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De la guerra a la cárcel
Bibiana Ramírez / Viernes 17 de febrero de 2017
 

Lida María Urrego es guerrillera de las FARC–EP desde hace 33 años. Estuvo en la X Conferencia Nacional guerrillera en septiembre de 2016 como delegada de los prisioneros de guerra, junto con otros 20 más que están privados de la libertad. Lida ha estado dos veces en la cárcel. En las dos situaciones ha tenido hijos.

Llegó a la Conferencia con la esperanza de no regresar de nuevo al encierro, sino de ir directamente a una de las Zonas Veredales Transitorias de Normalización, pues fue uno de los puntos del acuerdo. Cuatro meses después, dos tras la aprobación de la ley 1820 de amnistía e indulto, sigue en la cárcel, igual que 3.350 guerrilleros más.

Pero Lida tiene una gran preocupación. Está en la cárcel Las Mercedes de Montería y vive con su hija que tiene dos años y diez meses. Su hija nació y vive en prisión. A los tres años el Inpec se la retira. “Mi bebé ha sido un regalo que llegó en el momento preciso ya que se adelantaba con el Estado colombiano un proceso de paz. Considero que mi hija llegó a este mundo con el propósito de que siempre estuviéramos juntas y lo ha logrado hasta el momento y anhelo que así siga siendo, pues la guerra se acabó”, escribe Lida en una carta al presidente Santos y que ha hecho pública.

Cuenta Lida que la niña en la cárcel tiene sus muñecas que son sus amigas. La celda está acondicionada para que ella se sienta en otro lado. Sus tíos y abuelos la visitan y la sacan constantemente.

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La hija de Lida en la cárcel. Foto: Bibiana Ramírez

“Pero a su vez siento que ese sueño está por verse y no quiero que sea una mera ilusión. Y lo digo porque el pasado 30 de diciembre se aprobó la ley 1820 para beneficiar a los guerrilleros de las FARC-EP privados de la libertad. Ley de la que aún no nos hemos podido beneficiar ya que jueces y fiscales han armado cualquier cantidad de parapetos con el fin de negarnos toda posibilidad de recobrar nuestra libertad”, continúa la carta.

La guerra

Mi decisión de entrar a las FARC-EP fue bien pensada y analizada. Con mi familia teníamos una finca en el Magdalena Medio. A partir de determinado tiempo, recuerdo yo, empezaron los asesinatos y las torturas a los vecinos de nosotros, desaparecía mucha gente y empecé a ver persecución hacia mi mamá, hacia mi familia. Yo era una niña, pero tenía buena capacidad de análisis y todo eso me fue enfocando en que si sucedía más adelante algo con mi mamá, la decisión que yo iba a tomar era irme para la guerrilla. Empecé a maquinar la idea desde que tenía doce años y notaba que las cosas se recrudecían y se lo conté a ella.

Nos habíamos desplazado de la finca para Barrancabermeja. A mi mamá y a los campesinos les tocaba ir de manera clandestina a la vereda a sacar la comida porque tenían que traer el alimento para nosotros. En ese espacio de ir a buscar las cosas, los asaltaron en una casa, los mataron y los hicieron pasar como guerrilleros.

Eso fue un 20 de enero de 1984, también asesinaron a una hermana que acababa de cumplir 15 años. A raíz de eso empecé a materializar lo que me había proyectado, con una cantidad de negativas, porque a todo el que yo le pedía ingreso me decía que no, que tenía que estudiar, ser profesional. Hasta que un día yo le dije a un comandante, que bueno, si no me quieren recibir sé que existe el ELN, el EPL, el M-19 y voy a ir donde ellos. Entonces me dieron un tiempo, me dijeron que en seis meses volviera y fue así que al año pude lograr mi objetivo. Dar ese salto a la vida militar, a la vida guerrillera, en el mes de diciembre del año 84.

La adaptación es un proceso que no se concibe de la noche a la mañana, uno logra acostumbrarse a estar en la selva, a vivir esa vida guerrillera, pero es con el tiempo. Al principio hay cosas que dan duro, por ejemplo la separación de la familia, pero para mí lo más duro era separarme de mi mamá y no fue porque yo lo haya querido, sino porque el Estado lo quiso así.

En la guerrilla empecé a estudiar mucho, no es que uno llega a comer, a dormir y a vegetar. Empecé mi instrucción política y militar. La parte política es la preparación ideológica del guerrillero para poder hablar con el pueblo, las masas, explicar nuestros objetivos, las razones. Entonces empezamos esa parte política, ideológica, combinada con la parte militar, en defensa de nosotros, para que estemos preparados en caso de una situación de orden público.

Después de que uno salía de un entrenamiento o de un curso que demoraban hasta ocho meses, seguían los cursos político, ideológico y militar. Después de eso los cadetes, después pasaba a otra etapa que ya era guerrillera formada e iba uno al combate si quería.

