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La crisis cafetera reclama cambio de modelo
Congreso de los Pueblos / Lunes 4 de marzo de 2013
 

La respuesta que la administración de Juan Manuel Santos le está dando al paro de los productores cafeteros, deja interrogantes sobre lo que el gobierno entiende por solución política al conflicto interno. El consabido señalamiento de infiltración a la protesta social y el consiguiente tratamiento de guerra a un sector que ha aguantado mas de 20 años en crisis que entran a paro luego de año y medio de estar convocando al gobierno al diálogo, dan muestra que las cosas no van a cambiar por cuenta de una negociación de paz, que supone el cese de la represión militar a todas las expresiones contrarias a las políticas oficiales.

Los diversos procesos que nos agrupamos en el Congreso de los Pueblos, acompañamos con nuestros pasos y nuestras voces las reclamaciones de las familias cafeteras que han sido marginadas de las decisiones que los burócratas de la Federación y el gobierno han tomado sobre sus destinos, como nuevamente acaba de suceder en el artificioso y amenazante “acuerdo” de fin de semana. Y denunciamos ante el país y el mundo, que una vez más la legítima protesta social del pueblo colombiano es hostigada y violentada por parte de batallones militares y escuadrones antidisturbios, que dejan como saldo hasta el día de hoy: un muerto y cientos de heridos y detenidos.

La profunda crisis del sector cafetero es una expresión de la crisis agraria del país, que ya otros sectores productores del campo han evidenciado en manifestaciones recientes. Ocurre igual con la salud y la educación, donde es innegable la gravedad del problema y que no va a resolverse con otras reformas transitorias. Las huelgas de los trabajadores del carbón y el petróleo, y los paros cívicos de comunidades en cuyos territorios se explotan recursos naturales, no pueden leerse tampoco como un conflicto aislado y coyuntural, mucho menos desde una estrategia militar.

Los constantes estallidos sociales en múltiples puntos de la economía destapan lo que el gobierno de los grandes capitales no quiere reconocer: hay una crisis del modelo que ha regido al país en los últimos 25 años. Y la promesa montada desde el gobierno de Andrés Pastrana acerca de que la nueva política minera y energética iba a equilibrar la economía y a generar bienestar, queda nuevamente confrontada con estas realidades. Ni con locomotora ese modelo funciona, por lo menos para los colombianos.

Por estas razones, en momentos cuando se abren posibilidades de superar la violencia política y de trazar caminos sostenibles de paz, convocamos al país a repensar el modelo sobre el que se ha pretendido ordenar el conjunto de la sociedad. Y en ese camino le hemos propuesto a todos los procesos sociales, populares y democráticos, a que nos encontremos en un Congreso Nacional para la Paz, donde juntemos esas reclamaciones y propuestas que llevamos cargando desde hace tiempo -y que siempre nos han incumplido- para hacer en este territorio el país digno que nos merecemos.