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Columna de opinión
Presidente Santos ¿Es la doble moral una estrategia política para imponer su paz?
John Heiver Rada Navarro / Domingo 24 de mayo de 2015
 

No puede usted hablar de paz cuando sus órdenes son hacer la guerra; no es posible que en la búsqueda de un acuerdo de paz se asesine con alevosía a los contendientes cuyos fusiles le han apostado a la paz; es ingrato que un gesto cargado de tan alta voluntad de paz, como lo es el cese unilateral al fuego decretado por las Fuerzas armadas Revolucionarias de Colombia - Ejército del Pueblo (FARC-EP), tenga como respuesta bombazos y ametrallamientos mutiladores de cuerpos y de sueños; es infame no mantener la coherencia entre su discurso y la práctica del gobierno que usted preside; es cobarde y repugnante su doble moral al condenar golpes militares propinados por las FARC-EP a las fuerzas armadas y de policía llamándolos asesinos, bandidos, criminales, belicistas, entre muchos otros calificativos que sí caen como anillo al dedo a su deshonroso papel como “el presidente de la paz ” que no ha estado a la altura de acordar dignamente la paz con su enemigo, pues fue usted quien dio la orden a sus hombres de asesinar al máximo comandante de las FARC-EP y fiel propulsor de la paz para Colombia: Alfonso Cano. Fue usted quien infantilmente decidió suspender los diálogos de paz en La Habana tras la retención del general Alzate quien se encontraba misteriosa y maliciosamente en zona de presencia guerrillera; fue usted uno de los que condenó la muerte de los once militares caídos en combates en la vereda Buenos Aires y recuerde muy bien que fue y siegue siendo usted el que ha insistido en dialogar al calor del tropel o al zumbido de las balas.

Ahora que son las fuerzas militares las que se adjudican la muerte de 36 guerrilleros en tan sólo dos días (una verdadera masacre), como si fuera un juego ganar puntos para ver quien anota más, recurre al equivocado principio fijado al iniciar los diálogos de negociar en medio del conflicto, para de esta forma justificar la masacre de estos 36 colombianos, que al igual que los once militares muertos, son hijos de campesinos, hijos del mismo pueblo.

Así que su doble moral no deja ver otra cosa que su cobardía, su desprecio por una paz verdadera, su poca seriedad para lograr una salida política a este cruento conflicto y, por supuesto, deja ver su debilidad ante un proceso que excede su capacidad intelectual y su visión de Paz. Queda pues abierta la inquietud de si ¿es la doble moral una estrategia política para imponer su paz? El pueblo por lo tanto mantiene su exigencia del ¡cese al fuego bilateral ya!