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Hablan dos negociadores de las Farc
’Uribe sí nos buscó’
’Andrés París’ y ’Sandra Ramírez’ dijeron que Álvaro Uribe buscó a las FARC durante su segundo mandato para explorar posibilidades de paz. Aseguran que ’Grannobles’ está vivo
Gloria Castrillón / Domingo 9 de septiembre de 2012
 

Ya no se ven los rigores de la guerra en sus rostros. Están rozagantes y se mueven con soltura en la vida civil. Andrés París y Sandra Ramírez salieron de Colombia después de soportar la arremetida militar tras la retoma del Caguán hace diez años. El gobierno de Juan Manuel Santos, con ayuda de los países garantes y acompañantes, los sacó de la selva para que se instalaran en La Habana.

Allí permanecen bajo la custodia celosa del gobierno de los hermanos Castro y desde febrero participaron en la construcción del primer acuerdo con los delegados presidenciales encabezados por Enrique Santos. Ahora se alistan para ir a Oslo (Noruega) a la instalación formal de la mesa de negociación, en la que participarán como miembros del equipo fariano. El Hotel Nacional de Cuba, a orillas del mar, fue el escenario de esta charla más sosegada y profunda con El Espectador.

¿Qué balance hacen de los golpes que les propinaron Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos, específicamente la muerte de tres miembros del secretariado?

Andrés París: Es evidente que en este período se presentaron esos golpes a las Farc, pero para nada inciden en la voluntad de encontrar una salida política al conflicto. Hay lecturas distintas de estos hechos y hay una matriz mediática que quiere mostrar que las Farc llegan a la mesa por debilidad. Llegamos por convicción profunda y hoy en día seguimos presentes en todo el territorio nacional. Los cambios se presentaron en las posturas del Estado. No hubo diálogos en el gobierno anterior porque el presidente del twitter decidió que su política era la guerra y la actividad paramilitar. La iniciativa de que nos sentáramos acá empezó con intermediarios que nos enviaron razones desde antes de la posesión de Santos.

¿Santos los buscó antes de posesionarse?

Sandra Ramírez: funcionarios del gobierno anterior, que están en el equipo de diálogos del Gobierno, fueron los encargados, en tiempos del expresidente Uribe, de llevar razones a las Farc del interés en explorar posibilidades de un proceso.

¿Uribe los buscó?

S.R.: Sí, claro.

¿Por qué no se concretó un acercamiento?

S.R.: El funcionario era Frank Pearl y se frustró por la política guerrerista de negar incluso la existencia misma del conflicto.

¿En qué momento Uribe los buscó?

S.R.: Durante el segundo mandato y continuaron con Santos.

¿Qué les hace pensar que Santos, a diferencia de Uribe, sí quiere hacer la paz?

A.P.: Hasta ahora el documento que se conoce con el nombre de “Acuerdo general para el fin del conflicto” expresa las condiciones para desarrollar una mesa donde se escucharán las posiciones de las partes, que serán diametralmente opuestas. La gran coincidencia está en que esos seis puntos de la agenda y la introducción del documento que resalta aspectos políticos y sociales son los temas en los que Gobierno e insurgencia nos podemos acercar.

Durante la construcción de ese documento se dio la muerte de ‘Alfonso Cano’, ¿eso no afectó su decisión de sentarse a dialogar?

A.P.: Para nada, porque la solución política es una conclusión de conferencias y plenos que trazan las políticas de las Farc. Una situación de la guerra es que se puede morir en ella y los cuadros que continúan al frente de la organización se obligan a buscar el fin del conflicto mediante un acuerdo.

¿Las Farc que se sentaron en 1998 con Andrés Pastrana son diferentes a las que se sientan hoy con Juan Manuel Santos?

A.P.: Son las mismas, pero en un contexto político diferente. El contexto internacional y regional ha cambiado. Predominan los países que promueven cambios, que instalan proyectos que se resisten a las políticas neoliberales. Colombia, al entrar a los diálogos, entra al contexto latinoamericano donde se han hecho cambios radicales por la vía pacífica y electoral. En lo interno se observa que el pueblo está reanimándose en sus luchas.