Uno hablaba de que se quería foguear después de los cursos, a ver si sí voy a servir, o si voy a salir corriendo. Como no había vivido esa experiencia, muchas veces no me mandaban, hasta que llegó la oportunidad de ir. Lo primero fue un hostigamiento al Ejército, no eran tan peligrosos en esa época, si ellos estaban acampando uno llegaba y les quemaba unos tiros y los saboteaba hasta que sacaban la operación militar rápido, era como de asediarlos, estarlos molestando para cansarlos.

Las muertes de mis compañeros y las cosas crudas de la guerra es lo más duro. En los periodos de Uribe fue que se recrudeció, que implementó las acciones y los bombardeos. Me tocó ver morir a Martín Caballero y a otros compañeros, es muy doloroso y eso va a estar en mi memoria por el resto de la vida. Ver, por ejemplo, la manera en que después de estar heridos, llegan los helicópteros a demoler y matar los heridos. Es algo que me marca y me duele.

La cárcel

He sido capturada dos veces. La primera vez fue en Bucaramanga en el 2009, en flagrancia por rebelión. Estaba embarazada. Me dejaron en la cárcel de Bucaramanga, después me trasladaron para la cárcel de Cúcuta porque el Inpec se inventó un plan de fuga. Tuve mi bebé en un hospital, al día siguiente regresé a la cárcel con él.

Me consiguieron detención domiciliaria con mi hijo y, en vista de que había tanta prolongación a la solución del proceso, decidí irme con él al monte. Después las condiciones de orden público no me permitieron tenerlo y tuve que entregárselo a mi familia por problemas de seguridad. Me tocó desprenderme de él con un dolor inmenso.

Me volvieron a coger el 4 de marzo de 2013 en zona rural de El Bagre, Antioquia. Yo acababa de llegar de una unidad a otra y al día siguiente nos asaltó un comando de selva del Ejército, a las cuatro de la mañana. Debo terminar de pagar la rebelión, además tengo orden de captura por lo del secuestro del ex ministro Araújo.

La cárcel es el lado oscuro del país. Hay hacinamiento, problemas de salubridad, de corrupción, más si somos de las FARC. A mi me duele mucho ver personas de edad tan avanzada y que estén privados de la libertad. En la cárcel se ve el dolor, la necesidad, muchas madres que deberían estar con sus hijos en una domiciliaria, no lo están. Yo escucho muchas mujeres llorando por sus hijos; que recurrió a la drogadicción, que tiene éste o aquél problema, y es tan doloroso que la justicia colombiana sea tan dura con esas madres, sólo porque alguna vendió un poco de marihuana para su sustento.

En Las Mercedes las cosas han cambiado un poco, hay una parte más humana, hay respeto. Pero en la mayoría de cárceles los compañeros son maltratados, no hay sensibilidad en la guardia.

La amnistía

Van 49 días desde que se aprobó la ley de amnistía y hasta ahora sólo ha salido un amnistiado y fue en la ciudad de Ibagué en un fallo de oficio de un juez, el resto de las solicitudes han sido negadas. “Cerca de 500 solicitudes que hemos hecho desde la Coalición Larga Vida a las Mariposas no hay ninguna respuesta positiva a éstas”, dice Gustavo Gallardo, abogado defensor en la Coalición.

Una de las grandes dificultades es que no existe la Jurisdicción Especial para la Paz. Los jueces argumentan “que no hay reconocimiento por parte de las FARC hacia los prisioneros, desconociendo la carta que las FARC radicó en la oficina del Alto Comisionado para la Paz el 5 de enero de este año, en el cual reconoce a 3.353 guerrilleros”, afirma Gustavo Gallardo.

Las actas de compromiso que los prisioneros deben firmar como requisito para la aplicación de la ley 1820, en este momento no existe la Jurisdicción que las reciba. “El que han firmado los prisioneros de manera individual y particular, no lo toman en cuenta como una prueba para que sea un compromiso que se acepten en los expedientes”, complementa Gallardo.

“El poder judicial no está aplicando la ley de amnistía. Es una situación insólita para el país. Se incumple flagrantemente el acuerdo de paz. Y no sólo es un papel firmado en La Habana, ya está refrendado por el Congreso”, dijo Enrique Santiago, abogado de las FARC en un foro realizado en Medellín.

Lida hizo la solicitud de amnistía de iure, es decir, de derecho, en el proceso en el que está condenada por rebelión bajo los preceptos de la ley 1820. Recibió hace poco la notificación de que el juzgado le negó la amnistía que solicitó, “bajo la excusa de que ella representa un peligro grave para la sociedad”, agrega Gallardo.

Cuando le pregunto a Lida, para ella qué significan las Farc, ella dice que es su vida. Le tiembla la voz y sus ojos se nublan.

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Lida y su hija. Foto enviada por Lida para la campaña.