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Opinión
¡Pilas! Juan Manuel Santos no es timorato
Hay que interpretar correctamente el plan siniestro de la derecha personificado en Santos, desenmascararlo y pulverizarlo. Esto se hace diciendo y haciendo, creando organización barrial y veredal, erradicando el analfabetismo político y creando conciencia social y de clase.
Nelson Lombana Silva / Sábado 11 de marzo de 2017
 
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Comandante de las FARC Wilson Saavedra. Foto Nelosi.

Dicen algunos que el presidente Juan Manuel Santos es timorato. Según el diccionario de la Real Academia, timorato significa: “Temeroso de Dios. Tímido, indeciso, encogido”. Ni siquiera es encogido porque tiene todo el dinero del mundo para cancelar y mantener la piel estirada.

Por el contrario. Es habilidoso, sagaz, astuto, marrullero y fiel a su clase social. Además calculador, mentiroso, incumplido y sin un rastro mínimo de humanismo. La timocracia que ejerce hace alarde a su clase cerrada.

Maneja con intrepidez los libretos que su clase dominante le ha delegado. Cumple a cabalidad la orden perentoria de los Estados Unidos. Qué bien habla inglés.

No les ha cumplido a los campesinos. Dijo que no colocaría ni subiría impuestos durante su gobierno. Que tal promesa la podía escribir en roca. Dijo también que mantendría las mejores relaciones con los países vecinos. Es más: dijo que cumpliría rigurosamente los acuerdos de La Habana. Mejor dicho: Pinocho le quedó en pañales.

Sin embargo, todos estos vaivenes al parecer no son hechos fortuitos o accidentales. Todo indicaría que hace parte de unos libretos bien concebidos y bien dramatizados, en el marco de un verdadero océano de “cortinas de humo” cuidadosamente elaboradas con fines claros, precisos y concretos.

¿Qué quiere de las guerrillas? O mejor, ¿qué misión le impusieron? Quitarles las armas, incomunicarlas, alejarlas de las masas y reducirlas a su mínima expresión. O sea: hacer en la mesa lo que no pudo hacer en el campo de batalla. Además: borrar todo concepto de izquierda y desdibujar el de oposición. Bien lo advirtió el comandante fariano Wilson Saavedra cuando se le preguntó sobre la intención de polarizar al país entre el santismo y el uribismo. “Allí no hay ningún enfrentamiento”, dijo.

Agregó: “Se ha querido mostrar eso para manejar el tema de la oposición. Hoy en día en Colombia ya no es la izquierda, sino un sector de la derecha contra la misma derecha. Son manejos mediáticos para confundir a la gente” [1].

La lentitud no es solamente con el acondicionamiento de las zonas veredales transitorias de normalización, también es con el cumplimiento de la ley de amnistía, la implementación de las leyes para agilizar el acuerdo, la no masificación de la pedagogía por la paz. Pero quizás el más grande incumplimiento tiene que ver con la desarticulación de las estructuras del paramilitarismo.

Al parecer no ha movido un solo músculo de su cuerpo con esta finalidad. Por el contrario, escucha uno el runrún, en algunos barrios marginales de la ciudad de Ibagué, sobre todo por los barrios aledaños a las guarniciones militares, voces en voz baja que al parecer dicen: “El Gobierno nos sigue pagando, hay que esperar que esos entreguen sus armas para entonces sí comenzar la fiesta”.

Hay otro elemento que hace presencia en todo este proceso y que es tan propio y común en el capitalismo: la corrupción. Pero también el oportunismo para aprovechar la coyuntura y sacar partida. Por estos días un comandante guerrillero denunció que una libra de arroz que bien paga podría estar costando tres mil pesos se las están cobrando a 15 mil. Solo un ejemplo de un producto. A ese ritmo seguramente rápidamente se agotarán las ayudas internacionales y con todo el cinismo que se caracteriza Santos hará uso de la “famosa” regla fiscal y dirá: “Sí señor, yo firmé ese pacto, sé que tengo que cumplir, pero no hay dinero. Hay que esperar”.

Dilatar, demorar, retrasar lo acordado tampoco es un hecho accidental. Tiene su lógica: desmoralizar al movimiento insurgente, hacerlo que colapse y entre y reine entre ellos la anarquía, el “sálvese quien pueda”. A su vez, oxigenar a la supuesta “oposición” liderada por el narcotraficante número 82, para que él o su pelele lo suceda en la Presidencia de la República.

Carlos Arturo Lozano Guillén, que será homenajeado en su tierra el Tolima este 17 de marzo en la Asamblea Departamental a partir de las 2:30 pm, comenta en la edición que está en circulación de VOZ, la verdad del pueblo, una carta que un grupo de generales le hace llegar al presidente Santos. Entre ellos está el general Jorge Enrique Mora Rangel, quien apoyó con su firma el acuerdo de La Habana [2].

Hace este grupo al parecer serias críticas al proceso de paz (¿amenazas?). ¿Qué hay de fondo en esta misiva? ¿Saboteo al proceso de paz? ¿Intimidación? ¿Miedo a la verdad? Todos sabemos que el pecado es cobarde. Santos fue ministro de Defensa. Podría uno intuir todo un tinglado no para cumplir lo acordado, sino para burlarlo con miles de artimañas. Ojalá el anuncio del Papa Francisco de venir a Colombia en septiembre, del 6 al 11, para visitar cuatro ciudades: Bogotá, Villavicencio, Medellín y Cartagena, no sea utilizado como otra “cortina de humo”.

La situación es compleja. Juan Manuel Santos Calderón es mañoso y sin corazón siguiendo el pensamiento perverso de Nicolás Maquiavelo que dice: “El fin justifica los medios”.

Pero la situación se hace más complicada al mirar la tirantez que hay en las izquierdas. Cada una de ellas cuidando su capillita y afirmando: unidad sí pero alrededor mío. ¿Quién le pondrá el cascabel al gato? Hay que sumar el analfabetismo político entre la masas y el terrorismo de Estado del que sigue siendo víctima, más el papel alienante de los medios de comunicación. Salir de ese laberinto no es fácil, pero tampoco imposible. Todo dependerá del grado de desarrollo que demuestren las izquierdas para asumir este momento histórico que está viviendo la sociedad colombiana.

No sé si fue Confucio quien dijo algo así como que si quieres la paz, prepárate para la guerra. Claro, nos corresponde prepararnos al máximo para la guerra ideológica y política. Hay que librar mil batallas en este terreno y para ello hay que buscar la unidad, como mínimo los puntos comunes como diría el padre Camilo Torres Restrepo.

En conclusión: Hay que interpretar correctamente el plan siniestro de la derecha personificado en Santos, desenmascararlo y pulverizarlo. Esto se hace diciendo y haciendo, creando organización barrial y veredal, erradicando el analfabetismo político y creando conciencia social y de clase. Discutiendo en la acción, en la praxis, pero sobre todo en la unidad. No hay otro camino.

[1] Lombana Silva, Nelson. La otra versión acerca de las FARC-EP. Reportajes. Página consultada 28.

[2] Semanario VOZ, la verdad del pueblo. Edición número 2875 semana del 8 al 14 de marzo de 2017. Página consultada 5.