¿También incide el hecho de que esté Obama en la presidencia de Estados Unidos?

A.P.: El derribamiento de las torres gemelas en Estados Unidos incidió mortalmente en el Caguán. Ese hecho marcó el sino trágico para hacer cambios pacíficos. Al establecerse la lucha contra el terrorismo del gobierno norteamericano, se avivó en lo interno el plan de Uribe, que fue el principal enemigo de ese experimento y es el principal enemigo de la agenda de La Habana. Esa es parte de su campaña con el mismo cálculo de hacerse reelegir.

¿Cómo incide el hecho de que ‘Iván Márquez’, quien no estuvo en el Caguán y no estuvo de acuerdo con esa negociación, es ahora el negociador principal?

S.R.: En las Farc nunca ha habido divisiones como lo quieren hacer ver el Gobierno y los medios de comunicación. Aquí no hay duros ni blandos. Estamos todos en el esfuerzo de llevar la mesa a buen término. Iván estuvo al frente de este proceso y ha contribuido con su experiencia en Tlaxcala.

¿Por qué esta vez sí aceptaron incluir los términos desmovilización y dejación de armas?

A.P.: En los acuerdos de La Uribe está la formulación redactada, pero de otra forma. Siempre hemos planteado que al buscar el fin del conflicto las Farc puedan transformarse. El lenguaje es diferente y la interpretación también. Hablamos de transformación en medio de cambios en el país. Las Farc se transforman en fuerza política si el país crea el ambiente y las condiciones políticas y sociales. No asociamos la dejación de armas con la rendición ni con entrega. La asociamos con dejar de usar las armas y continuar la lucha por nuestros objetivos y banderas.

En el Caguán nunca se habló de eso.

A.P.: Es cierto, no se había incluido. En Colombia se interpreta la dejación de armas con el M-19, pero la palabra, gramaticalmente, no significa entrega. Es dejar de usar.

¿O sea que no habrá una ceremonia de entrega de fusiles como lo hizo el M-19?

A.P.: Una imagen en la que entren los guerrilleros por una puerta con uniformes y armas y salgan por otra en pantaloneta, no la vamos a protagonizar.

¿Entonces?

A.P.: Habrá acuerdos que cierren la voluntad de las partes de que las armas dejarán de ser útiles para la lucha por los objetivos. Hagamos inútiles las armas para hacer política. Pero mientras haya paramilitares, una política agresiva norteamericana, expresiones como narcoguerrilla y terroristas, las armas tendrán utilidad. Las armas son lo de menos, lo importante es cambiar la voluntad de los que se enfrentan en la lucha, a partir de un ambiente democrático, no a partir de la rendición.

¿Para ustedes Santos es demócrata?

A.P.: Pensamos que Santos es un hombre más realista, incluso se usa mucho esa palabra en la mesa. Los hemos invitado a que llevemos ese realismo como los estudiantes franceses en 1968 cuando decían ‘seamos realistas, hagamos lo imposible’. A Santos le falta ese paso, hay que darlo todo por la paz.

¿Por qué no anunciaron todos los negociadores?

A.P.: Porque ese fue uno de los últimos temas que se abordó en la exploratoria. Además, el Gobierno puede mover sus delegados sin problema, pero a nosotros nos toca dar un margen secreto porque ellos se están trasladando de áreas de combate a zonas donde puedan ser recogidos con un mecanismo especial.

¿Ya está definido, confían en el Gobierno para ese traslado?

A.P.: Ya ha funcionado y es reserva del proceso. El comandante Mauricio fue extraído junto a Sandra por ese mecanismo. Forma parte de los acuerdos. El Gobierno ha mostrado seriedad con traslados anteriores y hubo compromisos firmados con gobiernos garantes y acompañantes. El Gobierno cumplió.

¿Por qué cambiaron de opinión y aceptaron que los diálogos se hicieran fuera de Colombia?

A.P.: Fue por la resistencia del Gobierno a hacer diálogos en el interior del país. La posición fue radical, dicen que es para alejar la mesa del bochinche de la confrontación armada y política del país.

¿Ustedes también creen que es mejor así?

