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Presentación del libro "Petróleo y protesta obrera. La USO y los trabajadores petroleros en Colombia"
Renán Vega Cantor / Domingo 14 de junio de 2009
 

“Para muchos de nosotros el objetivo final de nuestra labor es crear un mundo en el cual los trabajadores puedan forjar su propia vida y su propia historia, en vez de dejar que se la forjen otros, incluyendo los académicos”.

Eric Hobsbawm, El mundo del trabajo. Estudios sobre la formación y evolución de la clase obrera, Editorial Crítica, Barcelona, 1987, p. 28.

1

La idea de escribir este libro nació durante la huelga que en el 2004 adelantó la Unión Sindical Obrera de Colombia (USO), ya que a raíz de este acontecimiento, en el que quedó esbozada la posibilidad de eliminar a uno de los grandes sindicatos que aún quedan en Colombia, nos formulamos el propósito, casi obsesivo, de recuperar la rica y compleja historia de los trabajadores petroleros de nuestro país.

En medio de la crisis del sindicalismo y de la desaparición de muchas organizaciones gremiales se torna indispensable rescatar la historia de los obreros petroleros, con el anhelo de que ojala les pudiese servir a ellos mismos y al resto de los trabajadores colombianos para recuperar parte de su trasegar vital durante el siglo XX, y con la perspectiva de dejar un legado escrito sistematizado que sea un testimonio de sus luchas y expectativas y pueda servir a las nuevas generaciones de trabajadores a pensar y enfrentar los problemas del presente.

Aunque sobre la USO y Barrancabermeja exista un importante acervo bibliográfico, la mayor parte de libros y artículos se limita a repetir a uno u otro de los escritos pioneros que han hecho contribuciones informativas o analíticas, sin aportar nuevos elementos ni empíricos ni interpretativos.

Afortunadamente, cierta documentación inédita que encontramos nos posibilitó hacer una reconstrucción histórica que no se limitó a reiterar a las cosas ya establecidas y nos ayudó a esbozar una visión más amplia y coherente con respecto a lo que hasta ahora se había dicho sobre la USO en diversos estudios, muchos de ellos valiosos y significativos [1].

Este libro lo hemos titulado Petróleo y protesta obrera, en el ánimo de resaltar los dos aspectos más importantes que atraviesan la investigación de principio a fin, y que están referidos a las consecuencias sociales y laborales que, desde las primeras décadas del siglo XX, ha generado la explotación petrolera en todos los sitios del territorio colombiano donde se ha implantado.

El petróleo ha sido desde finales del siglo XIX una materia prima estratégica para el funcionamiento del capitalismo mundial, lo que ha acarreado guerras, invasiones, golpes de estado, dictaduras, sometimiento de países por parte de las grandes potencias, saqueo de recursos naturales, apropiación de vastas regiones de los territorios productores, consolidación de empresas multinacionales, formación de economías de enclave en los países dependientes y muchas cosas más.

Todo eso se ha repercutido de manera directa, desde luego, en aquellos territorios que cuentan con hidrocarburos, como Colombia.

Aquí, desde la llegada de los petroleros extranjeros en la década de 1910, se estableció como forma dominante el enclave, tal y como aconteció en la zona de Barrancabermeja por parte de la Tropical Oil Company. Esta compañía estadounidense se dio a la tarea de extraer hasta la última gota del petróleo de la región, para lo cual necesitaba hombres (literalmente hablando) que realizaran todas las duras faenas, propias de esa industria extractiva.

Por esta circunstancia, en las zonas petroleras que se delinearon en el país a lo largo del siglo anterior (El Catatumbo, Yondó, Cantagallo, Mompós, Orito, Sabana de Torres, Arauca, los Llanos Orientales…), han sido necesarios los trabajadores, para extraer el petróleo y hacerlo llegar al mercado internacional.

Es imprescindible recalcar la idea, aunque sea de sentido común, de que cualquier proceso productivo requiere de seres humanos que produzcan, por la sencilla razón de que en los tiempos neoliberales que hemos vivido en los últimos 20 años ha cobrado fuerza la falsa creencia que es posible prescindir por completo de ellos, hasta el punto que ciertos autores han planteado la existencia de un “capitalismo sin trabajadores”, una contradicción lógica si tenemos en cuenta que el capitalismo es una relación social en la que se necesitan por lo menos dos sujetos (productores directos y capitalistas) que tienen intereses antagónicos [2].

En el fondo, un anuncio como el señalado confunde las transformaciones experimentadas por el trabajo en el capitalismo tras el eclipse de los estados sociales de tipo regulador e intervencionista, con la pretendida desaparición de la gente que vive del trabajo y de las relaciones salariales. La desorganización de los trabajadores implica su atomización y fragmentación para impedir sus acciones colectivas, pero también significa una ruptura brutal con la memoria de sus luchas.

