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Opinión
Al César lo que es del César
Tony López Rodríguez / Domingo 24 de diciembre de 2017
 

Hay un viejo dicho que reza: “Al César lo que es del César”, y el lector seguramente se preguntará, a qué viene ese dicho, pues nada más y nada menos que este columnista atento a las noticias que se publican en Colombia, ha quedado sorprendido con recientes declaraciones del nuevo Comandante en Jefe del Ejército colombiano insistiendo en afirmar, en privado y en público que la guerrilla de las FARC-EP dialogó y pactó porque “el ejército los tenía derrotado militarmente”.

Además de falsa, es una versión que ofende, no sólo por la falacia que se comete, sino por el mensaje que se envía a una población severamente sometida durante más de cincuenta años a una campaña mediática contra el movimiento revolucionario colombiano, en este caso de las FARC-EP, creando en el imaginario de la opinión pública la idea de la derrota militar y no la de la voluntad política de unas fuerzas revolucionarias que durante medio siglo se alzaron en armas contra el sistema y ante la imposibilidad de lograr el poder por la vía armada decidieron a propuesta del Gobierno de Juan Manuel Santos, iniciar una negociación que los condujera a una paz estable y duradera.

La idea de la insurgencia de dialogar, no es de hoy, no porque esté derrotada, si repasamos la historia más reciente, de los últimos treinta años, debe saberse que en 1984 durante el gobierno conservador de Belisario Betancourt las FARC-EP inició un proceso y se llegaron a los Acuerdos de La Uribe. Y qué sucedió con la Unión Patriótica, movimiento político surgido al calor de aquellos acuerdos, sus principales líderes y miembros fueron exterminados por sectores de la fuerza pública apoyados por la derecha oligárquica, cerca de cinco mil muertos de esa organización, incluyendo la de dos candidatos presidenciales, y un tercero, el excomandante del M-19, Carlos Pizarro Leongómez, asesinado luego de la firma de los Acuerdos con AD-M19, en el gobierno de César Gaviria en la década del 90.

Los diálogos de paz iniciados por el presidente Andrés Pastrana Arango (1998-2002) con las FARC-EP y el ELN también fracasaron, no por responsabilidad de la guerrilla, la duda y la desconfianza de la insurgencia comenzó cuando Pastrana pacta con Estados Unidos un Plan Militar, bajo la cobertura y la fachada de la lucha contra el narcotráfico, cuando realmente se trataba de un plan contrainsurgente, el conocido Plan Colombia. Así lo atestiguan las famosas operaciones militares contra ambas fuerzas guerrillera, como lo fueron la Operación Bolívar en el sur del departamento Bolívar contra el ELN, operaciones donde se usaron fuerzas combinadas del paramilitarismo bajo las órdenes de Carlos Castaño y del Ejército bajo el mando del ya fallecido General Orlando Martín Carreño y en el sur del país con las operaciones Gato Negro y el Plan Patriota, este último con un importante apoyo del Comando Sur ya bajo el gobierno de Álvaro Uribe Vélez,(2002-2010) quien además aprobó el establecimiento de 7 o más bases militares estadounidense en territorio colombiano, cercenando de ese modo la independencia y soberanía de su país.

La guerrilla y esto lo sabe perfectamente el establecimiento y sus Fuerzas Militares, no fue quien comenzó está guerra que tiene cerca de 70 años, pues los primeros disparos que dieron inicio a este conflicto, fue cuando se descargaron aquellas balas asesinas en el cuerpo del prestigioso líder liberal y antimperialista Jorge Eliécer Gaitán el 9 de abril de 1948 en Bogotá. Gaitán cuya conducta revolucionaria le llevaría a buscarse la enemistad del imperio y de la rabiosa y primitiva oligarquía colombiana, era un estorbo para profundizar el modelo económico capitalista y fue su ejemplo y sangre generosa la que señaló el camino de luchar por una sociedad mejor para su pueblo.