A.P.: Sería mejor hacerlo en Colombia, en zona controlada por el movimiento guerrillero, pero ellos hablan de realismo y fuimos realistas: era La Habana o no era.

¿El Gobierno eligió el sitio?

A.P.: Ellos escogieron el sitio, después de una larga lucha coincidimos en que Cuba ofrece tranquilidad, seguridad y que será un garante neutral.

¿Tuvieron algún tipo de participación en el atentado a Fernando Londoño?

A.P.: Nos parece muy macartista la campaña de identificar a las bacrim con las Farc. Esos grupos son el nuevo traje del antiguo paramilitarismo.

¿Qué pasará con esas personas que fueron secuestradas hace 10 o más años y no aparecen a pesar de que sus familias pagaron varias veces el rescate?

A.P.: En los diálogos de Caracas la delegación del Gobierno hizo poner como primer punto el secuestro. La Coordinadora Guerrillera aceptó y cuando sacamos la lista de retenidos por motivos económicos no daba más de 30 personas, pero en las listas del Gobierno eran más de 2.700. Ellos dijeron mejor archivemos ese tema y pasemos al otro, el cese al fuego. En Colombia secuestran hace muchos años organismos del Estado, la mafia, el narcotráfico, la delincuencia. Nuestro compromiso de suspender las retenciones ya recibió el reconocimiento presidencial.

Muchas de esas personas fueron secuestradas por las Farc y se presume que murieron en cautiverio y nadie da razón de ellos, ¿están dispuestos a esclarecer esos casos?

A.P.: En la agenda hay un punto de víctimas y seguramente el Gobierno pondrá lo que llama afectados por violencia guerrillera, pero se tendrán que poner los centenares y miles de afectados por la violencia oficial, los desplazados. El conflicto está lleno de particularidades individuales, así que abordemos el tema grueso: acabemos el conflicto.

¿Pero mientras acaban el conflicto ustedes esclarecerán esos casos?

A.P.: Estamos en la batalla porque el tema de las víctimas sea abordado como es: las primeras víctimas somos nosotros, los civiles obligados a estar en armas. En ese punto, como en todos, daremos explicaciones ante Colombia y el mundo.

¿Están dispuestos a renunciar al uso de cilindros que causan decenas de muertos civiles que ustedes llaman daños colaterales?

S.R.: A nosotros nos atacan y estamos en la obligación de defendernos. Esas son armas artesanales que nosotros hemos creado para nuestra defensa. En hechos aislados ha habido población civil que ha sufrido, pero en toda guerra se presentan este tipo de cosas. Es posible discutirlo en la mesa, pero no nos pueden limitar el uso de un recurso en una confrontación armada cuando el Estado tiene todas las posibilidades tecnológicas.

Eso de que ustedes no tienen nada que ver con el narcotráfico no es creíble. ¿Tienen alianzas con las bacrim para lucrarse del narcotráfico?

A.P.: Incluimos el punto de sustitución de cultivos para encontrarle salida, no al tema del narcotráfico porque no depende de factores internos, es una estructura económica del capitalismo descompuesto. Lo que queremos es encontrar alternativa a la represión a campesinos cultivadores. Se habla de narcoguerrilla, se habla de narcoestado, narcopresidente, narcocongresistas. ¿O sea, que estamos próximos a encontrarnos en La Habana un grupo de narcotraficantes? Las Farc han explicado que cobran un impuesto a los factores de poder donde se mueve la guerrilla. Pero esta gente le paga también a la brigada, a la base militar, al juez, a los que hacen control de tránsito. Es la realidad de la economía colombiana.

Pero ustedes compran la base de coca a los campesinos.

Eso no vincula a las Farc con el fenómeno de narcotráfico, que es la exportación a Estados Unidos. Por qué no se habla de esa fase que es la más importante. Se concentran en atacar al campesino.

A ustedes los acusan de exportar cocaína.

Es falso.

¿Tienen nexos con carteles mexicanos para exportar cocaína?

El general Naranjo sí debe saber cuáles son los vínculos de los carteles de México con Colombia. Dejemos que la historia siga su curso para que aparezcan esos vínculos.