De ahí que la afirmación sobre el “fin del trabajo” y frases por el estilo tengan amplias implicaciones, en el sentido de desarticular los nexos entre las luchas que los obreros libraron en otros tiempos y la pasividad que se les reclama ahora.

Para enfrentar mitos como el de un “capitalismo sin trabajadores”, cumple un papel esencial la recuperación histórica de procesos como el que nos ocupa en estas páginas, porque dadas las condiciones de funcionamiento de los enclaves imperialistas, con una fuerte carga de explotación y humillación de los obreros locales por las compañías foráneas, emergen diversas formas de protesta, empezando por la resistencia a la proletarización, desde el mismo instante en que se implantó el enclave de la Tropical Oil Company en un extenso paraje del Magdalena Medio.

A partir de ese momento, y hasta el día de hoy, la protesta obrera ha acompañado a la explotación petrolera. Precisamente, esta obra resalta el impacto de la explotación petrolera en la vida de distintos sectores de la sociedad, destacando la resistencia y luchas de los trabajadores.

Este aspecto nos lleva a plantearnos la siguiente pregunta: ¿Para qué puede servir la historia de la USO, cuando se anuncia en el ámbito mundial, con bombos y platillos, el fin de la clase obrera y de sus formas de organización y a nivel nacional se nos dice que las huelgas y otras formas de luchas de los trabajadores forma parte del pasado y no tienen nada que ver con el mundo actual?

Justamente, esta investigación quiere contribuir a recuperar una historia palpitante que no es cosa del pasado, como suele pensarse, sino del presente y del futuro, porque aunque se haya modificado el mundo del trabajo, en los planos mundial y nacional, eso no quiere decir que los trabajadores asalariados no sigan existiendo. Por el contrario, hoy son más importantes que nunca para el funcionamiento de la economía mundial capitalista, y por ello el mundo laboral ha soportado una terrible reestructuración en los cinco continentes.

A ese hecho los propios voceros del capitalismo lo han bautizado con el apodo de “flexibilización laboral”, un eufemismo para disimular la pérdida de derechos y de conquistas históricas de los trabajadores asalariados y justificar las nuevas condiciones de explotación y de opresión, similares a las que conoció la humanidad trabajadora en los siglos XVIII y XIX, entre las cuales se encuentra el regreso de la esclavitud (de niños, hombres y mujeres), la ampliación hasta el límite biológico de la jornada de trabajo (como sucede en las maquilas y en las fábricas de la muerte), la reducción de los salarios reales por debajo incluso del valor de la fuerza de trabajo (es decir, que el salario ni siquiera alcanza para el mínimo vital indispensable).

Para hacer posible la reestructuración del trabajo, el capitalismo ha recurrido a diversas formas de violencia, entre las cuales sobresale la destrucción de los sindicatos y de las organizaciones laborales que pudieran convertirse en un medio de resistencia a la ofensiva de los capitalistas.

En ese sentido, el arrasamiento de los sindicatos, máxime si fuesen autónomos y con orientación clasista, es una condición para implantar el nuevo modelo laboral del capitalismo contemporáneo, en el que han desaparecido los derechos y en el que los seres humanos deberían resignarse a asumir la explotación como algo normal, sin atreverse a protestar, y mucho menos en forma colectiva, porque esto es considerado como una manifestación casi prehistórica, porque se supone que hoy en tiempos de capitalismo mundializado, los hombres y mujeres no somos sujetos históricos sino que nos hemos convertido en entes robotizados al servicio del capital.

Todos estos aspectos se han manifestado en Colombia en general y en las zonas petroleras del país en particular, porque la tan manida flexibilización laboral se ha generalizado en nuestro medio, como resultado de lo cual se han desmejorado las condiciones laborales de la población ocupada, han desaparecido los derechos y garantías y han sido aniquilados muchos sindicatos.

Esto se ha acompañado en Colombia, como pocos países en el mundo, de la persecución, la detención, la tortura, la desaparición forzada y el asesinato a mansalva de trabajadores y dirigentes sindicales, como uno de los mecanismos principales de la flexibilización laboral en el país.

De esta manera han sido diezmados físicamente, hasta hacerlos desaparecer por sustracción de materia, muchos sindicatos, en sectores económicos tales como el bananero, el palmicultor, el carbonífero o el lácteo y han sido atacados los trabajadores petroleros, y la USO en particular. En tales circunstancias, lo que resulta llamativo no es que hayan desaparecido sindicatos y los que quedan soporten una aguda crisis, sino que todavía existan, en un medio donde la palabra sindicalista ha sido proscrita y el hecho se serlo implica un elevado riesgo de muerte.

