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Chocó
Unguía saldrá adelante con la lucha de sus habitantes
Hernán Durango / Viernes 29 de diciembre de 2017
 

Este municipio es próspero en agricultura y ganadería. Los cultivos del cacao y pan coger prevalecen. Pero, desafortunadamente por la incertidumbre económica los labriegos se ven obligados a sembrar cultivos ilícitos, convirtiéndose esa realidad en un conflicto social al que las autoridades y las organizaciones agrarias tienen que construirle salidas conforme a lo establecido en el punto cuarto del Acuerdo de Paz logrado en la mesa de La Habana y firmado en el Teatro Colón de Bogotá, entre el Gobierno Nacional y la insurgencia de las FARC, hoy convertida en el partido político Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común.

“Hay muchos cocaleros. Por la crisis económica esa es la economía que prevalece en gran parte de la región hoy, acá impera el cultivo de hoja de coca. Hay laboratorios para el procesamiento de alcaloides. Existen componendas de algunas autoridades con bandas paramilitares que dominan en el comercio de esos cultivos ilícitos. Existen problemas de violencia por la guerra sucia que se desarrolla entre los paramilitares, Policía y Ejército Nacional, la gente no denuncia porque le da miedo. Esa es la triste realidad de hoy cuando ya no existe guerrilla, las FARC dejaron armas y se convirtieron en partido político”, nos indica la fuente que atendió nuestra conversación.

Esa misma fuente, insiste en que desde las organizaciones comunitarias y sociales se plantea que el territorio requiere una mayor inversión social en materia de vías, educación, salud, deporte y recreación. Agrega que se debe prestar atención de primer orden al mantenimiento del canal navegable que permite el ingreso a la población desde Turbo y el Río Atrato.

En nuestra visita varios pobladores nos indicaron con mucho énfasis que los grupos paramilitares han convertido a la región en un corredor de tránsito en los límites fronterizos con Panamá. Para ese negocio de llevar coca y traer dólares, armas, y todo tipo de mercancías contratan a jóvenes desempleados quienes llevar a lomo de mula o en sus propios hombros las cargas.

La situación no deja de ser preocupante por las latentes amenazas contra los pobladores y visitantes. No se puede transitar si se es desconocido y no va acompañado por alguien del poblado, lo pueden confundir con “sapos” por parte de las autoridades o viceversa. Si la persona desconocida entra al puerto de Unguía corre peligro, lo más probable es que lo cojan. Lo amarren y lo investiguen. Puede ocurrir asesinato, ya se han presentado casos, es lo que relatan algunos habitantes.

Este no puede ser el panorama de un territorio tan acogedor como el de Unguía y sus habitantes. Las autoridades municipales, departamentales y nacionales, representantes en todas las instancias, en conjunto con las demás instituciones y organizaciones sociales y sectores políticos deben continuar sus acciones para de nuevo encarrilar a este municipio, la región y el país por el sendero que la mayoría clama.

Recordemos que han pasado ya más de 500 años, de aquel año 1510 cuando el español Vasco Núñez de Balboa, fundó en esta parte del nuevo continente la población denominada Santa María la antigua del Darién, sembrando la dominación, odio y sojuzgamiento contra nuestros nativos, postulados que deben ser extirpados para siempre de la faz de la tierra.