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Real Madrid 2 – Polonia 6
César Jerez / Lunes 4 de mayo de 2009
 

Fundador y redactor de la Agencia Prensa Rural. Geólogo de la Academia Estatal Azerbaijana de Petróleos (exURSS). En Bakú obtuvo una maestría en geología industrial de petróleo y gas. Es profesor y traductor de idioma ruso. Realizó estudios de gestión y planificacion del desarrollo urbano y regional en la Escuela Superior de Administración Pública -ESAP de Bogotá. Desde 1998 es miembro de la ACVC. Actualmente coordina el equipo nacional dinamizador de Anzorc. Investiga y escribe para diversos medios de comunicación alternativa.

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La Plaza de Cibeles luce iluminada y desierta, es el día Sábado, 2 de Mayo, cerca de la media noche. La transcurro muy contento, orgásmico, mientras hago tiempo a la espera del último autobús de la madrugada con cupo disponible y rumbo hacia Barcelona.

El día anterior miles de trabajadores partían desde acá dando inicio al ritual del primero de Mayo, desde la enorme fuente en la que el Real Madrid suele celebrar sus victorias. En el centro de la rotonda se puede ver, rodeada por agua, a la solitaria diosa Cibeles, símbolo de la Tierra, la agricultura y la fecundidad, sentada sobre un carro tirado por dos enormes leones blancos. La plaza está delimitada por el Palacio de Buenavista (el cuartel general del ejército), el Palacio de Linares (Casa de América), el Palacio de Comunicaciones (actualmente sede de la Alcaldía de Madrid) y el Banco de España. Mucho poder reunido alrededor de una fuente.

Los 400.000 desempleados de la ciudad no asistieron a la manifestación a reivindicar sus derechos, los que si fueron se desmovilizaban tan pronto culminaba el recorrido de la marcha en busca del almuerzo, sin escuchar los discursos de los, cada vez más cuestionados, jefes sindicales, que se asemejaban mucho a la retórica del gobierno del PSOE frente a la crisis, sin ninguna propuesta seria para profundizarla o para solucionarle el problema a los 4 millones de desempleados que ha acumulado España durante el último año.

Solo algunos centenares de trabajadores gritaban “huelga general”, tal vez la única forma de denunciar a la mafia de especuladores que en España centró el modelo económico en la burbuja financiera e inmobiliaria. El ladrillo, como “todo lo solido, se desvanece en el aire”. Esto es lo que esta viviendo España, un progresivo y rápido desvanecimiento, tan solo sostenido por el turismo y las enormes ganancias de la multinacionales ibéricas en latinoamérica.

Concluida la marcha restaba por ejecutarse el último acto político del puente del primero de Mayo, el esperado duelo futbolístico del día sábado entre el Real Madrid y el Barcelona. La vieja disputa entre realistas y republicanos, entre especuladores inmobiliarios y víctimas de la hipoteca, entre fachas y rojos, entre centralismo y autonomía. El Real Madrid, que ha tenido propietarios, administradores, hinchas e incluso jugadores irreductiblemente fachas, llegaba al encuentro con declaraciones de prensa sobradoras que presagiaban un desenlace fatal. Algunos hinchas mandaban a “los catalanes a comer butifarra”, otros lanzaban versiones sobre la compra del arbitro, llamaban enano a Messi y algunos hacían comentarios racistas sobre el pichichi Eto’o.

Pero hay un tipo de fachas consolidados, hinchas del Real Madrid, que todavía llaman polacos a los catalanes, por el simple hecho de hablar en su lengua natal. Lengua que llegó a ser prohibida por el dictador Franco. Los catalanes han respondido a la afrenta con sarcasmo y han realizado un programa semanal de televisión de humor político al que han bautizado “Polonia”. http://www.tv3.cat/polonia

Por cuestiones del destino, de los camaradas de La Tertulia y del pastis de Occitania me tocó ver el partido entre madridistas de Getafe, en un concurrido bar del centro. Ver allí como el sólido Real Madrid se desvanecía con cada gol del Barça resultaba irónico y reconfortante.

Después del histórico triunfo, ya en el tren hacia Madrid me propuse volver a Cibeles antes del regreso a Catalunya. Estando en la solitaria Plaza de Cibeles me imaginé la celebración de los culés en Barcelona, el agosto de los “paquis” vendiendo cerveza, a los “guiris” sin tener donde meterse, a los mossos d’esquadra esperando para torturar a los más “desadaptados”, a la pequeña fuente de Canaletes con los típicos hinchas colgados de ella, sobre La Rambla, donde se festejan los triunfos del Barça. Estaba en Madrid, en Cibeles, con ganas de celebrar, era el sitio y el momento ideal para gritar: “ viva Polonia, cabrones”.