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100 años de la Revolución Bolchevique
Oktubre verde
Damiano Tagliavini / Martes 7 de noviembre de 2017
 

Enormes barcos encallados, cubiertos de óxido y rodeados de arena. Botes y redes de pesca abandonados en el desierto. Esa imagen mundialmente conocida del casi extinto Mar de Aral es uno de los tantos ejemplos que nos inducen a pensar que la URSS desatendió los problemas ecológicos de su economía planificada.

Sin embargo, las políticas impulsadas durante los primeros años de la Revolución, así como la vasta producción de conocimiento en ese nuevo campo de las ciencias por parte de investigadores soviéticos, demuestran que, lejos de esa imagen prometeica, la Rusia de los Soviets fue pionera en el desarrollo de la Ecología y la implementación de políticas de conservación ambiental.

Si bien ese camino alcanzó un desarrollo tan sólo incipiente y rápidamente fue abandonado con el ascenso de Stalin, merece ser revisitado a luz de los debates actuales sobre la crisis ecológica global, la insostenibilidad ambiental del capitalismo y el redescubrimiento de los aspectos ecológicos en el marxismo.

La Naturaleza como prioridad revolucionaria

¿Es posible que, en medio de la ebullición revolucionaria, Lenin haya dedicado parte de su tiempo a problemas ambientales? Según el historiador Douglas Weiner, el líder revolucionario era un aficionado de la naturaleza que disfrutaba de su poco tiempo libre haciendo excursiones a la montaña. Además, como parte de su interés por del conocimiento científico, en los meses previos a octubre incorporó entre sus lecturas materiales de temática ecológica.

Esa característica personal del líder bolchevique explica, según Weiner, las razones por las cuales recibió al agrónomo Nikolai Podiapolski en 1919, cuando la Revolución era amenazada tanto por enemigos internos como externos, y le dijo que la conservación de la naturaleza era una “prioridad urgente para toda la República”. Entusiasmado con esa respuesta, Podiapolski preparó un proyecto que se transformó en decreto en 1921 bajo el título de “Protección de la Naturaleza, Jardines y Parques”. El objetivo de la medida fue la creación de reservas naturales con fines científicos denominadas “zapovedniks”. Si bien en la Rusia zarista algunos terratenientes aristócratas habían creado reservas naturales privadas, el gobierno soviético las transformó en política de Estado al nacionalizarlas e impulsar la creación de muchas más en todo el país, llegando a un total de 61 reservas con cerca de cuatro millones de hectáreas para 1929.

El sector del movimiento conservacionista ruso que atrajo la atención del Lenin y otros líderes bolcheviques, como el ministro de Educación Anatolii Lunacharski, no era del tipo romántico y cultural sino de orientación científica y materialista. Se basaba en la convicción de que era necesario el estudio y la protección de la naturaleza para generar un desarrollo más eficiente de la agricultura y un uso racional de los recursos. Los zapovedniks resultaban de vital importancia porque funcionaban como reserva natural para la protección de las especies en peligro y eran el lugar ideal para estudiar el funcionamiento de los ecosistemas.

A pesar de que la mayoría de ellos no eran bolcheviques, con el apoyo del flamante Estado soviético, entre 1918 y 1929, los científicos ecologistas rusos lograron un desarrollo sin precedentes, superior al de los países capitalistas.

Algunos de sus principales exponentes fueron Vladimir Vernadsky, quien promovió el concepto de Biosfera y tuvo gran influencia en el mundo occidental; Alexander Ivanovich Oparin, quien desarrolló tempranamente la teoría del origen de la vida; el genetista Nikolai Vavilov, que descubrió las fuentes primarias de germoplasma; Kasharov, que en 1931 publicó el primer manual de ecología; y el zoologista Vladimir Stanchinski, pionero en el estudio de comunidades ecológicas, editor de la primera revista ecológica rusa y quien en el Primer Congreso de toda Rusia para la Conservación de la Naturaleza de 1929, reclamó una mayor participación de los ecologistas en la formulación del Plan Quinquenal.

De Stalin a Chernobyl

Con el ascenso de Stalin, el desarrollo de la ciencias ecológicas y genéticas fue abandonado por considerárselas “ciencias burguesas” y la naturaleza comenzó a ser concebida desde una perspectiva utilitaria. En el marco de este cambio de orientación, los zapovedniks fueron reconvertidos en centros de experimentación para la transformación de la naturaleza y la climatización de especies exógenas.

El ingeniero agrónomo Trofim Lysenko fue la figura científica dominante del stalinismo y quien lideró la persecución contra los científicos que cuestionaron su política agrícola y forestal productivista. Muchos de esos investigadores fueron encarcelados y fusilados. Una línea de pensamiento que habría contribuido a la convergencia del pensamiento socialista y el ecologismo fue aplastada por la burocracia.

Algunos científicos, como Vladimir Sukachev, lograron evitar las purgas y avanzar en el desarrollo de conocimiento ecológico, en particular en la relación entre bosques, agua y clima. Este nuevo conocimiento influyó en el Gran Plan de Transformación de la Naturaleza de 1948, desarrollado en el marco de la reconstrucción posterior a la II Guerra Mundial. El mismo consistió en una masiva reforestación que tenía como objetivo proteger las cuencas hidrográficas y revertir el cambio climático en las zonas que habían sido desforestadas.

Sin embargo, a partir de la década de 1950 la inercia productivista, intensificada por la presión de la Guerra Fría, se convirtió en un obstáculo para un desarrollo sustentable de la economía soviética.

Si bien en las décadas posteriores surgió un nuevo movimiento ambientalista soviético, el cual creció significativamente después del desastre de Chernobyl en 1986, ya era demasiado tarde para retomar un camino rojo y verde de la Revolución. El último presidente de la URSS, Mijail Gorbachov, fundó la Cruz Verde Internacional en 1992, pero ya había abandonado el socialismo.