Agencia Prensa Rural
Mapa del sitio
Suscríbete a servicioprensarural

Masacre israelí en Gaza
El mundo se moviliza por Palestina, e Israel intensifica sus ataques
Israel envió ayer refuerzos de reservistas para sus operaciones en la franja de Gaza, después de haber mencionado un posible final de la ofensiva contra este territorio palestino, donde ya ha matado a más de 900 personas, la mayoría civiles. La decisión parece anunciar el inicio de la «tercera fase» de su ofensiva militar con la entrada en los núcleos urbanos poblados y en los campos de refugiados, mientras intensifica los bombardeos aéreos y la invasión terrestre.
Redacción Gara / Lunes 12 de enero de 2009
 

Las tropas israelíes entraron ayer en la ciudad de Gaza, 16 días después del inicio de su ofensiva militar, donde mantuvieron enfrentamientos con milicianos palestinos. Según informaciones de testigos, tanques y vehículos blindados entraron unos dos kilómetros en el sur de la ciudad. En los combates en el barrio de Sheij Aylin murieron 12 milicianos palestinos.

Pero no fueron las únicas víctimas mortales ayer en la franja, ya que el ejército israelí redobló, en una de las jornadas más sangrientas desde el inicio de su ataque, sus bombardeos aéreos y de unidades de artillería, causando la muerte de al menos otras 26 personas en Beit Lahia, el barrio gazatí de Tal al-Hawa y en Yebalia.

Así, el último balance cifra en 901 el número de muertos, la mayoría de ellos civiles, y en 3.695 el de heridos. Portavoces castrenses aseguraron que han fallecido ya más de 300 combatientes palestinos, lo que significa que la mayoría de los muertos son civiles. Entre ellos, alrededor de 400 mujeres y menores de edad.

La aviación israelí comenzó el día con bombardeos aéreos contra unos 60 blancos, entre los que figura una mezquita de Rafah, los túneles que unen Gaza con Egipto, la vivienda de Ahmed Yabri, líder del brazo armado de Hamas, las Brigadas Ezzedin al-Qassam, y los ministerios de Cultura y Asuntos para las Mujeres.

Meta cercana

El primer ministro israelí ordenó por la mañana que prosiga la ofensiva y aseguró que «se acercan» los «objetivos» que su país se ha marcado, lo que auguraba, por primera vez, un final cercano a esta ofensiva contra la población de Gaza. Precisó que «hemos tenido logros impresionantes en la operación contra las organizaciones terroristas», pero que «hace falta más paciencia, determinación y valentía» para alcanzar la meta de «cambiar la realidad de seguridad en el sur» de Israel.

«No debemos echar a perder en el último minuto el esfuerzo nacional sin precedentes que se ha logrado de restaurar el espíritu de unidad del pueblo de Israel», afirmó.

Olmert realizó estas declaraciones después de que altos mandos militares pidieran al Gobierno que decida entre negociar un alto el fuego o lanzar la «tercera fase» de la ofensiva, con la movilización de más infantería para reforzar las operaciones terrestres en Gaza. Advirtieron de que las tropas que ya han entrado en la franja no puede quedarse eternamente a la espera de una decisión porque se convierten en un blanco estático para las milicias palestinas.

La petición no cayó en saco roto y emisoras locales de radio anunciaron anoche que el Ejército había comenzado a movilizar a reservistas para dar inicio a la «tercera fase» de su agresión, que incluirá la entrada en los núcleos urbanos más poblados y en los campos de refugiados, aunque mantiene los bombardeos aéreos y de artillería y la invasión terrestre.

Durante el día, los medios de comunicación informaron de que el Gobierno dudaba si dar luz verde a la «tercera fase» que preveía el recurso masivo a reservistas, sinónimo de una escalada bélica. La ministra de Exteriores, Tzipi Livni, se mostró partidaria de una retirada del Ejército y de la continuación de los ataques sistemáticos en caso de que prosiguieran los lanzamientos de cohetes. También su homólogo de Defensa, Ehud Barak, abogó por una tregua que garantizara el fin del contrabando de armas por los túneles excavados bajo la frontera entre Gaza y Egipto.

Sin embargo, Ehud Olmert, el responsable del Shin Beth (servicio de seguridad interior), Youval Diskin, y el comandante de la región meridional de Israel y quien dirige la operación «Plomo Endurecido», el general Yoav Galante, se mostraron a favor de ampliar la ofensiva.

