Corporación Acción Humanitaria por la Convivencia y la Paz del Nordeste Antioqueño
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Una mirada sobre el Nordeste Antioqueño
Cahucopana / Viernes 23 de agosto de 2013
 

El Nordeste antioqueño es una región del departamento de Antioquia, ubicada sobre la margen oriental de la cordillera central, al suroeste de la serranía de San Lucas y entre los ríos Porce, Nechí, Nus y Alicante. Los municipios que conforman esta región son: Amalfi, Yalí, Anorí, Cisneros, Segovia, Remedios, Yolombó, Vegachí, San Roque y Santo domingo. Limita al occidente con la región Norte del departamento de Antioquia, al sur con el oriente Antioqueño, al nororiente con el departamento de Bolívar, al suroriente con la región del Magdalena Medio y al norte con el Bajo Cauca. Se divide en bajo, medio y alto nordeste.

El Bajo Nordeste Antioqueño, comprende los municipios de Remedios y Segovia, es una zona rica en producción minera y maderera, fue poblada por colonos desde finales del siglo XVI, quienes llegaron, algunos por el conflicto que vivía el país, otros en busca de la riqueza minera de Remedios; más adelante, con la presencia de La Frontino Gold Mines, multinacional estadounidense que llegó al municipio de Remedios en 1869, llegaron a la región colonos provenientes del Bajo Cauca, Córdoba, Sucre, Santander y Bolívar. Es así como surge una población asalariada de explotación artesanal minera y de pequeños propietarios de entables para la explotación del oro.

El Nordeste Antioqueño cuenta con grandes extensiones de bosques naturales que albergan gran variedad de especies silvestres y una gran gama de recursos naturales y minerales como el oro y la plata. La existencia de tales recursos se ha constituido por varias décadas como fuente económica de la población campesina de la región; la explotación artesanal, en especial del oro, se ha caracterizado históricamente como la principal base económica de muchas familias, pero también ha sido el producto generador de muchos conflictos que le han costado la vida y el desplazamiento a miles de campesinos.

Los intensos conflictos que se han desatado en la zona tienen su razón de ser en la lucha por el dominio de la explotación de estas riquezas por parte de agentes externos a los pobladores de la región (las grandes trasnacionales del oro), cuyos métodos se basan en el deterioro natural y la expropiación de tierras a campesinos, pues las minas ubicadas en el nordeste antioqueño producen el 74% del oro del país, a este recurso se suman las riquezas madereras que también son blanco de la explotación de los grandes empresarios, y se encuentran en su mayoría en zonas de reserva forestal.

Cubierto por un espeso bosque, rico en árboles maderables, la zona del nordeste es una fuente “agotable” de agua, debido a la tala y quema indiscriminada de bosque, para la comercialización de madera; lo primero, y para la siembra; lo segundo.

De forma artesanal, el campesino de la zona utiliza la tierra para la siembra de productos básicos de su dieta alimenticia como son el arroz, la yuca y el plátano. A pesar de la alta presencia de la ganadería en la región, este tipo de actividad económica no es generalizada, aunque ha afectado notablemente el manejo de aguas y de tierras. Es principalmente con la intención de tener pasto fresco para el ganado, que se sacrifica la mayor parte del bosque nativo. A ello se suman los altos índices de tala de bosques a consecuencia de la explotación maderera que día a día se incrementa en toda la zona.

A pesar de la enorme disponibilidad de recursos de la zona, no ha existido desde el gobierno una política clara que permita generar desarrollo equitativo para las poblaciones asentadas en la región. Por el contrario, quienes han llegado y gozado de los beneficios han sido los inversionistas extranjeros que han desarrollado varias iniciativas de megaproyectos que les permiten el proceso de explotación mineral y forestal en esta región del país.
El Nordeste Antioqueño se ha caracterizado a su vez por un desarrollo mediante enclave extranjero. Además de la minería, su localización geoestratégica hace apremiante su participación en proyectos económicos de gran envergadura, en cuanto a las minas, el petróleo y las maderas, de ahí el interés de las grandes multinacionales y del Estado con la implementación de megaproyectos.

Empresas como la Anglo Gold Ashanti, segunda productora mundial de oro, hacen presencia en la zona, pidiendo que se le adjudiquen miles de hectáreas del territorio para el inicio de la prospección de minas de oro en el nordeste antioqueño. Esta multinacional ha comprado las tierras que el Estado Colombiano le ha adjudicado como si se tratara de terrenos baldíos, cuando en realidad hay comunidades que habitan allí desde hace más de 20 años.