Y es todavía más notable que, en un contexto tan terrible como el colombiano, se sigan presentando huelgas y protestas laborales, como las que hace poco llevaron a cabo los trabajadores de la caña de azúcar en el suroccidente de Colombia, lo cual indica que todavía hay seres humanos que no piensan que el capitalismo gansteril es una maravilla y que se reafirman como sujetos sociales, con sus propios sueños y expectativas.

En este contexto actual, adquiere mucha importancia el conocimiento de la historia de los trabajadores petroleros, si nos atenemos a la sugerencia de Walter Benjamin, cuando dice: “El contemporáneo que al leer una obra de historia, se da cuenta de cuan larga ha sido la preparación de la miseria que la embarga –y mostrar esto al lector debe ser una tarea entrañable del historiador- reconoce así el gran mérito de sus propios poderes. Una historia que educa de este modo, no causa melancolía, sino que proporciona armas a la gente” [3].

Reconocer “el gran mérito de sus propios poderes”: he ahí una bella máxima sobre la importancia de la historia, que bien podemos aplicar a la situación particular de los trabajadores petroleros de Colombia, porque a lo largo de su prolongada resistencia y lucha contra las empresas petroleras, extranjeras y nacionales, han desplegado una incesante capacidad colectiva para obtener importantes derechos laborales (hoy casi todos eliminados, por desgracia) que no han sido ninguna dádiva de las empresas, puesto que se alcanzaron mediante la confrontación directa y con mucho sacrificio.

Fue ese poder obrero el que posibilitó arrancarle, al capital transnacional de los monopolios petroleros que se asentaron en este territorio, mejores condiciones de vida para los trabajadores y sus familias, en medio de derrotas, pero también de resonantes triunfos. Y en esta historia queremos exaltar los alcances de la protesta de los trabajadores petroleros porque no nos podemos limitar a ser los agoreros de las derrotas, como si fueran una fatalidad histórica, sino a recordar, con todas sus contradicciones, los logros de los trabajadores.

En esa dirección nos parece atinada la observación del historiador estadounidense Howard Zinn:

"Tener esperanzas en tiempos difíciles no es una estupidez romántica. Se basa en el hecho de que la historia humana no se refiere sólo a la crueldad sino también a la compasión, el sacrificio, el coraje, la bondad.

Lo que elijamos enfatizar en esta historia compleja determinará nuestras vidas. Si sólo vemos lo peor, lo que vemos destruye nuestra capacidad de hacer algo. Si recordamos los momentos y lugares –y hay tantos- en los que la gente se comportó magníficamente, eso nos dará la energía para actuar, y por lo menos la posibilidad de empujar a este mundo, que gira como un trompo, en otra dirección" [4].

En síntesis, las historias que contamos y que evocamos, como las que aparecen en estos libros, son herramientas que nos sirven para sobrevivir y para enfrentar nuestro conflictivo mundo, “son una protección que nos permite salvarnos y también activar instrumentos para cambiar el mundo, porque hay poder en las palabras. Están hechas de aire pero dejan su marca en la realidad material” [5].

Esto es valido para la historia de la USO y de los trabajadores petroleros, pletórica de realizaciones, que así como enfrentan la expropiación del petróleo colombiano por las multinacionales y los países imperialistas también soportan el proceso de expropiación de su propia historia y memoria.

No olvidemos que las dos cosas van juntas, ya que para poder saquear la naturaleza y explotar a los seres humanos, nada mejor para los capitalistas que vaciar la mente de los trabajadores de cualquier vínculo con el pasado –que es al mismo tiempo con el futuro-, para anclarlos en un perpetuo presente, sin nexos sociales ni culturales con otras generaciones que los antecedieron en sus luchas, contra los mismos que hoy anuncian, como ayer y como siempre, que el capitalismo es insuperable, o como lo diría John Berger “el papel histórico del capitalismo es destruir la historia, cortar todo vínculo con el pasado y orientar todos los esfuerzos y toda la imaginación hacia lo que está a punto de ocurrir” [6].

Para decirle mejor, acudamos a la expresión poética, a manera de conclusión sobre la importancia de la historia: “No tienes nada/ si no tienes las historias./ El mal de ellos es muy poderoso/ pero no puede vencer a nuestras historias./ Así que ellos tratan de destruir las historias,/ de dejar que se confundan o se olviden./ Les encantaría eso./ Serían felices/ porque nosotros estaríamos indefensos sin ellas” [7].

