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10 de enero con poder constituyente
Horacio Duque Giraldo / Lunes 6 de enero de 2014
 

Hablar de poder constituyente parece ser un lugar común en el discurso político prevalente en los medios populares. Es como la formula mágica que todo lo resuelve en la controversia cotidiana. Sin embargo, para el caso nuestro, el de Bogotá y Colombia, el asunto es más que pura semántica o retórica.

Desde hace varios meses el espacio público ha sido el escenario de la movilización multitudinaria de campesinos, pobladores, mujeres, trabajadores y jóvenes demandando el reconocimiento de sus derechos.

Paros agrarios, mineros, del transporte, de maestros, de estudiantes son la materialidad de la voluntad y la potencia de las clases populares pugnando por un nuevo poder de origen democrático.

Pero es en Bogotá, a raíz de la feroz persecución de la ultraderecha contra el alcalde Gustavo Petro y su plan gubernamental por una Bogotá Humana, donde se han concentrado las energías y los sueños del pueblo que clama por el cambio y rechaza los abusos y la arbitrariedad de las mafias fascistas que han hecho ingobernable la capital de la Nación.

El poder constituyente, en la radicalidad de su fundamento, y en la extensión de sus efectos, entre la democracia y la soberanía, entre política y Estado, entre potencia y poder, deja sentir en la presencia de la multitud su enorme capacidad transformadora y constructora de nuevas formas de poder e institucionalidad.

Es poder constituyente de las masas contra el poder constituido de la ultraderecha que maniobra para asfixiar la insurgencia del pueblo.

El 10 de enero tendremos el poder constituyente en el centro de Bogota, haciendo historia, por la paz, la democracia, la justicia social y contra los privilegios oligarquicos.

El poder constituyente impedirá que los poderosos repitan la masacre y el terror del Palacio de Justicia, objeto, en 1986, de un feroz golpe de Estado del militarismo.