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La Monsanto: algo hay de Francia a Estados Unidos a México y Colombia
Comisión Intereclesial de Justicia y Paz / Sábado 10 de febrero de 2007
 

Un fallo reciente contra la Monsanto en Francia y la persecución judicial injusta y obsesiva adelantada por la multinacional en los Estados Unidos son las dos caras de una misma moneda.

Mientras en Francia los jueces dan la razón a los demandantes por publicidad engañosa al especificar en los envases del Roundup o glifosato, que este es "amigable con el medio ambiente" y que se destruye en la tierra, sin producirle ningún tipo de daño, en Estados Unidos la transnacional demanda a campesinos de EU por uso de semillas transgénicas asegurando que los agricultores no compraron el producto y dejando de lado más bien que su productos por el proceso de polinización han contaminado los campos.

Para la empresa, la pena de una multa pecuniaria ni siquiera le supone gran preocupación en sus estados financieros. Su imagen de por sí deteriorada en ámbitos críticos, ambientalistas, sociales, campesinos organizados y de derechos humanos ha trascendido las fronteras europeas y ha llegado a la opinión pública mundial, lo que seguramente afectará ahora su buena imagen y la percepción de consumidores de ser una empresa "ética" en todo el mundo.

El mundo conoce la actividad de la Monsanto, en el campo de los transgénicos u organismos genéticamente modificados (OGM), y en el de los agroquímicos.

"…Monsanto tiene el monopolio y control de más del 90% de la superficie total sembrada con cultivos transgénicos en el mundo. Las semillas de mayor venta en el mundo son tolerantes al herbicida glifosato, pero en realidad la venta de estas semillas sólo es el instrumento para mantener y aumentar las ventas del herbicida, propiedad de Monsanto. Estas semillas y tecnologías son protegidas y controladas por las empresas a través de patentes o derechos de propiedad sobre plantas, animales y material genético de seres vivos…" [1].

El aparente bienestar que se generaría por las OGM ha ido quedando al descubierto, por las afecciones en la salud humana, las modificaciones ambientales y orgánicas, la modificación estructural de las relaciones campo - seres humanos, seres humanos - biodiversidad, territorio y sistemas de vida, la apropiación ilegal y legal de frutos y la obligación a través de las políticas públicas de países empobrecidos de acrecentar el uso de semillas mejoradas.

Lo más sagrado de la vida, la capacidad de reproducirla y multiplicarla, se ha ido convirtiendo en historia pasada, con las actividades que esta y otras empresas desarrollan en todo el mundo. Las semillas genéticamente modificadas de maíz, soya, algodón, bajo este esquema van mostrando la dependencia del campesino sobre los productos de la empresa. Los granos recogidos en la cosecha no pueden volver a usarse, o pueden ser sembrados pero no pueden volver a producir, salvo con la adquisición de una nueva semilla con el nombre de Monsanto o con una serie de nutrientes que sólo produce la Monsanto. Uso dentro de toda la etapa, de preparación, de siembra y de cosecha de productos de la Monsanto, como el uso de herbicidas, por supuesto, producidos por la Monsanto como el famoso Roundup o glifosato. Usados también en Colombia en plantaciones de palma y en la erradicación de la coca.

El campesino que compró semillas transgénicas se ve obligado a comprar más de nuevo para volver a sembrar. Todo ello bajo la promesa falsa de que con las semillas transgénicas la producción es mayor. Y con el aliciente de que, si usa semillas transgénicas de la Monsanto, también podrá usar cuantas cantidades quiera de herbicidas, también de la Monsanto, pues precisamente las semillas se han modificado genéticamente para que resistan el poderoso herbicida que mata el resto de hierbas que pueda haber alrededor.

Pero a la engañosa publicidad de la Monsanto, le continúa una serie de técnicas y mecanismos de control y de persecución sobre sus usuarios o sobre quiénes se ven afectados por el uso de sus productos. De acuerdo con Greenpeace, la Monsanto realiza investigaciones exhaustivas hacia los agricultores, demandas contra agricultores a quienes considera han violado el uso de patentes o de exclusividad de la semilla.

Muy pocos compradores, consumidores incautos, conocen de la posibilidad de ser demandados. Otros con desconcierto y sorpresa son demandados por la empresa cuando ésta considera que su monopolio mundial sobre la vida vegetal entra en riesgo por la existencia de siembras con semillas nativas, a las que considera atentatorias de las patentes.

Dos caras de una misma empresa, la que se muestra como benefactora de la humanidad por la biotecnología, la misma que engaña mostrándose como la bondad suma en términos ecológicos, la que oculta su rostro de hierro con el cual persigue a sus propios compradores y usuarios, y a quiénes concibe como sus enemigos.

Algo de verdad empieza ya a aparecer en relación a la actividad de este gigante empresarial. Pero queremos la verdad, la única verdad invisibilizada, más justicia, en relación a sus actividades en Colombia. Aquí ha existido una irregular forma de introducción de las semillas transgénicas en el país, como en lo relativo al lucrativo negocio de las aspersiones con glifosato. Bajo la excusa del ataque a los cultivos de uso ilícito, la Monsanto ofrece sus productos en el paquete del Plan Colombia, los que están ocasionando desplazamiento, destrucción de los cultivos de supervivencia de los campesinos, enfermedades, modificaciones de los ecosistemas y problemas entre pueblos. Pero olvidan la Monsanto y el gobierno colombiano que incluso Afganistán, tan amigo de Estados Unidos, ¡se ha negado a rociar con glifosato sus territorios como forma de acabar con la amapola! Falta de vergüenza y de dignidad en los dirigentes colombianos, al fin y al cabo son parte de la misma estirpe de negociantes del planeta y de la criminalidad que se viste de ecologismo, de democratismo y de pacifismo.

Algo hay de Francia a Estados Unidos a México y Colombia. Los pueblos, las comunidades, los sectores de la sociedad civil tendremos una nueva oportunidad de conocer a la Monsanto, en una preaudiencia en Medellín entre el 22 y 23 de febrero, y en la cuenca del Cacarica el 25 y 26 de febrero, dentro de la audiencia sobre biodiversidad, que se inscribe en la 32 sesión del Tribunal Permanente de los Pueblos. Allí, más verdad. Allí más condena, condena ética, el lugar desde donde el mundo podrá ser otro.

[1] Grupo Semillas