2

Para efectuar esta investigación hemos seguido un largo recorrido que ha necesitado cuatro años para llegar a su meta. Primero, se elaboró un plan general de trabajo, incluyendo los temas centrales, las fuentes tentativas y un cronograma aproximado. Al respecto, se propuso hacer un seguimiento para el período 1920-2008 de un diario de circulación nacional (El Tiempo o El Espectador) para apoyarnos en un soporte informativo sobre la forma cómo fue captada la acción de los trabajadores petroleros por las clases dominantes y desde el centro del país.

También se determinó consultar durante ese mismo lapso de tiempo un periódico de izquierda, para tener un punto de vista distinto al de la prensa oficial. En la medida en que fuera necesario y posible, se amplió la consulta de prensa para ciertas coyunturas y momentos álgidos de la historia de la USO, principalmente en épocas de huelga o de conflictos sociales, en los que sobresale el cubrimiento periodístico.

De la misma forma, se recalcó la importancia de realizar entrevistas a trabajadores activos, pensionados o a dirigentes sindicales que habían sido despedidos de Ecopetrol, así como a personas relacionadas de una u otra forma con las actividades de la USO. Por supuesto, se planeó la consulta de las fuentes generadas por la propia organización sindical, en sus principales sedes.

Segundo, con este plan ya esbozado se procedió a conformar un grupo de investigación, integrado por Alexánder Pereira, Ángela Núñez, Silvia Becerra y Emilce Garzón, y coordinado por el autor de estas líneas. Con este grupo se discutió y perfeccionó el plan de trabajo y se iniciaron las labores de recolección de información a comienzos de 2005. Durante dos años los integrantes del grupo nos reunimos cada semana para estudiar diversas obras sobre el petróleo, precisar los avances del trabajo y clarificar el contenido temático de la investigación.

Este trabajo colectivo contó con la participación de jóvenes investigadores que, en forma simultánea, han aportado sus conocimientos y han ido aprendiendo al calor de la práctica real de la investigación histórica, y tuvo como primer resultado la organización de un panel sobre la historia de los trabajadores petroleros en el XII Congreso de Historia de Colombia, en Bucaramanga en agosto de 2006, y en el que se presentaron diez ponencias, la mayor parte de ellas elaboradas por miembros de el equipo de investigación sobre historia de la USO .

Tercero , como una parte central de esta investigación se realizó un trabajo de campo en Barrancabermeja, Yondó y Cantagallo en los meses de junio y julio de 2005, que sirvió para acopiar testimonios y recolectar información de primera mano en diversos archivos y bibliotecas de la USO y de la administración municipal en los lugares mencionados. También se realizaron visitas a Bucaramanga y a Arauca, donde se desarrollaron talleres con los trabajadores, encaminados a recalcar la importancia de la recuperación histórica y a diseñar procesos metodológicos que ayudaran en la investigación propuesta.

Como parte de este esfuerzo, en Barrancabermeja se organizó el grupo de estudios históricos Raúl Eduardo Mahecha que funcionó durante algunos meses en 2005 y que buscó y recolectó materiales que han servido como soporte informativo en esta investigación.

Cuarto, tras recolectar la información durante más de dos años, en mayo de 2007 se inició la redacción final del libro y, en el camino, nos fuimos percatando de la riqueza del material recogido, por lo cual el plan inicial de escribir cinco capítulos se amplió hasta 11, que a la postre constituyen los dos volúmenes de esta obra.

De cada uno de los capítulos que forman este libro se escribieron múltiples borradores, en ocasiones cinco, seis o más versiones, en una lucha constante con la palabra y el intento de buscar la mejor expresión escrita, que pudiera ser, a la vez, rigurosa y accesible a los trabajadores petroleros, nuestros principales e inmediatos destinatarios.

Quinto, luego de redactar los dos volúmenes decidimos que este resultado preliminar fuera leído por un grupo de personas próximas al mundo de la USO, incluyendo a ex trabajadores y pensionados de Ecopetrol, como forma de rastrear el alcance y sentido de lo plasmado en nuestro escrito. Así se hizo, y durante tres jornadas en el mes de noviembre de 2008, 15 lectores en las ciudades de Bogotá y Barrancabermeja nos dieron variadas opiniones sobre esta investigación.

En la medida de lo posible hemos asimilado las sugerencias, críticas, aportes, comentarios y correcciones propuestas por aquéllos que en forma paciente leyeron los originales de estos libros, siempre en la perspectiva de mejorar el material que se iba a entregar a la imprenta.

Para completar la labor de investigación, con Luz Ángela Núñez realizamos un rastreo fotográfico que ha cubierto buena parte del siglo XX, para presentar un material visual que acompañara este escrito, con el fin de hacerlo más atractivo, pero también para rescatar la fuente icnográfica , poco trabajada en nuestro medio, que forma parte de la memoria de las luchas obreras y populares.

