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Consideraciones y responsabilidades
Deslizamientos en masa en Los Aguacates, cuenca media del Río Tuluá
 

La zona de inestabilidad geológica de los Aguacates (quebrada Culebras), es un fenómeno que ha presentado una dinámica continua desde 1999, desprendimientos y movimientos de grandes volúmenes de materiales que amenazan represar las corrientes del río Tuluá en su cuenca media y como consecuencia podría afectar amplias áreas aguas abajo y generar impactos negativos en la oferta de los servicios ambientales que presta el río tales como el agua del acueducto.

En 2007 frente a los reclamos de Centroaguas por el incremento de costos de tratamiento del agua consecuencia del deslizamiento de materiales sobre el lecho del río en este sector, la CVC elaboró un estudio geológico que propuso acciones para mitigar los impactos del deslizamiento en masa. El documento dejaba constancia de la gravedad de la situación y la fragilidad geológica de la zona.

El Estudio de Impacto Ambiental para el proyecto de la central hidroeléctrica del Alto Tuluá (2008) advirtió igualmente la gravedad de la situación, e incluyó este sector en el proyecto de estabilización de sectores erosionables correspondiente al Plan de Inversión Obligatorio del 1% que debería realizar la EPSA antes de finalizar la etapa constructiva del proyecto y en el que también se incluían las zonas erosionables del sector alto de las quebradas San Antonio y La Venta (Buga), con un valor de inversión total de $196.302.000. Inversiones que a la fecha no se han realizado y prácticamente la construcción de la central hidroeléctrica ya finalizó.

Sin embargo, la Licencia ambiental desconoció el estudio de 2007 y no ordeno mayores medidas precautelarías para prohibir que en la zona de influencia cercana al gran deslizamiento se empleará dinamita para la excavación del túnel, se instalaran la tubería de descarga, la construcción casa de máquinas y especialmente para no permitir la ubicación de depósitos de materiales sobre la zona de protección del río en la franja baja del deslizamiento Los Aguacates.

La EPSA aprovechó las aguas superficiales de la quebrada Culebras (aunque su permiso no está incluido en la Licencia Ambiental) para limpieza del equipo de perforación del túnel, que conducían por mangueras hasta el portal. A pesar de las solicitudes de los campesinos que advertían la necesidad de mantenerlas para controlar la erosión hídrica que ocasiona las crecientes de la quebrada Culebras,estas mangueras fueron retiradas por la EPSA a finales del año 2011una vez terminado el túnel. También insistieron a la CVC para que apropiara recursos para aumentar y mejorar el aislamiento en la cabecera del deslizamiento. Ambas solicitudes fueron desconocidas y pocos días después a finales de diciembre 2011 el gran deslizamiento se reactivó con las consecuencias conocidas.

Denuncias del comité de veeduría y la comunidad campesina La veeduría se ha manifestado públicamente sobre la situación de esta zona inestable. En el informe de Agosto 2010 hacia observaciones a la sociedad EPSA-CVC para que se tuviera en cuenta la inestabilidad geológica del terreno y la existencia de grandes desprendimientos de tierra en la zona de influencia cercana a Los Aguacates. Se advertía que se podría estar configurando un daño geológico de proporciones desconocidas, que perturbaría la estabilidad del suelo, (deslizamientos, hundimientos, avalanchas), afectando la actividad de los pobladores cercanos, la misma infraestructura de las obras del proyecto y de acuerdo a su magnitud podría afectarse el servicio de acueducto de Tuluá (calidad, continuidad) que atiende más de 200.000 habitantes.

En este sentido en agosto 2010 la veeduría peticionó a la EPSA sobre las acciones realizadas para dar cumplimiento a las inversiones obligatorias del 1%. La empresa se limitó a contestar que las acciones realizadas estaban consignadas en los informes presentados a la CVC. El hecho verificable es que ninguna de estas acciones y como otras tantas incluidas en la Licencia ambiental tampoco se han realizado.

En el Cabildo Abierto de Noviembre 2010 ante las reiterativas denuncias, la EPSA responde: “Se ha generado un proceso de monitoreo permanente sobre esta zona inestable a través del equipo de profesionales en geología con los que cuenta el proyecto y que EPSA y CVC, se encuentran en proceso de aprobación del diseño de estabilización para el sector, el cual fue presentado por la Fundación Malagana contratista encargado de la ejecución de la obra, se desarrollará con inversión de los planes del 1%.

En diciembre de 2010 se presenta sobre el lecho del río Tuluá un gran deslizamiento de materiales sobrantes de las excavaciones del depósito ubicado en la franja protectora del río y en la zona de afectación de Los Aguacates, con graves consecuencias ambientales. La EPSA informa que: “La situación superó las previsiones tomadas en cuanto al manejo del depósito a pesar de haberse cumplido con el compromiso adquirido a través de la Licencia Ambiental otorgada para la ejecución de las obras y se dio su firma constructora la instrucción de evacuar rápidamente el material depositado hacia otras zonas de depósito autorizadas”

Los campesinos del sector también advirtieron con suficiente antelación el daño al aislamiento realizado por CVC para el control de la erosión en los Aguacates, solicitaron a la Corporación recursos para su mejoramiento, tampoco recibieron apoyo y la situación a la fecha no se ha corregido. Otro estudio más: Es evidente que los estudios de 2007 y 2010 no se ejecutaron efectivamente. Sin embargo la EPSA ha informado recientemente al señor Alcalde de Tuluá que realizarán otro estudio más y que en tanto se hará monitoreo permanente en el sector. Acciones dilatorias para hacer olvidar que son las acciones prácticas y no los estudios las que darían solución al problema.

Será finalmente la sociedad tulueña quien terminará asumiendo los costos asociados a los efectos ambientales negativos generados por las hidroeléctricas de la EPSA con la permisibilidad de la CVC. Entidades socias al fin y al cabo.

Comité de Veeduría Ciudadana Tuluá, enero de 2012