Panorama de los derechos humanos en el Nordeste antioqueño

La Región del Nordeste Antioqueño ha sido por más de 50 años escenario de diversos sucesos de violencia que por la intensidad de los mismos han dejado huella en esta zona y en sus comunidades, quienes han sido víctimas de masacres, bloqueos económicos, desplazamientos forzosos, señalamientos, intimidaciones, torturas, amenazas, y otras formas de represión por parte de los actores armados (Ejército y paramilitares, principalmente). La región presenta como contraste frente a sus riquezas en recursos naturales, una situación de pobreza y marginalidad de la población. Con cada nuevo proyecto económico que llega a la región, también aparecen allí nuevas manifestaciones de violencia.

En esta región se ha visto recrudecer el conflicto a partir de la implementación de estrategias de control social que pretenden romper el tejido social, amedrentando a las comunidades para así, desarticular cualquier iniciativa campesina de organización en pro de la defensa y exigencia del respeto de los derechos humanos. Muestra de ello fue la puesta en marcha por parte de la V y XIV Brigada de operativos militares como la Operación Bolívar implementada en el 2001 como estrategia desarrollada en el marco del Plan Colombia y la Operación Sol de Oriente III realizada en el 2004 en las zonas rurales de los municipios de Yondó, Cantagallo, San Pablo y Remedios. Operativos como el Centella, implementado por efectivos de la V y XIV Brigada del Ejército hicieron de ese año en materia de Derechos Humanos un periodo de padecimientos para el campesinado de la región.

Para hablar de la situación de los derechos humanos en el Nordeste Antioqueño se hace indispensable mencionar unos antecedentes que sin lugar a dudas generaron la reconfiguración del conflicto en la región.
El 12 de diciembre de 2005, más de 1900 hombres pertenecientes al Bloque Central Bolívar de las Autodefensas Unidas de Colombia de los frentes Nordeste Antioqueño, Bajo Cauca y Magdalena Medio se desmovilizaron en la Vereda San Cristóbal del Corregimiento de Santa Helena del municipio de Remedios. Pese a esta desmovilización de los paramilitares, llegó a mediados del 2006 el recrudecimiento del conflicto en el Nordeste Antioqueño.

La implementación de la operación Centella por parte de la XIV Brigada del Ejército Nacional que se adelantando desde Enero de 2005 y su continuación durante el 2006 arrojaron resultados lamentables para varios campesinos que vivieron en carne propia sus efectos. En Enero de 2006 se presenta un fuerte desembarco de tropa perteneciente al Batallón Calibío y al Batallón Plan Especial Energético y Vial No. 8, adscritos a la Brigada XIV. En ese mismo mes, el Batallón, Plan Especial Energético y Vial No. 8, desmonta su base militar que estaba ubicada en la vereda de Lejanías, a unos cuantos metros de la escuela, la cual generaba un inminente riesgo para las comunidades. Las amenazas en contra de la población del Nordeste antioqueño Para el año 2006, dan cuenta de hechos de tortura y desaparición forzada; algunos de los casos como el de el campesino, Julio César Aparicio Díaz, quien fue torturado por hombres encapuchados en la Vereda Campo Bijao (Remedios) mientras en las cercanías de esta vereda se encontraban efectivos del Batallón Calibío de la XIV Brigada del Ejército. En el mes de febrero el campesino José Gustavo Castañeda fue desaparecido; este hecho ocurrió entre la finca La Estrella y el caserío de la vereda Puerto Nuevo Ité, jurisdicción de Remedios Antioquia, zona donde se encontraba el Batallón Calibío. Otro de los casos registrados que enluto a la región fue la desaparición de Robinsón Alberto González, un campesino de 26 años de edad, quien salió el día 6 de febrero a las 2:30 pm, en su mula, desde la vereda Dos quebradas jurisdicción de Remedios Antioquia, hacia la vereda Puerto Nuevo Ité; a dicho destino sólo llegó la mula y del joven nadie supo nada.