Por esta razón, estos libros vienen acompañados de una gran cantidad de ilustraciones, que esperamos plasmen una parte de la amplia historia de la USO y de los trabajadores petroleros hasta el día de hoy.

3

Es necesario mencionar de manera sintética los rasgos generales de la reconstrucción histórica que se presenta en esta investigación. Para empezar, no hemos querido escribir una historia ni apologética ni contra heroica de los trabajadores petroleros, más bien hemos intentado sopesar el sentido de sus acciones, examinando su carácter contradictorio, como todo lo humano, con sus triunfos y sus derrotas, sus logros y sus pérdidas.

Hemos partido del análisis de las condiciones materiales de existencia en que surgieron y vivieron los trabajadores petroleros y a partir de allí se han examinado sus formas de organización y de lucha, las influencias ideológicas y políticas que recibieron, así como las manifestaciones culturales de su accionar.

Un elemento privilegiado de esta historia está relacionado con las huelgas y protestas obreras y hemos intentando reconstruirlas, siempre que fuera posible, desde dentro, es decir, a partir de la misma información generada por los propios trabajadores y por la dirigencia de la USO.

Con esta idea en mente se ha buscado escuchar la voz de los protagonistas directos de los conflictos huelguísticos, reconstruyendo sus temores y esperanzas, a través de las consignas, los símbolos y los ritos que forjaron en el curso de esas acciones. Como esta no es una historia exclusiva de episodios huelguísticos sino una visión de conjunto de la USO, cada huelga se inscribe en un contexto más amplio, para tratar de desentrañar lo que en ella estaba en juego. Además, junto a las irrupciones sociales se detallan las condiciones cotidianas de vida de los trabajadores en las zonas petroleras.

Debe subrayarse que esta no es una historia de Barrancabermeja, aunque ésta sea el escenario principal del desenvolvimiento de la USO, por la sencilla razón de que en las últimas décadas la dinámica social, demográfica y espacial de esta ciudad desborda a la Unión Sindical y adquiere sus propios contornos y emergen nuevos sectores sociales, con sus propias formas de existencia y de lucha. Por lo demás, los trabajadores petroleros no se encuentran sólo en Barrancabermeja, por lo cual la USO, en cierto momento, influye en los trabajadores de otras zonas.

Por esta razón, aquí se esboza la historia de los trabajadores petroleros en otras regiones del país (tal y como sucede con los de El Catatumbo, Yondó, Cantagallo y Orito), con todas las limitaciones existentes para reconstruirla. Si otras regiones petroleras del país no aparecen en este libro, no es porque no hayan sido importantes, sino que no hemos conseguido información para estudiarlos.

Queda, entonces, como tarea pendiente, que ojala asuman otros investigadores y los propios trabajadores, la labor de reconstruir con detalle y seriedad la historia de la explotación petrolera en otras regiones del país, que no aparecen registradas en esta obra.

Así mismo, se han pretendido abarcar los más diversos aspectos (sociales, económicos, políticos, culturales, ideológicos) porque la reconstrucción de la historia de los trabajadores no puede desligarse de todo el entramado social, ni de la historia de un país.

Por lo mismo, el lector encontrará que en los diversos capítulos se ha hecho un esfuerzo por integrar de manera coherente los más variados tópicos para tratar de entender la lógica de la acción de la USO y de los trabajadores petroleros, sin intentar hacer una lectura exclusivamente política, económica e ideológica de una historia palpitante, como la vivida y hecha por los trabajadores en las zonas petroleras.

Al final de cada capítulo hemos decidido presentar en pocas líneas la síntesis biográfica de algún personaje de la USO o ligado de manera directa al mundo petrolero, no con el fin de hacer una historia heroica de signo contrario, sino para rescatar a unos pocos entre los luchadores colombianos vinculados entrañablemente con la Unión Sindical Obrera y que, con sus ideas y acciones, han hecho historia en beneficio de las clases subalternas.

Esta breve recuperación apunta a mostrar tan sólo una parte de las contribuciones de los trabajadores petroleros a la construcción de un país democrático, donde cupieran todos, incluyendo a aquellos que desean una sociedad justa, soberana e independiente.

O como lo decía la seccional de Puerto Salgar de la USO a comienzos de la década de 1960: “Luchamos por un futuro en el cual las relaciones entre los hombres se basarían en el respeto mutuo, en la fraternidad y la colaboración, y no en la violenta lucha por la existencia” [8].

4

En cuanto a las fuentes se refiere, reconstruir la historia de los trabajadores, y en general de los sectores populares , es una labor difícil, porque en Colombia no existe interés en preservar la memoria de las clases subalternas, como se evidencia con la poca información que se encuentra en los archivos oficiales. Como consecuencia, no existen colecciones de la prensa obrera y sindical, y cuando mucho, y se tiene suerte, aparece un ejemplar suelto de un periódico y pare de contar.

