Sindicato de Trabajadores Agrarios del Sumapaz
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Misterioso atraco fue denunciado en la Fiscalía de Paloquemao
La desventura de un alemán en Sumapaz
Un ciudadano alemán terminó robado por dos hombres durante una caminata en el Páramo de Sumapaz. Investigan si hay soldados implicados.
El Espectador / Lunes 8 de junio de 2009
 
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El ciudadano alemán Federico Kircher tiene 46 años y desde 1987 vive en el país.

Luego de 14 años de afición por los campos, ríos y montañas del país, el ciudadano alemán Friedrich —o Federico— Kircher asegura conocer el territorio nacional como pocos colombianos. Desde que pisó por primera vez esta tierra, en 1987, dedica sin falta al menos un fin de semana al mes para recorrer las zonas agrarias del suelo en el que nacieron su esposa y su hijo. Unas veces acampa. Otras, escala o simplemente camina. Casi siempre lo hace acompañado. El 31 de mayo pasado salió solo. Quería visitar las Lagunas de Bocagrande en el Páramo de Sumapaz, muy cerca del corregimiento de Betania.

Ese día pagó muy cara su devoción por la naturaleza. Bajando de la montaña, a tres minutos de camino de los cuerpos de agua, dos hombres armados con un cuchillo de unos 30 centímetros de largo le robaron todo lo que tenía y lo amenazaron de muerte si se atrevía a mirarles las caras. Aparentemente, eran militares.

Así quedó consignado en la denuncia que este politólogo de 46 años interpuso en esa misma fecha ante la Unidad de Reacción Inmediata (URI) de Paloquemao en Bogotá. Según Kircher, las maneras y la vestimenta de los delincuentes le hacen pensar que podría tratarse de miembros de la Fuerza Pública. En un principio, alcanzó a considerar que fueran guerrilleros. El Espectador consultó al comandante de la 13a. Brigada —encargada del páramo y de la localidad 20 de la capital—, general Ricardo Díaz, quien aseguró que “en esta área no hay subversión”.

De acuerdo con los hechos relatados, el hombre llegó a eso de las nueve de la mañana al cruce de camino donde nace el río Tunjuelo en su montero Mitsubishi, que parqueó junto a un pequeño conjunto de casas campesinas para emprender a pie el camino hasta las Lagunas de Bocagrande —a alrededor de 3.500 metros sobre el nivel del mar—.

Una vez arriba, decidió subir un poco más, hasta unos cerros rocosos que se levantan a 300 metros de las lagunas. Cuando llegó, descansó unos minutos, tomó algunas fotos y retomó la vía de regreso. De nuevo en los cuerpos de agua, Federico —quien trabaja para la ONG alemana Cáritas, en donde realiza proyectos de cooperación sobre ayuda humanitaria— se encontró con un grupo de caminantes ecológicos llamado Caminantes del Retorno. Pocos minutos después, empezó a bajar para buscar su carro y volver a su casa.

“Llevaba tres o cuatro minutos cuando dos hombres me abordaron. Vestían de camuflado, un camuflado de color entre azul, verde y gris —como los colores del páramo—. Tenían pasamontañas puesto y portaban un cuchillo de unos 30 centímetros de largo”.

El ciudadano alemán asegura que hablaban como militares. Lo tiraron al suelo, bocabajo, y lo requisaron, también como si fueran expertos en esas cosas. “Me inmovilizaron, como uno ve en las películas”.