Por otro lado, ayer se repitieron las denuncias, ya generalizadas, de la utilización por parte de Israel de bombas de fósforo blanco en zonas habitadas por civiles en Gaza, en contra de la legislación internacional. Médicos de Gaza denunciaron la utilización de esas armas en zonas densamente pobladas. «Es el mismo material que utilizaron los estadounidenses en Faluya (Iraq) y los israelíes en Líbano (en 2006)», afirmaron.

Un portavoz militar aseguró a Efe que las fuerzas armadas israelíes «utilizan únicamente armas que están de acuerdo con la legislación internacional y que no usan ningún arma que no sea utilizada por otros ejércitos occidentales». Sin embargo, declinó confirmar o negar en empleo de fósforo blanco en Gaza.

La red de ONG palestinas (PNGO) ha exigido una investigación independiente.

Oídos sordos

Mientras, Israel permanece ajena al clamor de cientos de miles de personas que en todo el mundo salen a las calles para reclamar el fin del genocidio sionista contra el pueblo palestino y, en el caso de la UE, una reacción más firme. Ayer volvieron a sucederse las protestas.

En Europa, las marchas más nutridas tuvieron lugar en Madrid -250 mil, según los organizadores-, donde se arrojaron piedras contra la embajada israelí, y Bruselas -80 mil según los convocantes-, donde se registraron enfrentamientos con la Policía, pero miles de personas secundaron también las convocatorias en otras ciudades. Fuera de Europa, hubo manifestaciones en Rabat, Hong Kong, Yakarta y varias ciudades de Pakistán.

Además, hubo actos a favor de Israel y contra Hamas en Londres, Marsella y varias ciudades alemanas.

«¿Y al pueblo palestino quién lo protege?»

M. Isasi

Miles de personas marcharon ayer por las céntricas calles de Bilbo para condenar la masacre que Israel está llevando a cabo en Gaza, exigir que sus dirigentes políticos y responsables militares respondan ante el Tribunal Penal Internacional de La Haya y hacer un llamamiento al boicot al estado sionista y a todas sus expresiones.

Durante la marcha, encabezada por una pancarta con el lema «Palestina askatu», se denunció el genocidio del pueblo palestino por el «terrorismo» del estado israelí y la «pasividad y complicidad cobarde» de instituciones y gobiernos europeos y del mundo en general. El sonido de las sirenas y las bombas acompañó durante el recorrido a los manifestantes, que rompieron a aplaudir cuando una joven con una kufiya y un cartel que preguntaba «¿Y al pueblo palestino quién lo protege?» prendió fuego a una bandera israelí.

Tras un minuto de silencio en recuerdo de las víctimas de la ofensiva sionista en Gaza, los convocantes volvieron a condenar la «barbarie e impunidad» del estado «ilegal y genocida» de Israel, al tiempo que reconocieron la legitimidad de los palestinos de elegir a Hamas para que les gobierne y su derecho a defenderse e instaron a tomar medidas que detengan la ofensiva israelí.

En la concentración convocada por el Ayuntamiento de Arbizu se reunieron más de 250 personas.

Fuerza bruta para evitar muchas bajas y mantener la cohesión interna

A. Pita

El ejército israelí actúa con tremenda dureza para evitar un alto número de bajas entre sus soldados que -como sucedió en la guerra de Líbano de 2006- resquebraje el masivo apoyo social (94%) a su ofensiva en Gaza.

«Somos muy violentos. No estamos rehusando método alguno para prevenir bajas entre nuestras tropas», admitió el coronel Amir. Otro mando militar añadió que «cuando sospechamos que un miliciano se esconde en una casa, lanzamos un misil, luego dos disparos de tanque y después una excavadora golpea el muro. Causa daños pero previene la pérdida de vidas entre nuestros soldados», agregó.

Con estas tácticas no es extraño que el balance de muertos sea ya de 901 palestinos y 15 israelíes -cuatro soldados por fuego amigo-.

Declaraciones y hechos sobre el terreno muestran que Israel está dispuesta a sacrificar su imagen internacional con tal de mantener la cohesión interna. La jugada le ha salido bien: EU y la UE siguen en su papel habitual; Egipto se muestra más beligerante con Hamas que con su otrora enemigo; el presidente palestino y líder de al-Fatah, Mahmud Abbas, carga en sus discursos contra el movimiento islamista, y Hizbullah se mantienen al margen.

Implacable, como de costumbre, el columnista israelí del diario «Haaretz» Gideon Levy cargaba el viernes contra su sociedad: «El escalofriante equilibrio de sangre -unos cien palestinos por cada israelí- no genera preguntas, como si hubiéramos decidido que su sangre vale cien veces menos que la nuestra, en aceptación de nuestro inherente racismo».