Por su parte, los sindicatos y organizaciones populares y de izquierda tampoco conservan esa información, por múltiples razones que van desde los riesgos que significa guardar determinada documentación, como por el desgreño, descuido y poca importancia que se le atribuye a la conservación de la memoria de sus propias organizaciones.

Con tal restricción práctica, en esta investigación nos hemos guiado por el criterio de consultar, siempre que fue posible, las fuentes generadas por los mismos trabajadores, con el objetivo de escuchar sus voces. En esa perspectiva, se ha efectuado una búsqueda sistemática en archivos sindicales de la USO, en sus sedes de Refinería, El Centro, Cantagallo, Yondó y en la Biblioteca de Barrancabermeja.

En esa búsqueda descubrimos, con sorpresa y estupor a la vez, que la USO mantiene en su poder una significativa masa documental, pero gran parte de ella está destruida o en camino acelerado de destrucción, tanto por las inclemencias del clima como por el descuido y abandono.

Armados de guantes y mascarillas, durante varias semanas nos dimos a la tarea de recolectar actas sindicales, periódicos, boletines, cartas, chapolas, folletos, manuscritos, declaraciones y otros papeles de la USO que allí se encontraban. Por primera vez, era fácilmente perceptible, alguien accedía a esos papeles, muchos de ellos trascendentales para reconstruir parte de la historia de la USO. En las subdirectivas de Cantagallo y Yondó no tuvimos esas dificultades e inconvenientes, puesto que sus archivos están bien organizados y se conservan con más esmero.

La documentación encontrada en todos los archivos de la USO corresponde, cronológicamente hablando, al período comprendido entre 1950 y 1980, aunque existe uno que otro documento anterior o posterior a las fechas señaladas.

Esa importante masa documental se ha constituido en el soporte de esta investigación y ha permitido escribir algunos de los capítulos, en forma primordial los del segundo volumen. Sobre la historia de la USO entre 1923 y 1951 ha sido más difícil la recolección de fuentes, por la sencilla razón que la mayor parte desaparecieron o fueron destruidas, tal y como lo contó el trabajador Jorge Maz:

“Una vez cumplido el acto de la reversión y de conocer la posición del Gobierno de desmantelar la USO y de quitarle la personería jurídica yo me lleve para mi casa en la Isla del Diablo todos los archivos de la USO, archivos gloriosos, digo yo, archivos donde se retrataba toda una actividad sindical desde el año de 1930 y pico hasta esa fecha de agosto 25 del 51. Eran tres archivadores yo me los lleve para la casa y convenimos con los compañeros de la junta directiva… que no entregábamos estos archivos valiosos y que se debían quemar.

Yo los quemé en el campo 14 entre el 14 de septiembre al día 20 ó 21 de septiembre del año 51. Quemé todos los archivos, los quemé, de manera que en la USO no deber haber sino los archivos (posteriores) a la toma de la USO que fue en el año 57” [9].

Una segunda fuente relacionada con los trabajadores está constituida por los testimonios orales que, a su vez, podemos dividir en dos tipos, por su procedencia cronológica. Unos, correspondientes a los relatos que hicieron en la década de 1980 antiguos trabajadores petroleros sobre las experiencias laborales y políticos que se remitían incluso hasta la década de 1920 y que suministraron información variada de un lapso amplio que va desde la década en mención hasta las de 1960 y 1970.

Esta valiosa información oral fue reconstruida por la desaparecida Fedepetrol, en una ardua labor, dirigida por Fernando Acuña. Aunque también una parte de ese material se perdió, otra parte pudo ser recuperada por nosotros, y nos ha sido muy útil. Debe hacerse un reconocimiento a esta labor de recuperación de la memoria de los trabajadores petroleros, por parte de dirigentes sindicales y trabajadores, de lo cual quedó una importante veta informativa, por lo menos transcrita, porque no tuvimos la oportunidad de escuchar las entrevistas.

La existencia de estas entrevistas, una fuente de primer orden en esta investigación, indica que, en ciertos momentos, ha existido una notable preocupación de gente ligada a la USO y a los petroleros por recuperar y escribir su propia historia. Una labor encomiable que merece todo nuestro reconocimiento y que desde aquí saludamos y valoramos.

Otros testimonios orales corresponden a los recolectados por nosotros en el 2005 y 2006, tanto en Barrancabermeja como en Bogotá, y están relacionados con los acontecimientos posteriores a la huelga de 1971 hasta el momento actual. Dichos testimonios han sido indispensables para acercarnos a acontecimientos significativos de las últimas décadas, entre ellos el de persecución y asesinato de dirigentes sindicales de la USO.

