Agencia Prensa Rural
Mapa del sitio
Suscríbete a servicioprensarural

FARC: “El paramilitarismo debe desaparecer de Colombia”
Entrevista con la comandante guerrillera Isabela San Roque. Ratifica el compromiso de la guerrillerada de impulsar la paz con justicia social y los desafíos que se le presentan a este movimiento en un nuevo escenario sin armas.
Nelson Lombana Silva / Lunes 13 de febrero de 2017
 
JPEG - 46.7 KB
Isabela San Roque, comandante guerrillera de las FARC-EP. Foto Nelosi.

La comandante guerrillera Isabela San Roque se encuentra en la zona veredal transitoria de normalización de La Fila, municipio de Icononzo (Tolima), analiza diversos temas relacionados con el país y el proceso de paz que se encuentra obstaculizado básicamente por el incumplimiento del Gobierno nacional. También por la existencia del paramilitarismo. Indica la dirigente guerrillera que este fenómeno debe desaparecer de Colombia. Ratifica el compromiso de la guerrillerada de impulsar la paz con justicia social y los desafíos que se le presentan a este movimiento en un nuevo escenario sin armas. La entrevista es la siguiente:

—¿Cómo analiza la postura del Gobierno en la implementación de las zonas veredales transitorias de normalización?

—Nosotros hemos venido cumpliendo. Ya se ha desplazado un grupo de personal para la zona veredal, hemos avanzado en el trabajo en la medida que se ha podido con la escasez de recursos. De parte del Gobierno seguimos esperando que envíe los materiales y asuma los compromisos adquiridos. Está lenta la cosa pero podemos decir que por nuestra parte hemos cumplido.

—¿Cómo dimensiona usted el comportamiento de la comunidad de la región?

—Icononzo es un municipio que, pese a las dificultades y quizás por ser un lugar donde se desarrolló con tanta fuerza la guerra, donde históricamente ha habido una cantidad de luchadores y de luchadoras, tiene unas condiciones especiales. De hecho, con el apoyo del proceso de paz, pues se ha evidenciado que hay una cantidad de gente que está comprometida con este proceso, a pesar de la gran desinformación, pero se ha venido compenetrando con lo que implica el acuerdo y su implementación. Consideramos que ha sido muy buena la acogida, que hay mucho compromiso de la gente y mucha disposición.

—Hay compromiso de la guerrilla, lentitud en el Gobierno y se viene asesinando a líderes populares en toda Colombia. ¿Cómo analiza usted esta situación?

—Primero que todo nos parece muy doloroso que sigan muriendo dirigentes en toda la geografía nacional, luchadores de todas las corrientes, gentes que defienden el ambiente, luchadores sociales, gentes que están con sus comunidades haciendo procesos organizativos. Es muy triste que venga pasando esto, teniendo en cuenta que ya está firmado el acuerdo y que hay un compromiso de parte del Gobierno de buscar y ahondar quiénes son los que están detrás de esos asesinatos.

Considero que debe haber un pronunciamiento unificado de estas organizaciones. De parte nuestra, nos hemos pronunciado como movimiento reclamándole al Gobierno nacional, diciéndole que esta pesadilla debe parar porque en el acuerdo está contemplado y no podemos repetir la historia de genocidios; si realmente se quiere construir la democracia tiene que parar este fenómeno de represión y asesinatos de dirigentes.

—El sociólogo y periodista Alfredo Molano Bravo dijo que se estaría reeditando el genocidio de la UP. ¿Teme que esto suceda nuevamente en Colombia?

—Creo que todos tenemos temores. Todos y todas. En la guerrillerada, en la discusión también se menciona el tema, porque lo que queremos es que, efectivamente, la movilización y la unidad de acción permitan que se frenen esos fenómenos. No podemos permitir que el dolor vivido por la sociedad colombiana durante la década de los 80 y 90, pues se repita. Es tiempo de denuncia y de decirle al Gobierno y a las élites que paren, que aclaren quiénes están detrás de esos crímenes, quién está financiando y frenar.

—El presidente de los Estados Unidos Donald Trump dijo que estaba dispuesto a revisar este acuerdo. ¿Hay algún temor en la guerrillerada por este pronunciamiento?

—No. Nosotros firmamos un acuerdo, acuerdo que está de manifiesto el Estado colombiano, más allá del presidente, y nosotros consideramos que lo que está en el acuerdo es inamovible, porque es lo que acordamos, hay un compromiso político y eso debe ser independiente de los comentarios o de las campañas mediáticas que haga el régimen imperialista desde Trump.

—Según su criterio, ¿qué papel debe jugar la población civil en la implementación de este acuerdo?

—La defensa. O sea: el acuerdo está y ahí está la decisión de la insurgencia en convertirse en fuerza política y a llevar adelante el acuerdo. A las comunidades les corresponde organizarse, conocer el acuerdo y defenderlo. El acuerdo no es solamente para la insurgencia, es para el pueblo colombiano y por ende su defensa debe ser en el marco de la unidad y la movilización en construcción colectiva.

—El comandante Timoleón dijo que ese acuerdo ya no le pertenece ni a las FARC ni al Gobierno, le corresponde al pueblo. ¿Qué opina usted?

