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Salud en cuidados intensivos
Eduardo Gutiérrez Arias / Miércoles 20 de diciembre de 2017
 

En Colombia, con 50 millones de habitantes, el 97.6% de ellos están vinculados al sistema de seguridad social en salud. Del total de habitantes el 44.5% se encuentran afiliados al régimen contributivo, el 48.1% al régimen subsidiado y un 5% a los regímenes especiales y de excepción. Queda un pequeño remanente del 2.4% sin ningún vínculo al sistema de salud. Hasta aquí todo parece “santo, justo y bueno”. Amplias mayorías nacionales se encuentran vinculadas al Sistema General de Seguridad Social en Salud en cualquiera de los regímenes vigentes y sólo un pequeño margen de 1.200.000 personas están desprotegidas, pero incluso para ellas el ministerio respectivo dispone de recursos para su atención.

El problema con la salud de los colombianos está en la muy mala calidad del servicio. La ley 100 de 1993, cuyo ponente fue el senador Álvaro Uribe Vélez, decidió acabar con el Seguro Social (ISS) y entregar la atención al sector privado, bajo la falsa premisa de la ineficacia del sector público. De esta manera la salud dejó de ser un servicio estatal y se convirtió en un negocio privado que ha enriquecido a una pequeña élite en empresas como Saludcoop, Cafesalud, Coomeva EPS, Sura, Medimás, Nueva EPS, mientras la salud y el bienestar de los colombianos se deteriora. El crecimiento de la riqueza de hombres como Carlos Palacino, creador de Saludcoop y socio y amigo de la familia Uribe Vélez, es inversamente proporcional al disfrute de buena salud de nuestros conciudadanos, porque los grandes recursos del sistema terminaron en los bolsillos de los promotores de las EPS.

Quienes pasamos de los 50 años y durante mucho tiempo fuimos atendidos por el Instituto Colombiano de los Seguros Sociales (ISS) somos testigos de cómo esta entidad, sin ser perfecta, prestaba un servicio infinitamente superior a cualquier EPS de las que hoy existen. Allí en general la atención era oportuna, y no existían esos engorrosos y demorados trámites para citas médicas, exámenes de laboratorio o programación de cirugías. A los médicos se les respetaba su criterio profesional y no eran sometidos a definiciones burocráticas sobre que formular y que no, así como a definiciones sobre el tipo de exámenes que se deben practicar. Es hora de cambiar este horroroso sistema recurriendo a la movilización ciudadana para impulsar su reforma, para que la salud vuelva a ser un servicio público al servicio de los colombianos y no un oscuro negocio de comerciantes de la muerte.