A propósito de los testimonios, en esta obra se apela de manera constante al uso de las fuentes orales, con lo cual se ha intentado recrear parte de la vida de los trabajadores, de su sentir y de padecer. Esa experiencia es todo un aprendizaje en sí mismo porque, de un lado, nos permite escuchar, si lo sabemos hacer de verdad, no sólo qué recuerda la gente sino cómo actúa la memoria y, de otro lado, nos ayuda a comprender los dilemas reales en que se mueven los trabajadores. Más concretamente, como lo ha dicho Alessandro Portelli:

"Esas experiencias nos enseñaron a buscar menos a la clase obrera abstracta de nuestros deseos y más a los trabajadores concretos de nuestra experiencia, individuos específicos cuyas vidas, necesidades y problemas sociales no empiezan ni termina con el trabajo de ocho horas. Necesitamos comprender las capas más profundas de su imaginación, creencias, deseos y sueños, a menos que lo único que queramos sea trabajar con nuestros títeres conceptuales" [10].

Justamente, como no hemos querido reducir la compleja realidad del mundo de los trabajadores petroleros a unas cuantas ideas preconcebidas, hemos rastreado sus voces y las huellas que nos han dejado, para reconstruir el delgado hilo que une los espacios del trabajo y de la vida cotidiana. Por eso, en estos libros no aparece de manera exclusiva el trabajador en el lugar de producción, sino también en los espacios externos (la calle y el bar), en donde despliega toda su existencia, en la que juega un papel central la música, el jolgorio y el carnaval.

Sobre las fuentes, vale aclarar que ante las limitaciones informativas para elaborar algunos capítulos del primer volumen, debimos acudir a reproducir parágrafos de dos obras nuestras, relacionados con el mundo petrolero. En forma más concreta, en el primero y segundo capítulos del volumen uno y en el primer capítulo del segundo volumen se reproducen algunos fragmentos de Gente muy Rebelde. Enclaves, transportes y protestas obreras y de la obra, que escribimos conjuntamente con Mario Aguilera, Obreros, colonos y motilones. Una historia social de la Concesión Barco.

Pero ninguno de los capítulos mencionados es idéntico a lo que antes se había publicado, porque la información se amplió y se complementó, en concordancia con los objetivos específicos de esta investigación, y porque también nuevos datos y una periodización más amplia obligaron a dilatar la perspectiva que se encuentra en los libros mencionados.

5

El primer volumen de esta obra consta de seis capítulos que corresponden al período que va desde 1916, fecha emblemática en la que comienza la explotación oficial de la Concesión de Mares por petroleros de los Estados Unidos, hasta 1951, cuando se produce el fin parcial del enclave de la Troco y se crea la Empresa Colombiana de Petróleos, Ecopetrol.

En estos capítulos se abordan diversos temas, relacionados con los trabajadores petroleros, desde antes del descubrimiento de los yacimientos de hidrocarburos, por parte de aquellos interesados en vendérselos a empresas extranjeras.

Por ello, en el primer capítulo se hace un recuento del paisaje natural que existía antes del comienzo de la era del petróleo en Colombia, se detallan algunas de las características del medio natural del Magdalena Medio y se enfatiza cómo éste ha sido modificado en un lapso de dos siglos, por la explotación de diversas materias primas, incluyendo al petróleo por compañías estadounidenses, con lo cual se han generado problemas ambientales que afectan hoy a los habitantes de las regiones donde se han encontrado hidrocarburos.

En el segundo capítulo se analiza la formación de los trabajadores petroleros, el nacimiento de la USO y las primeras formas de organización y de lucha de los trabajadores petroleros, entre ellas las huelgas de 1924 y 1927, todo inscrito en el ámbito de la constitución del enclave de la Tropical Oil Company (La Troco) y las contradicciones sociales que ello generaba.

También se describe la conformación de Barrancabermeja y la segmentación espacial que generó la implantación del enclave de la Troco, recalcando también algunos aspectos culturales y de la vida cotidiana de los obreros, entre los cuales ocupa un lugar importante la prostitución.

En el tercer capítulo se estudia el período 1930 y 1938, momento de reaparición de la USO, después de su primera destrucción en la huelga de 1927, hasta alcanzar su reconocimiento legal en 1934. Se detallan las peripecias de reconstrucción del sindicato, las influencias liberales y las dos huelgas que se presentaron durante el primer gobierno de Alfonso López Pumarejo, en 1935 y 1938, recalcando el impacto, negativo a la larga, del proyecto liberal de institucionalizar el sindicalismo colombiano, incluyendo al de los trabajadores petroleros.