—Por supuesto que sí. Si uno analiza el acuerdo, lo que allí está contemplado es una cantidad de derechos que diría uno deben ser garantizados en general para la sociedad colombiana. Nosotros hacemos parte en tanto que vamos a reincorporarnos y tenemos los mismos derechos, pero es una cantidad de exigencias que debe hacer el pueblo en general, porque es un acuerdo del pueblo y por el pueblo y por eso el pueblo los debe defender.

—Según usted el 40 por ciento de las FARC es femenino. ¿Cómo es el trato de la mujer dentro de la FARC? Es más: ¿Cómo analiza el trato de las demás mujeres colombianas?

—Nosotros en las filas de las FARC tenemos un concepto de la mujer de mucha equidad. Las mujeres en las FARC tenemos iguales deberes y derechos, posibilidades en tanto nos proyectemos tenemos la posibilidad de ejercer cualquier tipo de responsabilidad, igual que los hombres. Ha venido en ascenso el ingreso de las mujeres, ya llegamos al 40 por ciento y eso se ha reflejado en los cuerpos de mando, que cada vez son más integrados por mujeres. Ahorita con la reincorporación esperamos que las mujeres, al igual que los hombres, hagamos parte de todo este proceso productivo, económico, social, político.

Es decir: vamos a estar en todos los escenarios. Sabemos que la mujer combatiente se va a proyectar para una cantidad de cosas, que también en este campo está el tema de la maternidad seguramente, siendo civiles van a ver más posibilidades y en el escenario de la sociedad civil en general, consideramos que la mujer colombiana va a tener también una serie de oportunidades desde la implementación para mejorar sus condiciones de vida, para exigir una vida digna para empoderarse, para volverse constructora de esta paz, pero tendrá que organizarse y formarse para ese gran reto que es levantar la bandera de la paz con justicia social.

—El Centro Democrático ataca el acuerdo hablando etéreamente de ideología y género. ¿Cómo analiza este tema?

—Aparte de ser una campaña más bien burda, donde se utilizó con total irrespeto a la población creyente y se manipuló a la población creyente con el discurso de que el enfoque o perspectiva de género era más bien una campaña a favor del homosexualismo y, bueno, una cantidad de criterios morales que no tienen lugar en el contexto político. Nosotros consideramos que el acuerdo tiene perspectiva de género en la medida que busca empoderar a las mujeres, busca empoderar a las minorías sexuales, a la diversidad sexual.

Pero, más allá de eso, la discusión son los cambios y la posibilidad democrática que todo el mundo tenga un espacio. Lo que hicieron los que estaban a favor de la guerra fue utilizar eso, deformarlo, como decía inicialmente, de una manera burda y descalificar todos los esfuerzos que se construyeron en el escenario de la subcomisión de género, descalificarlos para que la gente se confundiera y apoyara la guerra.

—¿Cómo se viene preparando la guerrillerada para asumir su nueva realidad política?

—Nosotros estamos construyendo al interior un plan de estudios, porque aparte de la formación académica, aparte de la homologación de los saberes que tenemos al interior de las filas, debemos poder prepararnos para lo que se viene en la arena política. Eso está en construcción. Pero sí en general preparándonos para proyectarnos todos como cuadros, porque la toma del poder no ha cambiado, que es el poder para el pueblo, ahora desde otros ámbitos, pero preparándonos para eso.

—¿Cómo se viene dando esta metamorfosis, normalmente o con muchos sobresaltos?

—Para todos nosotros implica si se quiere unos cambios radicales el hecho de pasar del escenario de la guerra al escenario de la política. Lógicamente, eso significa también tranquilidad, dejar de lado a pesar de los incumplimientos un poco la zozobra. La cosa más difícil es abrirnos, no a la reconciliación, sino desprevenirnos. La guerrillerada de todas maneras al haber enfrentado un enemigo que nos ha tirado bombas, que nos ha asesinado camaradas y tener que estar ahí interlocutar, hace el ejercicio de la reconciliación.

Es de las cosas que hemos venido trabajando, encontrados con distintas instituciones que antes era imposible e impensable. Pero también en el proyecto de vida personal, en función del colectivo, pues pensar uno en realizarse la muchachada, pensando qué carrera voy a estudiar. Es un proceso bien bonito. También pensarnos en colectivo el Partido político y en el movimiento que va a emerger de todo este proceso, pues ha sido una experiencia muy enriquecedora, aportar desde la célula del Partido, desde las distintas esferas democráticas internas que tenemos, pues ha sido un diálogo muy interesante.

—El Gobierno dice que no hay paramilitarismo, la guerrilla dice que un proceso con paramilitarismo no avanzará y la comunidad grita a voces que el paramilitarismo es una realidad hoy en Colombia. ¿Cómo esta esa realidad nacionalmente?

—Hemos dicho que las comunidades deben denunciar en concreto con informes puntuales dónde hay presencia. Nosotros sabemos que efectivamente se está dando el fenómeno en ascenso, la presencia, la intimidación en algunas regiones. Se tiene que denunciar porque en el acuerdo está: este fenómeno tiene que desaparecer. No podría plantearse la paz si el Estado no erradica efectivamente este fenómeno desde sus financiadores hasta los que ejecutan las acciones monstruosas. Lo que estamos diciendo es que la gente denuncie y nosotros apoyar por supuesto que se denuncie. Pero, más allá que se denuncie, el Gobierno se comprometa y se le exija que dé cumplimiento a esto, porque es impensable que nosotros podamos salir a hacer política sin el temor de ser asesinado.