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Solidaridad mundial con Palestina en medio de crímenes israelíes
Waldo Mendiluza / Lunes 30 de noviembre de 2015
 
Niños en Ramala, Palestina. Foto: scottmontreal

Naciones Unidas celebra hoy el Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino, en un contexto marcado por la escalada de la violencia y la colonización israelíes en los territorios ocupados.

La Asamblea General estableció en 1977 el 29 de noviembre como el Día Internacional, con el propósito de recordar que 30 años antes el propio foro aprobó la resolución 181 para la Partición de Palestina, la cual debía dar lugar al nacimiento de dos nuevos estados, uno árabe y otro israelí.

Desde entonces, varias iniciativas han salido de la Asamblea, del Consejo de Seguridad y de órganos especializados de la ONU demandando la solución de los dos estados, escenario obstaculizado por las sistemáticas agresiones de las tropas de Tel Aviv y el empeño en colonizar Cisjordania, incluyendo Jerusalén Oriental, con nuevos asentamientos judíos.

La jornada sirve de llamado a la conciencia mundial acerca de los derechos del ocupado pueblo árabe y las violaciones que enfrenta.

Hace una década, la Asamblea General adoptó una resolución que encarga al Comité para el Ejercicio de los Derechos Inalienables del Pueblo Palestino la celebración de acciones culturales y de otro tipo a propósito del Día Internacional.

Esta semana, la plenaria de los 193 países miembros de la ONU aprobó cuatro nuevas iniciativas en respaldo a la causa de Palestina y su derecho a contar con un estado independiente, que conviva en paz con su vecino judío sobre la base de las fronteras anteriores a la ocupación de 1967.

En una sesión especial de la Asamblea dedicada al tema, el embajador palestino aquí, Riyad Mansour, denunció la hostilidad israelí, traducida en asesinatos extrajudiciales, incluso de niños, los arrestos administrativos, las demoliciones de viviendas, el incremento de los desplazamientos forzados y la continuidad del bloqueo a la Franja de Gaza y la construcción de asentamientos.

Mansour calificó de insostenible la situación del pueblo árabe y reclamó un mayor compromiso de la comunidad mundial y en particular del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas con el cese de la ocupación y el comienzo de negociaciones de paz verdaderas, que lleven a la solución de los dos estados.

"Entonces cabe preguntarnos cuál es el límite para la acción? Nosotros creemos que ya llegó hace rato el momento para que la comunidad internacional, y en particular el Consejo de Seguridad, deje la parálisis y enfrente la realidad antes de que todo esté perdido", advirtió.

El diplomático agradeció el respaldo global a la causa, pero llamó a hacer más para evitar que se destruyan las opciones de la solución de los dos estados y las pocas esperanzas de paz que quedan.

Recientes datos de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU reflejan que desde el 1 de octubre hasta el 23 de noviembre, cerca de 100 palestinos perdieron la vida y más de 10.300 resultaron heridos por la escalada de la violencia en los territorios ocupados.

De acuerdo con el reporte divulgado el jueves por la agencia especializada, 20 de las víctimas fatales de la represión fueron niños.

Los controles excesivos por militares de Israel, los obstáculos de acceso a sitios sagrados en la Ciudad Vieja de Jerusalén -como la Mezquita de Al Aqsa (tercer lugar sagrado del Islam)- y las provocaciones de colonos judíos dispararon las tensiones, protestas y choques en las últimas semanas.

El actual escenario de aumento de la violencia cobró además la vida de 17 israelíes, mientras 160 sufrieron heridas, muchos de ellos en casos de apuñalamientos.

La ONU admitió que la frustración y la desesperanza dominan entre los palestinos como resultado de décadas de ocupación y colonización.

En ese sentido, el subsecretario general de la organización, Jan Eliasson, pidió a los líderes de ambas partes hacer todo lo posible por evitar que se complique aún más la situación y por despejar el camino hacia el proceso de paz.

Particular preocupación despierta en Naciones Unidas los hechos de violencia derivados de las restricciones y provocaciones israelíes en sitios sagrados de Jerusalén, por su potencial posibilidad de extender el conflicto del terreno político al religioso.