Empero, se muestra como ese proyecto no logró cooptar del todo a los trabajadores y éstos en la práctica intentaron desarrollar formas autónomas de organización, que chocaban con el proyecto estatal de tipo liberal de limitar su accionar independiente como clase.

En el cuarto capítulo se expone la emergencia del nacionalismo de los obreros petroleros, vinculándolo con otros aspectos de la vida social y cultural del país como forma de recalcar que ese nacionalismo, uno de los elementos centrales de la identidad de los petroleros colombianos , abarcaba a importantes sectores de la sociedad colombiana. Este proceso identitario viene acompañado de las luchas que libran los obreros a mediados de la década de 1940 y que culminan con la gran huelga que se presenta a finales de 1946.

Esta huelga es examinada con detalle porque representa el primer intento de romper con la tutela liberal y de aglutinar al conjunto de los trabajadores petroleros en una forma organizativa que superara el aislamiento de los sindicatos de base y en la que, por primera vez, emergió con fuerza la consigna de nacionalizar el petróleo.

El quinto capítulo se ocupa de estudiar la huelga de 1948, la Comuna de Barranca y los diez días de poder popular, la fundación de Sincopetrol y la resistencia obrera contra el sindicalismo clerical y contra la violencia desatada por el régimen conservador. En términos temporales, este período cubre el lapso de una década y se extiende hasta el fin del dominio de la UTC en Sincopetrol en noviembre de 1957.

Se presenta un panorama general de la irrupción del sindicalismo clerical en Barrancabermeja y la destrucción concomitante de la USO en agosto de 1951, resaltando las consecuencias de la revancha conservadora contra todos los nueveabrileños, lo cual adquiere una connotación represiva en el puerto petrolero por el protagonismo de sus habitantes durante los acontecimientos que se desencadenaron tras el asesinato de Gaitán.

También existe un breve apartado dedicado a la guerrilla liberal de Rafael Rangel, una de las expresiones de la resistencia popular que enfrentó al criminal régimen laureanista, entre 1948 y 1953, y en la cual tuvieron un papel destacado algunos de los personajes que estuvieron ligados a las luchas petroleras y a la Comuna de Barranca, como es el caso de Antonio Pérez Tolosa.

El sexto capítulo se ocupa de la formación de las comunidades obreras de tipo cosmopolita en los enclaves petroleros del país, donde, por sus particulares condiciones económicas se desarrollan patrones de vida muy singulares, que propician la construcción de lazos comunitarios y formas de solidaridad obrera, lo cual es mucho más notable en la ciudad de Barrancabermeja.

Se destacan diversos aspectos culturales de la vida de los trabajadores relacionados con su resistencia a la proletarización, una de las primeras formas de lucha de los petroleros contra la imposición de la lógica capitalista en los enclaves.

[1] Entre otros, podemos mencionar los siguientes libros: Jacques Aprille-Gniset, Génesis de Barrancabermeja, Universidad de La Paz, Barrancabermeja, 1997; José Yunis y Carlos Nicolás Hernández, Barrancabermeja, nacimiento de la clase obrera, Tres Culturas Editores, Bogotá, 1985; Mauricio Archila, Aquí nadie es forastero, CINEP, Bogotá, 1985; Apolinar Díaz Callejas, El 9 de abril de 1948 en Barrancabermeja. Diez días de poder popular, Editorial El Labrador, Bogotá, 1989.

[2] Este planteamiento lo hace de manera rotunda Ulrich Beck en Un nuevo mundo feliz. La precariedad del trabajo en la era de la globalización, Editorial Paidos, Barcelona, 2000.

[3] Walter Benjamin, citado en Susan Back-Morss, Dialéctica de la mirada. Walter Benjamin y el proyecto de los pasajes, Editorial Visor, Madrid, 1995, p. 315.

[4] Howard Zinn, “Por qué tener esperanzas en tiempos difíciles”, en Taller, Volumen 2, No. 3, abril de 1977, Buenos Aires, p. 31.

[5] Allesandro Portelli, “Memoria y resistencia. Una historia (y celebración) del Circolo Gianni Bosio”, en Taller, Volumen 4, No. 10, julio de 1999, Buenos Aires, pp. 91-92.

[6] John Berger, Puerca tierra, Editorial Alfaguara, Madrid, 1992, p. 362.

[7] Leslie Marmon Silko, Cerempny, citado en A. Portelli, op. cit. , p. 91.

[8] Lema que aparece en la papelería de la Seccional de Puerto Salgar de la USO. Ver Resolución No. 1, octubre 27 de 1964, archivo USO, Barrancabermeja.

[9] Entrevista a Jorge Maz en la ciudad de Barranquilla, Junio 11 de 1984.

[10] A. Portelli, op. cit., p. 102.