamado “sexo débil” representa aproximadamente 35% de los efectivos de la organización armada. Cotidianamente la igualdad total entre hombres y mujeres es lo que marca la repartición de todas las tareas, cocina y combate incluidos. “Al llegar a La Habana me impactó ver cómo todas las guerrilleras curtidas de quince, veinte o treinta años de monte, tomaban posesión de la Casa de recepciones y comenzaban a querer cocinar, a hacer el aseo, etc. Después de décadas de trabajo igualitario, ¡volver a esto!”. Cuando toca ese tema “la francesa” es inagotable. Y positiva pensando en el futuro. “La ventaja que tenemos con la experiencia vivida, hablando de mujeres, es que vemos lo que puede pasar”.

En el marco de las conversaciones, los negociadores han recibido muchas delegaciones de personalidades políticas, emisarios colombianos y extranjeros, víctimas del conflicto y… mujeres. Entre ellas muchas “desmovilizadas” de los movimientos que dejaron las armas en los años 1990 –M-19, Quintín Lame, Ejército Popular de Liberación (EPL), algunas fracciones minoritarias del Ejército de Liberación Nacional (ELN). “Ellas nos previnieron: nosotras nos quedamos sin protección”.

Muy concretamente: cuando la guerrilla indígena Quintín Lame abandonó la lucha armada, el poder acordó tierra a los hombres. La esposa o amiga es “compañera de…”. Después, si la pareja se separa, la mujer se queda sin nada. Del lado del M-19, según “las veteranas”, nadie afrontó para arrancar el privilegio de ir al combate. El más capaz tomaba la dirección de las operaciones y todos participaban. En cambio, cuando se trató de entrar en política, la competición se puso mas complicada y las mujeres fueron algo marginadas. “Todas ellas nos advirtieron”.

Paradójicamente, es en el seno de esa guerrilla de las FARC, que goza de una horrible reputación, donde una comisión de género dirigida por la comandante Victoria Sandino piensa el problema y reflexiona, lo impone en la agenda de la negociación y lo hace de una manera que la reflexión sea llevada a los diferentes bloques y frentes [10].

Por ser guerrillera entonces no se deja de ser mujer. En La Habana, Nathalie se enamora de uno de los miembros de la delegación rebelde, un robusto afrocolombiano, el comandante Pablo Atrato, miembro del estado mayor del Frente 57. Cuando el comandante Atrato regresa al sofocante Chocó, ella se queda en la capital cubana, pero cuando le llegó la hora de volver a su base del Caribe, en abril de 2016, pide su traslado para unirse a su compañero. “Estoy aquí por amor”, dice riéndose y tratando de espantar los mosquitos que mientras habla se ofrecen un festín (de paso con nosotros también).

Las FARC son un movimiento de origen campesino y no es raro, al entrar en un campamento como el en que la encontramos, ver cerdos y gallinas. Una de ellas terminará esta noche en la olla. Pensando mas en la ejecución del ave que en la degustación, Nathalie hace un gesto de molestia. “¡Se supone que un fariano debe saber hacer de todo! Esta en el reglamento. Por ejemplo, matar una gallina. Soy del campo, sé como se hace. Pero cuando se trata de degollar un cerdo o una vaca, prefiero dejar a otro. Es así, y tengo derecho”.

Rehuir de matar una bestia y vivir en el seno de una organización armada acusada de todos los males, incluidos crímenes de guerra y crímenes contra la Humanidad. ¡Gran contradicción, inclusive que inconsecuencia!, dirán algunos dando un grito al cielo al encontrar que esa descripción convierte a la militante en una persona demasiado simpática, normal, terriblemente humana en una palabra.

Que nos sea permitido un paréntesis. El conflicto colombiano ha sido atroz por su duración y por su intensidad. El mecanismo de justicia transicional elaborado por los negociadores de La Habana se da como objetivo principal establecer la verdad que se debe a las víctimas, penas de restricción de libertad hasta de ocho años (sin encarcelamiento) para aquellos que confiesen las faltas particularmente graves, y sanciones implacables (veinte años de prisión) para aquellos que traten de ocultar los crímenes no relacionados con el contexto ocasionado por la confrontación armada. No hay entonces “impunidad” como lo claman los detractores del proceso de paz.

Cuando en Cartagena, el 26 de septiembre, algunas semanas después de nuestro encuentro con la francesa, serán firmados lo que será considerado como “los acuerdos históricos de paz”, el comandante en jefe de la guerrilla Rodrigo Londoño Echeverry –nombre de guerra “Timoleón Jiménez” o “ Timochenko”– no dejará lugar ni siquiera a una sombra de ambigüedad, asumiendo pública y solemnemente, en su discurso, las responsabilidades de la guerrilla: “En nombre de las FARC-EP, pido sinceramente perdón a todas las víctimas del conflicto por todos los dolores que les hemos podido causar durante esta guerra”.

