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El desastre de la izquierda colombiana
Luis Alberto Matta / Sábado 10 de abril de 2010
 

Gustavo Petro se empeña en sepultar las ilusiones de la izquierda Colombiana. Sus posturas de centro-derecha apagan paulatinamente la llama que el Polo Democrático Alternativo encendió entre los sectores progresistas y democráticos.

El candidato presidencial del Polo ha ignorado deliberadamente que nuestro principal aglutinante es el compromiso abierto en la búsqueda de la paz con justicia social.

Su discurso ramplón en contra de los acuerdos humanitarios lo aleja vertiginosamente de la opción presidencial. Excepto los negociantes y beneficiarios de la guerra ¿quién no desea la solución política del conflicto interno armado en Colombia?

Sin embargo, en asuntos relacionados con la paz, Petro trabaja sin desmayo por parecerse a los herederos del neofascismo Uribista. Inclusive hasta la pareja del Lituano Antanas Mockus y Sergio Fajardo, este último sospechoso de conversaciones secretas con el jefe narco-paramilitar alias “Don Berna” en Medellín, también lo superan ampliamente. Por lo menos la pareja de matemáticos, aduciendo respeto a la legalidad, ha sido coherente en oponerse a la fétida co-gobernabilidad que propone Petro con sectores del establecimiento.

Duele que estén ausentes del certamen electoral: la sencillez, la capacidad, el conocimiento y la decencia que representan al maestro Carlos Gaviria. Y principalmente su compromiso inequívoco con la búsqueda de la paz, cualidades premiadas con casi tres millones de votos en su pasada candidatura presidencial por la izquierda legal y democrática.

Hoy día la izquierda legal en Colombia, representada por Gustavo Petro avanza hacia el desastre, y en contravía de las tendencias en América Latina. Hemos llegado a un punto en que hasta sectores socialdemócratas del tradicional Partido Liberal parecen más de izquierda que el Polo Democrático. El ejemplo más sencillo es el de la corajuda congresista Piedad Córdoba, que ha demostrado ser una persona integral comprometida a fondo con los derechos humanos, con los acuerdos humanitarios y con la paz. La negra Piedad se viene ganando un estrado de honor en la historia política del país. A propósito ¿Que manto de estupidez obnubiló a los de Estocolmo, para no concederle a Piedad el premio Nóbel de la Paz?

Volviendo a mi preocupación central, advierto que no me alegra para nada la hecatombe del Polo y su candidato Petro, pues Colombia necesita una opción democrática y pluralista de izquierda que contribuya a afianzar caminos hacia la paz. Por el contrario, me duele el desvanecimiento de nuestras opciones, pues siento que el Uribismo se salió con la suya.

Y mal paga el diablo a quien le sirve. Hoy día Petro ya no moja prensa como antes, y si lo hace, es solamente cuando dice estupideces contra las posibilidades de reabrir caminos hacia la paz.

Mi pregunta es: ¿habrá quien renueve las ilusiones presidenciales de la izquierda legal en Colombia? Amanecerá y veremos. Por ahora mi voto está definido: votaré en blanco.