El discurso de Gaitán, cuando la marcha del silencio en la Plaza Bolívar, conocido como la Oración por la Paz, tenía un alto contenido patriótico, por la paz, pero de grandes principios éticos, morales y revolucionarios. Es a partir de ese crimen, que el modelo capitalista y monopólico apoyado por Estados Unidos como principal beneficiario se comienza a profundizar en Colombia, también el descontento y la historia reconoce la formación de las guerrillas liberales y comunistas. Mucho después en la década del cincuenta la insurgencia liberal de los llanos orientales, cuyos líderes fueron traicionados y asesinados, como sucedió con Guadalupe Salcedo.

No ha sido solo el tema de la tierra el factor que generó la formación de la guerrilla en la década del 60, continuadora en esencia de las anteriores, porque el alzamiento y formación del movimiento guerrillero revolucionario en Colombia ha sido originado por las grandes desigualdades de un régimen que responde a los intereses del gran capital, ha sido el Estado con sus políticas excluyente, abusiva y discriminatoria el que ha impuesto un modelo económico, político y social, que tiene hoy sumido en la pobreza a más de 30 millones de colombianos, de ellos cerca de 6 millones en la indigencia, con un alto nivel analfabetismo, insalubridad, plagados de enfermedades curables y que mueren porque el Estado no es capaz de garantizar una salud gratuita para ellos.

La salud y la educación están en manos privadas cuyos dueños se enriquecen a costa de la desventura de sus conciudadanos. Mientras que el déficit habitacional es elevadísimo, los campesinos medios y pobres prácticamente arruinados porque las trasnacionales no le dan margen competitivo, el capital financiero crece a costa de las clases menos favorecidas y la clase media vive prácticamente al vaivén de cómo funciona el mercado, el desempleo es galopante y esos realmente han sido durante estos últimos cincuenta años los problemas que conllevaron a la formación del movimiento guerrillero cuyo objetivo era promover cambios estructurales profundos en el país, que permitiera una sociedad con justicia social.

Las declaraciones del jefe castrense no contribuyen a crear un clima en favor de la paz, él mejor que nadie sabe que con cerca de medio millón de hombres que hoy conforman las FF. MM, nunca pudieron vencer a la guerrilla, siendo esta más pequeña, un ejército guerrillero de 10 a 11 mil hombres y mujeres frente a medio millón poderosamente armados, con helicópteros, aviación, grupos especiales de combate en la jungla, con un buen servicio de inteligencia. Apoyo logístico, de inteligencia y de dirección operativa del Comando Sur de los Estados Unidos, durante el llamado Plan Patriota entre el 2003/04 cuyo teatro de operaciones ocupó cerca de cinco departamentos en el sur del país, bajo el paragua del Plan Colombia y no pudieron derrotar ni apresar a un solo e importante jefe guerrillero, con esas realidades a quién se le ocurre decir que la guerrilla fue derrotada.

Cómo explicar la denuncia publicada en la revista Semana del director para las Américas de Human Rights Watch, José Miguel Vivanco, donde señala “que entre el año 2002 al 2010 se reportaron al menos 3000 muertes por parte de la fuerza pública denominadas ejecuciones extrajudiciales o falsos positivos”. Ninguno de esos muertos eran guerrilleros, sino inocentes jóvenes de zonas campesinas detenidos, asesinados y vestidos con uniformes e insignias que los identificaban como guerrilleros. Por cada baja que presentaban las unidades militares, recibían condecoraciones y premios en efectivo. ¿Será que se toma en cuenta esas bajas para considerar que la guerrilla estaba derrotada?

Hay que decir que fue esa guerrilla la que extendió el ramo de olivo y no por estar derrotada, sino precisamente por buscar una solución que elimine los males sociales, las muertes y el luto en las familias, la guerra entre hermanos. Ha sido generosa y tal vez ingenua en dar credibilidad a un sistema, un Estado y un Gobierno que no tiene la menor intención de cumplir con todo lo prometido y esa es la realidad a la que estamos asistiendo. General, cuando un Gobierno tiene que sentarse casi cerca de cinco años en una Mesa de Diálogo para negociar, no es que el adversario esté derrotado: Al César lo que es del César.