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Rutas de solidaridad
Stedile: "El capitalismo no es la solución y lo sabemos"
Afirma el Coordinador Nacional del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra que este año cumplen 25 años de lucha por la soberanía alimentaria.
EiTB / Lunes 31 de agosto de 2009
 

El Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) ha satisfecho la demanda de tierra de más de 300 mil familias brasileñas desde su nacimiento a finales de los años 70. Este año celebran el 25 de aniversario de lucha y resistencia contra los latifundistas y contra los gigantes transnacionales que ocupan el país.

El MST ha sobrevivido a la represión y al latifundismo; ha luchado y mejorado la calidad de vida de la mayoría de los campesinos asentados; y ha devuelto la dignidad al ser humano, un ser humano con voluntad de vivir y participar en el proceso político de transformación del país. Esas son según Ademar Bogo, coordinador nacional del MST, las tres principales conquistas políticas del movimiento. El MST demuestra que es posible un modo de vida fuera de los parámetros que marca un capitalismo internacionalizado para lo que reclaman una reforma agraria.

El desarrollo capitalista de la agricultura ha fomentado la concentración de la tierra y el consecuente aumento de campesinos sin tierras.

La necesidad de tierras que trabajar y el apoyo de la Comisión Pastoral de la Tierra animó a los campesinos brasileños sin tierra a unirse y ha reivindicar tierras para el sustento de la vida local, basado en modelos viables ecológica y socialmente mediante distintas formas de lucha masiva y pacífica, tales como manifestaciones, huelgas de hambre, campamentos provisionales en las ciudades y en las orillas de las haciendas por ser desapropiadas y ocupación de tierras.

Conciencia y unión internacional

Durante la etapa del capitalismo industrial las sociedades eran muy locales, los problemas estaban muy corporatizados y el enemigo del campesino era el comerciante de la esquina que lo explotaba con el precio. Hoy, dentro del capitalismo internacionalizado, bajo la orden del capital financiero, son unas pocas decenas (Nestlé, Danone, Monsanto...) de empresas las que acaparan la producción e imponen las normas del mercado.

Son esas empresas las que explotan a los campesinos, pero, ahora, ese mismo mecanismo de explotación está generando en el campesino una conciencie de clase mayor. Campesinos de todo el mundo empiezan a darse cuenta de que los problemas que enfrentan en su vida diaria son los mismos en Gernika, Brasil o Sudáfrica, ya que el explotador y los medios de explotación son los mismos. Con el objetivo de desarrollar esa conciencia y coordinar las acciones a nivel internacional, la Vía Campesina lleva desde 1993 luchando por la soberanía alimentaria y cuenta con la unión de 168 organizaciones de 69 países.

La soberanía alimentaria se basa en la organización de la producción y el consumo de alimentos de acuerdo a las necesidades de las comunidades locales, otorgando prioridad a la producción y al consumo local doméstico, marcando como objetivos el desarrollo sostenible y la seguridad alimentaria.

Celebración del 25 aniversario

El MST fue creado a raíz de la ocupación de las tierras de la hacienda de Annoni y con la celebración de su 25 aniversario vuelve a esas tierras para reconocer la importancia histórica de aquella victoria, ya que supuso el surgimiento del movimiento y, por otro lado, porque 25 años después pueden celebrar el aniversario en unas tierras que son fruto de su lucha, para así poder demostrar a la militancia, a la sociedad y al mundo entero que la reforma agraria es legítima y su ejemplo lo demuestra.

Un capitalismo ineficaz

El capitalismo, afirma el Coordinador Nacional del MST Joao Pedro Stedile, ya no puede resolver los problemas de la humanidad. Esa afirmación es corroborada por estudios que muestran que se producen más que suficiente alimento para alimentar a toda la humanidad.

Esos datos son corroborados por entes como la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la agricultura y la alimentación) pero, a pesar de eso, la solución más comúnmente propuesta para el hambre en el mundo son nuevas tecnologías para aumentar la producción.

Las multinacionales, por su parte, mantienen los precios de los alimentos destinados a los consumidores suficientemente elevados para garantizar grandes beneficios.

Está claro, sigue Stedile, que necesitamos y queremos una sociedad nueva, no importa el apodo que se ponga, socialismo del siglo XXI, ecosocialismo, eso es parte de la cultura política de cada quien. Lo importante es que tenemos que cambiar el modelo; el capitalismo no es la solución y lo sabemos; y, al caminar, sobre la marcha, cada sociedad formará un modelo distinto.