Las unidades pertenecientes al batallón Calibío de la Brigada XlV del Ejército Nacional, quienes ejercían en ese momento el control militar en la región, manifestaron no saber nada del joven; sin embargo, el día 22 de febrero a las 3 pm fue encontrado el cadáver de Robinsón Alberto González. Presentaba disparos de fusil: dos en la cabeza, uno en el pie derecho, otro en la mano derecha y otro en el tórax. El sitio donde se encontró el cuerpo está ubicado entre las veredas Campo Bijao y Caño Tigre, jurisdicciones de Remedios Antioquia en el lugar conocido como Caño Panela. El asesinato de Robinsón, quien era arriero, genero miedo e incertidumbre entre la comunidad campesina debido a la presencia del ejército y de hombres encapuchados presuntamente paramilitares. La intimidación a las comunidades también se reflejo en la interceptación a todo campesino que se movilizaba por la zona, con el objetivo de entregarles publicidad del ejército colombiano, donde invitan a los guerrilleros a desmovilizarse.

Las detenciones arbitrarias fueron otras de las modalidades usadas por el Ejercito Nacional y no se hicieron esperar, el mes de junio de 2006 fue detenido arbitrariamente el campesino y aserrador ORLANDO DE JESÚS GUZMÁN MORALES por efectivos del Batallón Calibio, En el momento de su captura, Don Orlando se encontraba pilando arroz para el gasto de su familia, junto con dos trabajadores. Los militares maltrataron física y verbalmente al Sr. GUZMÁN MORALES y a otro trabajador, diciéndoles que: “si la guerrilla le fuera a matar un soldado, ellos la pagaban”. Pasada media hora, los soldados se llevaron al Sr. GUZMÁN MORALES para el filo donde tenían su campamento. Minutos después un comandante les ordenó a los trabajadores no moverse del sitio donde se encontraban. Al día siguiente, a las 5 de la mañana, los soldados se retiraron de la vereda utilizando al Sr. GUZMÁN MORALES como escudo humano en caso de un hostigamiento. El 5 de Julio, por la radio, el Ejército Nacional reportó la captura del Señor Guzmán como el “Jefe de Finanzas de las Milicias del Cuarto Frente de las FARC,” utilizando el apodo de “Puntiado”, sobrenombre con el que se le conoce a Don Orlando en la Región.

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Para los pobladores de la región, Don Orlando era conocido como un campesino y aserrador. Así se manifestaba la estrategia de las fuerzas militares que bajo la figura de la “reinserción” se vincula a los campesinos al conflicto armado interno, haciéndoles firmar actas “voluntarias” de reinserción sin ser actores armados del conflicto.

Desplazamiento forzado, pobreza extrema y campamentos de refujgio humanitario

A principios del mes de agosto del año 2006; en el caserío de la vereda Cancha de Manila (Remedios), los campesinos se vieron obligados a desplazarse de sus fincas y a establecerse en un refugio temporal ubicado en el caserío de dicha vereda, debido a los constantes señalamientos a los pobladores como auxiliares de la guerrilla que venían realizando el civil CAMILO TAMARA que para la época acompañaba a las tropas del Ejército y ante las continuas amenazas de las tropas del Batallón Plan Especial Energético y Vial N.8 y del Batallón Calibío, adscritos a la XIV Brigada del Ejército Nacional, quienes eran comandadas por el Mayor Galviz y el Sargento López, amenazaron a los campesinos afirmando que " en el mes de septiembre se produciría la incursión de los paramilitares del BCB, que están en la base de Puerto López".

Ante esta situación, y con el fin de evitar el desplazamiento masivo de la población campesina de la vereda Altos de Manila, se constituyó un refugio temporal interno, organizado por la Corporación Acción Humanitaria por la Convivencia y la Paz del Nordeste Antioqueño (Cahucopana), Luego de más de un mes de confinamiento, la comunidad decidió el 29 de septiembre levantar el refugio temporal interno de Cancha de Manila y retornar a sus viviendas, en la vereda Altos de Manila. Los continuos hostigamientos que se realizaron por las unidades militares adscritas a las Brigadas V y XIV del Ejército Nacional que patrullan en la zona aumentaron la zozobra de los pobladores de la región, una zozobra manifiesta pues usualmente la tropas venían acompañadas de desmovilizados o reinsertados que señalaban a la población civil, especialmente a los líderes comunitarios, o recurrían a la figura de la reinserción forzosa de campesinos para justificar las detenciones arbitrarias que habitualmente realizaban.

