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En solidaridad con el pueblo
colombiano Diplomáticos y militares colombianos utilizan políticamente las creencias religiosas para desinformar sobre el conflicto colombiano 13 de abril de 2005
Rompiendo el silencio Pretender que en Colombia no hay conflicto y mostrar a la vez a soldados y policías como únicas victimas del mismo, no deja de ser una burda campaña de limpieza de la imagen del Estado colombiano. Los gobiernos colombianos le dan continuidad a una visión maniqueísta del conflicto, según la cual los buenos son los amantes, cultores y defensores de la constitucionalidad y los malos son los defensores de derechos humanos, los opositores políticos, las ONG, las organizaciones sociales y populares opuestas a ese proyecto de Estado. Según organismos internacionales competentes, en Colombia, las Fuerzas Armadas oficiales y sus bandas paramilitares son responsables de más del 80% de las violaciones a los derechos humanos. Sin embargo, las víctimas que ocasiona el régimen colombiano no se mencionan en las proclamas donde el Gobierno habla de las muertes que produce el conflicto. Estas muertes para ellos son invisibles. Las muertes que los bombardeos de la Fuerza Aérea causan, los niños nacidos con malformaciones congénitas por causa de las fumigaciones con glifosato, los miles de desaparecidos, los millones de desplazados internos, la diáspora colombiana sin papeles en diferentes países del mundo, los colombianos obligados al exilio, los prisioneros políticos, los masacrados por las bandas de narcotraficantes, militares y paramilitares, todos ellos son víctimas directas e indirectas del conflicto, olvidadas e ignoradas en las cifras oficiales del Estado. El olvido más lamentable del Estado es la impunidad con la cual pretende premiar hoy a las bandas paramilitares, con proyectos de ley que dan la espalda a la exigencia de las víctimas a la reparación y a la verdad y al derecho inalienable de la justicia. Los muertos y todas las víctimas del terrorismo de Estado también merecen una palabra en esta misa. Olvidarlos no sólo es una ofensa a su memoria, sino un acto de ignorancia histórica frente al drama que vive Colombia.
Muchos colombianos en el exterior nos negamos a guardar silencio ante actos como éste, donde se utiliza la religión y el rito católico para tergiversar la realidad colombiana e insultar con el silencio a muchos de los muertos del pueblo y es por su memoria que estamos hoy ante ustedes, para decirles que por esos muertos, nuestros muertos, ni un minuto de silencio. Colombianos y colombianas: Refugiados politicos, requerentes de asilo, sin papeles, casados y casadas con ciudadanos suizos, adoptados por familias suizas, ciudadanos suizos en solidaridad con Colombia (version française) Brisons le silence Prétendre qu’en Colombie il n’y a pas de conflit et, en même temps, montrer les soldats et les policiers comme les seules victimes de celui-ci n’est qu’une grossière campagne destinée à laver l’image de l’Etat colombien. Les gouvernements colombiens successifs entretiennent une vision manichéiste du conflit selon laquelle «les bons », ce sont ceux qui aiment et défendent la constitutionnalité, et «les méchants», ce sont les défenseurs des droits humains, les opposants politiques, les ONG, les organisations sociales et populaires opposées à ce projet d’Etat. D’après des organismes internationaux compétents, les forces armées officielles et leurs bandes para-militaires sont responsables de plus de 80% des violations des droits humains en Colombie. Cependant, les victimes du régime colombien ne sont pas mentionnées dans les proclames où le gouvernement parle des morts que produit le conflit : ces morts sont invisibles pour le régime.
Ces morts, ainsi que toutes les victimes du terrorisme d’Etat, méritent, eux aussi, d’être mentionnés dans cette messe ; les oublier constitue non seulement une offense à leur mémoire, mais aussi un acte d’ignorance historique face au drame que vit la Colombie. Par des actes comme celui-ci, le gouvernement colombien et ses institutions prétendent se présenter au monde comme étant solidaires de la douleur des familles des soldats tombés au combat, en occultant leur refus de réaliser un échange humanitaire qui permettrait que bon nombre de leurs soldats et policiers faits prisonniers au combat retournent chez eux, en même temps que les prisonniers politiques qui croupissent dans des conditions infra-humaines dans les différentes prisons du pays. Ainsi que de nombreux Colombiens vivant à l’étranger, nous refusons de rester muets face à des actes comme celui-ci, dans lesquels la religion et le rite catholiques sont utilisés afin de déformer la réalité colombienne et insulter avec le silence les morts du peuple. C’est pour leur mémoire que nous sommes aujourd’hui devant vous, pour vous dire que pour ces morts, nos morts, il n’y a pas une seule minute de silence. Colombiens et colombiennes : Réfugies statutaires, requérantes d’asile, sans papiers, en adoption par de familles Suisses, mariés avec de Suisses/ Suissesses, citoyens Suisses solidaires avec la Colombie Este comunicado fue repartido a los pocos asistentes al evento, como una manera de dejar de ser invisibles, en esta sociedad donde todavia respiramos y vegetamos de manera anónima y marginal. La embajadora se negó a dejarnos entrar al evento, entonces procedimos a quedarnos afuera y a argumentar nuestro descontento y a entregar nuestro comunicado. La sorpresa que nos llevamos fue mayúscula y fue que al llegar la iglesia estaba llena de pintas contra el régimen de Uribe. No sabemos quién lo hizo pero los muros hablaban también por todos los que no fueron. |