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El próximo jueves 12 de mayo se lanza este libro en la feria del libro a las 5 p.m.
Antígona y Creonte: Rebeldía y Estado en Colombia
"Antígona es una rebelde que enfrenta al Estado"
Jorge Consuegra / Martes 10 de mayo de 2011
 

Es extraño decirlo, pero leer a Ronald Anrup es como una especie de flagelación, es como golpearse continuamente con un cilicio hasta hacer sangrar el alma. Todo lo que habla, dice y analiza de Colombia es más que una verdad y aunque también parezca extraño, ni el ex presidente ni sus cercanos amigos y allegados, no lo han tildado de “terrorista” por todo lo que escribe sobre nuestro país.

Tuve la “fortuna” de leer su manuscrito Antígona y Creonte: Rebeldía y Estado en Colombia cuyo libro será presentado en la próxima Feria de Bogotá y de verdad que me rompió el alma a pedazos y más cuando llegué a aquella escena que analiza Anrup cuando los paramilitares entran a una escuela, le cortan la cabeza a una maestra y obligan a los niños a jugar fútbol con ella…

¿Esta es la Colombia que queremos? ¿Es la Colombia que pregonó el ex presidente en su Manifiesto Democrático? ¿La Colombia del ex Alto Comisionado para la Paz? ¿O la del ex ministro del Interior? Lo más sorprendente de todo, es que por ahí han surgido muchachitos que convocan a una manifestación porque las calles capitalinas están deterioradas, pero no proponen un plantón ante este tipo de asesinatos, ni ante lo que hiciera un militar que no solo violó a una niña, sino que asesinó, la desmembró, la enterró y no bastándole esta salvajada, mató a sus hermanitos…¿Y alguien hizo un plantón? ¿Para esos muchachitos este acto propio de un delincuente no merece pancartas, manifestaciones y repudio?

Por eso este libro duele, pero duele especialmente por la indiferencia de los colombianos, es una tragedia como la que vivió Antígona y nadie reacciona ¡Qué indiferencia!

“Hablar” a larga distancia es muy difícil, pero aún así…¡lo logramos!

- ¿Cuál fue la primera idea que tuvo para iniciar a construir su libro?

- Que debería reflejar tanto la rebeldía como la represión. Por eso mismo contiene partes que se refieren al terrorismo del Estado, pero también partes que tratan las distintas formas de resistencia y rebelión que han asumido las luchas populares, las de los desplazados, las de los afro-colombianos y las de los indígenas.

- ¿Por qué pensó en el título Antígona y Creonte: Rebeldía y Estado en Colombia?

- Porque en la tragedia de Sófocles la figura de Antígona personifica la rebeldía y la resistencia, mientras que Creonte es el representante del autoritarismo y del orden establecido. Antígona es una joven rebelde, insurrecta y desafiante que no se doblega frente al poder de Creonte quien considera que la trasgresión de ella amenaza al Estado con la anarquía. Cuando Antígona da sepultura a su hermano, en contra del decreto o del bando de Creonte, ella se convierte en una rebelde que enfrenta al Estado. Ella es la impugnación viviente a la ley del tirano, apela con su acto a una ley superior y a la justicia. Antígona es la culminación de la actitud democrática que enfrenta el sujeto autónomo, sea éste un individuo o una comunidad, con el Estado. Ella encarna la creación de autonomía frente al Estado y la rebelión contra el orden constituido. Frente al régimen imperante Antígonaopone su palabra libertaria, su gesto igualitario y su acción fraternal.

- ¿Cómo ve esta Colombiantígona?

- Veo tanto Colombiacreonte como Colombiantígona. En los rasgos de la figura de Álvaro Uribe Vélez son inconfundibles los de Creonte. Con Uribe la oligarquía jugó la carta de la represión y el exterminio. Hoy las riendas directas del poder del ejecutivo del Estado están en manos de un miembro de la oligarquía, Juan Manuel Santos, hijo del imperio informativo más grande del país. El discurso de “cambio” del presidente Santos es contrario a la cruda realidad. La máscara de este personaje no logra esconder la continuación de la guerra contra los intereses populares. Pero, por otro lado, he encontrado en los rostros de obreros y campesinos, trabajadores e indígenas, estudiantes y guerrilleras, que levantan sus voces y sus armas contra la opresión oligárquica, las Antígonas de la Colombia contemporánea.

- ¿Cuál es el tema central de su libro?

- El libro articula una serie de ideas sobre el Estado y la violencia, el derecho y la política, la constitución y la ciudadanía, la soberanía y la seguridad, el pueblo y el poder, las comunidades y los cabildos, así como las formas en que se definen la resistencia y la rebelión en el marco de la trágica guerra fratricida que azota a Colombia. La desproporción, desigualdad o distorsión que la rebelión expone, y contra la cual se dirige, no podría zanjarse por un acuerdo entre las partes enfrentadas. No se resuelve porque los sujetos que la rebelión pone en juego no son entidades a las cuales se les ocurre por accidente tal o cual daño o perjuicio, sino sujetos cuya existencia misma es el modo de manifestación de la desigualdad.