La pobreza extrema se refleja; en la ausencia total del estado en temas cruciales para la comunidad, como obras públicas, salud, educación, crédito agrario y pecuario, administración de justicia, notariado y registro, en fin una ausencia civil institucional a la par de una militarización de la vida campesina.

Contrasta con la riqueza de la región, la pobreza de sus habitantes, quienes carecen de los servicios básicos de agua potable y luz eléctrica, así como de la atención en salud y la posibilidad de educación para sus hijos. La región está intercomunicada por caminos de herradura lo que dificulta el comercio (ya de por si restringido con el bloqueo), al encarecer los precios de los pocos productos que circulan en la región y dificultando la salida de los que se producen allí, situación que se agrava en épocas de invierno, cuando los improvisados caminos se hacen intransitables.

Como si fuera poco, el bloqueo impuesto por los paramilitares incluye la amenaza a comerciantes de ganado (principalmente) impidiendo la compra y venta de animales con el argumento de que el ganado que existe en la zona es de propiedad de la insurgencia. Esto ha hecho casi inexistente la circulación de dinero, por lo que el campesino no cuenta con los recursos para adquirir elementos básicos (los pocos que circulan) para su manutención y la de su grupo familiar.

Como ya lo referimos, el nordeste carece de vías de comunicación distintas a caminos de herradura que se hacen casi intransitables en invierno. En educación la zona carece de la infraestructura necesaria para atender las necesidades de los centenares de niños y niñas que habitan la región. Las escuelas suelen ser construidas con recursos de los mismos campesinos y los profesores son bachilleres a los que sin ninguna preparación pedagógica se les ofrece el cargo de docentes En muchos casos son los mismos campesinos los que deben pagar los honorarios a los profesores para garantizar la educación de sus hijos, pues ante las malas condiciones de trabajo y las dificultades de la región, los educadores nombrados por el departamento o el municipio, optan por irse y abandonar el “precario” proceso educativo que adelantan.

No existe en todo el nordeste un centro de salud adecuado para atender las necesidades sanitarias de los habitantes de la región, la que por sus condiciones climáticas y la ausencia de medios sanitarios, expone a su población a todo tipo de enfermedades, principalmente de origen bacterial (amibiasis) o virales (malaria, lesmainiasis) enfermedades que en otras condiciones podrían ser controladas, pero que dado el aislamiento de la región, agravado por el bloqueo económico y sanitario, se convierten en mortales.

Bajo este contexto las comunidades campesinas históricamente han optando por la acciones de hecho; como forma de exigir garantías de vida diga, el respeto por la territorialidad campesina, además de denunciar y visibilizar la crisis humanitaria de la región. Estas acciones han sido materializadas en la conformación de los campamentos de refugio humanitario, desarrollados en 2007 y 2008 como respuesta a los atropellos de la fuerza pública en la región, particularmente a los casos de desaparición forzada con fines de Ejecución extrajudicial; que para los periodos entre el 2005 y 2008 se documentaron y registraron, 17 casos de Ejecuciones Extrajudiciales. Las acciones humanitarias han sido otras de las estrategias a través de las cuales las comunidades campesinas de la región del Nordeste Antioqueño, han llevado a cabo la visibilización y denuncia pública; ante organizaciones sociales y de Derechos Humanos de carácter nacional e internacional.

Han sido incontables las problemáticas de la región del Nordeste antioqueño y las situaciones que comunidades campesinas han tenido que afrontar, en la lucha por la defensa de la tierra y del territorio. En esta resistencia campesina se han visto partir seres queridos, hijos, padres, compañeras y compañeros, que han dado la vida en la exigencia de sus derechos. Todas esta gestas y luchas del campesinado han trascendido, y es por esto que hoy, aun bajo la implantación de una nueva operación de las fuerzas militares denominado PLAN TROYA, las comunidades campesinas del la región del Nordeste Antioqueño se encuentran concentradas en los cascos urbanos de Remedios y Segovia, adelantando sus exigencias de manera pacífica, y reclamando sean tenidas en cuenta para que las política de inversión social del país, llegue a esta región históricamente olvidada.

Estas comunidades han decidido declararse en Campamento de Refugio Humanitario, para una vez más resguardar sus vidas y exigir desde los más profundo los cambios estructurales; que como región se requieren para garantizar una vida digna en la región del Nordeste Antioqueño