Antes, en una atmósfera “tensa pero respetuosa”, los insurgentes ya habían reconocido delante de las familias su culpabilidad en el asesinato “absurdo” y “vergonzoso” de los once diputados secuestrados en abril del 2002 en el departamento del Valle del Cauca y ejecutados cinco años más tarde, en medio de una operación de rescate que desarrollaba el Ejército para liberarlos.

Lo mismo fueron al encuentro en dos ocasiones e hicieron el mea culpa ante los habitantes de Bojayá (Chocó), en donde un episodio particularmente atroz provocó 119 muertos y 98 heridos en mayo del 2002 [11]. Aparte de la práctica del secuestro de civiles con el objeto de financiar el movimiento, con el cobro de recompensas por rescate (llamado impuesto revolucionario), dos tragedias emblemáticas a menudo utilizadas con el fin de cuestionar pero sobre todo para demonizar a las FARC [12].

No obstante, los más de 400 mil muertos contabilizados desde 1948, la desaparición de por lo menos 50 mil personas lo mismo que el desplazamiento de 6.900.000 de habitantes, no se le pueden imputar a la sola (o a las solas) guerrilla(s). Como está previsto en los acuerdos, la jurisdicción especial deberá (o hubiera debido) igualmente revelar la responsabilidad mayor (un 70% de los crímenes) de las fuerzas armadas y de los paramilitares, la complicidad de numerosos miembros civiles de las clases política y económica.

Cincuenta y siete empresas son desde ahora cuestionadas por sus lazos con los paramilitares, entre ellos empresas emblemáticas como Postobón, Ecopetrol, Envigado Fútbol Club, pero también las multinacionales Chiquita Brands, Coca-Cola y la Drummond Company.

Que no se equivoquen: un riesgo devastador para una parte del “establecimiento”, el cual está furioso al pensar que los antiguos rebeldes pudiesen ser admitidos a participar en la vida política del país en lugar de pudrirse en el fondo de una celda. De ahí la campaña en contra del sí en el plebiscito del  2 de octubre orquestada por los Caballeros del Apocalipsis –los ex presidentes Álvaro Uribe y Andrés Pastrana; el ex procurador general de la República Alejandro Ordóñez; el ex vicepresidente Francisco Santos, primo del actual jefe de Estado, acusado de haber pedido a los paramilitares crear un bloque en la capital Bogotá.

La nueva situación no cambia nada: lo que era cierto ayer lo seguirá siendo y puede ser todavía mas mañana. “El poder busca cuáles crímenes contra la Humanidad puede echarnos encima, piensa Nathalie. Del reclutamiento de menores a la violencia sexual. Pero para que sean crímenes contra la Humanidad su práctica tiene que ser sistemática, lo que no es. Entonces montan casos”. Cientos de investigadores trabajan en permanencia sobre los excesos de las FARC. “¡El número de violaciones sexuales, ridículamente bajo, que han encontrado, no se corresponde con el numero de funcionarios que consagran su tiempo!”.

Cuando se evocan delante de ella las repetidas acusaciones de violaciones, es, más allá de la “fariana”, la feminista quien responde:

“Eso puede ocurrir, me han contado unos casos. Pero, para nosotros, la violencia contra una compañera o contra una mujer de la sociedad civil es castigada en consejo de guerra. En ese tipo de casos se condena generalmente a la pena capital. En el caso demostrado de violación, el culpable hoy en día probablemente ya no existe. Esto puede parecer duro, pero en el contexto de la guerra, no tenemos prisiones donde internar prisioneros durante quince años y no podemos tampoco entregarlos a la justicia ordinaria, la cual rechazamos. Tenemos un reglamento más severo que el de la sociedad colombiana y de menos tolerancia cultural. Entonces el guerrillero se la piensa dos veces. Ellos podrán recoger pocos casos que no hayan sido juzgados en la jurisdicción interna”.

La práctica de los secuestros llamados “económicos” fue masiva durante largos años. Aquí igual, el comandante Timochenko hizo públicamente una firme autocrítica el pasado 11 de septiembre reconociendo los sufrimientos ocasionados. “¡Pero no sé cuantos desaparecidos nos atribuyen! Empezamos haciendo un sondeo a nivel de los Frentes. Resultaron seis a nivel nacional, dos retenciones económicas. Ya no tenemos a nadie. En el momento de la apertura de los diálogos todos fueron liberados”.

Sin querer hacer de las FARC una organización de angelitos y más allá de esta entrevista, muchas de las acusaciones que hoy se hacen en contra de la guerrilla son realmente excesivas, infundadas. Pero funcionan muy bien en el marco de las manipulaciones mediáticas que necesitan “buenos” y “malos absolutos”.

Así que, es en el tenebroso Chocó, a orillas del potente río Atrato y de sus afluentes que Nathalie vive, en julio lo que piensa sus últimos días de guerrillera activa, en contacto directo con las poblaciones. Comunidades campesinas, negras, indígenas, desprovistas de todo, que las FARC históricamente han asistido, remplazando al Estado en materia de reglamento de conflictos pero también de salud. “En la medida de nuestras posibilidades, respondemos a las urgencias. Pero no siempre podemos, no tenemos forzosamente lo que se necesita. Algunos tratamientos los compramos en el mercado negro. Muy poco”.