- ¿Es un libro para pensar? ¿Reflexionar? ¿Criticar? ¿Censurar? ¿Señalar? ¿Denunciar?

- Es un libro para pensar el país críticamente; es un intento de reflexión en torno a problemas fundamentales de la contemporaneidad colombiana. La tesis que se esgrime por los que detentan el poder en Colombia es que es legítimo para el Estado hacer la guerra para que no haya más guerra. Alrededor de este discurso y de esta estrategia un extraño consenso va tomando cuerpo. En este consenso y alrededor del concepto de “terrorismo”, confluyen ahora tanto la derecha colombiana como cierta “centro-izquierda”. Hay que problematizar y cuestionar esta noción de “legitimidad” y de “orden legal” del “Estado fuerte” que los sectores privilegiados de Colombia ahora necesitan y buscan crear.

- ¿El libro tiene una finalidad concreta?

- El libro es un llamado de atención a los que se hacen pasar por izquierda pero que no han sabido apoyar las luchas que a lo largo y ancho del territorio colombiano desarrollan los sectores populares quienes crean nuevas formas de autogobierno. La rebelión se dirige contra una desigualdad estructural que no se remedia a través de una reparación a las víctimas del conflicto ya que de lo que se trata no es de re-parar un viejo orden de cosas sino de modificar todo el terreno donde se libra el juego social y político.

- ¿Cree que Colombia mantiene- casi desde siempre- una continua tragedia?

- La guerra que vive Colombia es una tragedia, es una guerra que la oligarquía ha impuesto al pueblo, pero la capacidad de resistencia que ha mostrado ese pueblo es al mismo tiempo supremamente esperanzadora. La guerra obedece a razones determinadas de las partes enfrentadas. La necesidad lógica de la rebelión se inscribe dentro de un análisis histórico que saca a la luz la guerra como rasgo permanente de las relaciones de dominación, como trama y secreto de la institución del Estado. El terror practicado por las clases dominantes ha obligado a los resistentes a empuñar las armas o apoyar su uso. Conciben la rebelión no como la ruptura de un sistema pacífico de leyes, sino simplemente como el reverso de la guerra que los ricos y el gobierno mantienen permanentemente

- ¿En forma ajena ha sentido dolor por una Colombia que no le pertenece?

- No me siento ajeno a la realidad colombiana, pero si he sentido dolor porque en Colombia la verdad es siempre mas terrible de lo que uno se puede imaginar. Lo que el filósofo italiano Giorgo Agamben llama la nuda vita deja en Colombia de ser una idea, y toma cuerpo en la “muchedumbre desnuda”, en el cuerpo vivo de millones de desterrados, mujeres y hombres, campesinos y trabajadores, que a causa de la violencia militar y paramilitar pierden sus tierras y su terruño.

- ¿Es un libro más para historiadores y periodistas que para lectores comunes?

- Es un libro para todos los que el país duele y alegra, para todos los que de verdad aman a Colombia. Siendo yo historiador corresponde el libro a una responsabilidad con mi objeto de estudio. La ciencia del historiador es, en primer lugar, un arte de amar. Arte que consiste, también, en dar voz al duelo, dar sentido a las palabras perdidas, calentar las cenizas, reemplazando cada palabra perdida con una voz que manifiesta su sentido. Los muertos solo pueden hablar a través de nosotros, solo hablando de los muertos y en su nombre podemos conservarlos en vida. El historiador, como actor de la historia, puede arrancar a un instante “la chispa de esperanza” que contiene cuando está inspirado por una preocupación y una responsabilidad respecto al pasado y al futuro. La “instancia del presente” no sólo condiciona la visión del pasado, sino también, la visión del futuro. Este “tiempo de ahora”, del que procede toda percepción del pasado y del futuro, es la experiencia de las crisis y los conflictos en los que nos vemos implicados, y a partir de los cuales vivimos nuestra doble relación con el pasado y el futuro. La tarea del historiador es recoger estas “chispas de esperanza” del pasado y hacerlas revivir en el presente. El historiador comprometido con las luchas de hoy devuelve a la vida esas “chispas de esperanza”.

* Para complementar, bueno es saber algo sobre Roland Anrup, que es Doctor en Historia de la Universidad de Gotemburgo. Profesor Titular de Historia de la Mid Sweden University a partir del 2006. Ha sido director del Instituto Iberoamericano de la Universidad de Gotemburgo, Investigador del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Estocolmo, y del Colegio de Estudios de Desarrollo de la Universidad de Uppsala. Profesor invitado del Department of Politics and Sociology, Birkbeck College, Universidad de Londres, 2001-2002, y del Ecole de Hautes Etudes en Sciences Sociales, Universidad de París, 2004; de la Maestría de Estudios Culturales y del Doctorado en Historia de la Universidad Andina, Quito, 2005; de la Maestría en Historia de la Universidad de los Andes, 2006. Autor de libros y artículos sobre Colombia, Ecuador y el Perú, así como acerca de problemas teóricos de las humanidades y ciencias sociales.