Entonces Nathalie se orienta hacia la medicina alternativa a base de plantas por las cuales se interesa hace buen tiempo. “Trato, pero hasta los indígenas han perdido sus tradiciones curativas, tienen más confianza en la pastillita”. A principios de junio, en ese clima extenuante, conoció su primera crisis de paludismo. “Me curé con la raíz de una flor. Estaba débil pero no tenia fiebre, eso fue más eficaz que las pastillitas”.

En este periodo de incertidumbre, en el que los acontecimientos se aceleraban, le ha tocado a los guerrilleros, vestidos ya de civil, explicarle a las comunidades los avances en las negociaciones de La Habana y a algunas de ellas tranquilizarlas. “¿Quién va a protegernos cuando ustedes ya no estén aquí?”. Antes de la firma del 26 de septiembre y del desastre del 2 de octubre, todo el mundo considera que en este momento se trata de una paz “imperfecta”. La del silencio de las armas. ¿Pero qué hay de los paramilitares? “La gente está inquieta. Cuando se abandona una región los paracos la ocupan inmediatamente”. Por otro lado, no hay mucha confianza en cuanto al futuro respeto de los acuerdos, en la palabra del Estado.

“Vamos a vivir y veremos”, dice Nathalie, enfrentando el desafío de integrarse en una sociedad capitalista para intentar transformarla, esta vez democráticamente, “establecer comunas, una autonomía, poder continuar funcionando, si no en el modo comunista al menos comunitario”.

El 2 de octubre, a la hora del plebiscito, y como en la mayoría de las regiones y localidades afectadas por el conflicto, aquellas que han conocido el más alto numero de víctimas, el Chocó en su mayoría votó mayoritariamente por la paz (96% por el sí en Bojayá). Eso no impide que los proyectos elaborados estos últimos meses por los guerrilleros estén, por ahora, caducos. A corto plazo, Nathalie y sus camaradas no volverán a la vida civil como lo estaban contemplando muy seriamente.

La francesa tendrá que agregar un tiempo indeterminado a sus ya más de quince años de vida fuera de la “normalidad”. A la pregunta “¿se trata de un modo de vida?”, ella nos responde en julio: “No sé. No pienso que la mayoría lo considere como un modo de vida. En cuanto a mí, puede parecer a veces una película o una novela. Pero ha sido algo natural, como la vida cotidiana, un paso tras el otro. Se aprende, uno se desprende de muchas cosas, uno se aleja de la realidad francesa. Nunca me planteé salir de este compromiso. Estaba claro que era una decisión sin vuelta posible. Uno ya no es dueño de su futuro. Uno se pone a disposición del proyecto”.

Versión en francés: Memoire des luttes

Fotos de Maurice Lemoine.
Traducción de Manuel Salamanca Huertas

[1] Leer “Velada de paz” por los guerrilleros de las FARC. Agencia Prensa Rural, 4 de agosto 2016; El Zancudo N°12 de agosto 2016.

[2] Tres días mas tarde, la candidata verde a la elección presidencial, la franco-colombiana Ingrid Betancourt, fue secuestrada.

[3] Desempleados que bloquean las rutas.

[4] Después de la muerte del líder histórico Manuel Marulanda Vélez en mayo del 2008, Cano (su nombre de pila Guillermo León Sáenz) lo sucederá como número uno de la guerrilla. Fue asesinado en Suárez (Cauca) el 4 de noviembre del 2011, cuando ya había entrado con las FARC en la vía de los diálogos.

[5] Carlos Montemayor, Chiapas: La Rebelión Indígena de México, Joaquín Mortiz, México, 2000.

[6] Raúl Reyes será asesinado por un bombardeo el 1 de marzo de 2008 en territorio ecuatoriano, en donde se encontraba negociando la liberación de prisioneros (militares) y rehenes (civiles) de las FARC, entre ellas Ingrid Betancourt.

[7] Autor francés de teatro de finales del siglo XIX Georges Courteline. A través de sus bocetos propone historias de vida realistas, a menudo crueles y satíricas pero siempre cómicas.

[8] Jefe del Frente 37 de la costa del Caribe durante once años. Martín Caballero muere en combate en octubre de 2007.

[9] Leer Hernando Calvo Ospina “Visto y oído a La Habana”, Le Monde Diplomatique, Paris, febrero 2013.

[10] El frente esta compuesto de una o varias columnas de 128 combatientes, un bloque de cinco o seis frentes.

[11] Leer Maurice Lemoine Sous les eaux noires du fleuve, Don Quichotte, Paris, 2014.

[12] Puede notarse que la guerrilla es el único actor del conflicto que asume sus responsabilidades y pide perdón por los dolores causados. Ningún otro actor, militares, paramilitares o civiles, lo ha hecho –excepto el presidente Santos que ha reconocido la responsabilidad del Estado en la masacre de la Unión Patriótica (cuatro mil muertos) en los años 1980.