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Columna de opinión
¿Por qué Francia? Parte II
Edgar Eduardo Pulido García / Viernes 26 de febrero de 2016
 

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38 aviones de guerra franceses se encuentran desde finales del año pasado en una cruzada por la “emancipación de Siria y la seguridad de Francia” de estos 12 (6 modelos Rafale y 6 mirage 2000) despegan desde Emiratos Árabes Unidos, los otros 26 se arman desde el único portaaviones de Francia, el Charles de Gaulle, cuyo nombre representa al hombre símbolo de la lucha por la libertad nacional durante la segunda guerra mundial, se consterna el mundo con que los 130 muertos de los atentados son la mayor masacre en la historia reciente de Francia.

¿Cómo se le llama a la mentira por olvido? Los asesinatos en el último año en París son, sin lugar a dudas, los asesinatos más mediáticos de la historia reciente de Francia, pero de lejos los más graves. El 17 de octubre de 1961 se realizó en las calles de París una manifestación pacífica de 60 mil argelinos residentes contra la imposición de un toque de queda para la gente negré impuesto por Charles de Gaulle (la persona, no el portaaviones, ni el aeropuerto), manifestación aplastada con el arresto de 14 mil manifestantes (muchos de ellos torturados) de los cuales 250 aparecieron horas más tarde como cadáveres petróleos y flotantes en una tarde sanguínea de otoño reverberada en el río Sena; se estima que fueron 400 personas asesinadas en París en ese otoño noir, todos de la mano del director de la policía de París Maurice Papon, amigo nazi que conservó su puesto para torturar argelinos y comunistas [1], el nombre del hecho no podría ser más diciente: la masacre de París, masacre que fue tomada por el ahora ícono de la libertad de Francia de Gaulle como “un asunto secundario”. No es extraño que esa imagen de la democracia sea confundida por sinécdoque en uno de los portaaviones más grandes de Europa.

Pequeño asunto es que mueran negros, musulmanes, indígenas o comunistas, sin importar si el suelo es la bella calzada de París, o los interminables desiertos de Palestina o La Guajira; bien sea producto de la violencia directa de los bombardeos o las balas o como secuela de la violencia económica: es un asunto pequeño quitarle un río a un pueblo si con esto se le da vida a una multinacional.

Actualmente en Siria se encuentran en la misma guerra varios intereses, halando la cuerda del lado del gobierno de Bashar Al Asad están Rusia e Irán, socios comerciales de la actual Siria, y la contraparte de la cuerda se divide en tres: la primera la tiene una facción rebelde que sobrevive de la Primavera Árabe de 2011 (casi diluida entre los demás bandos), la segunda la tiene el Estado Islámico que creció a partir de ese primer grupo rebelde apoyado descaradamente por Arabia Saudí y Qatar [2], y en una tercera parte halando solos, están los Kurdos quienes luchan desde hace mucho tiempo por su independencia como nación en un territorio que se encuentra en la frontera entre Irak, Turquía, Irán y Siria. Los kurdos luchan contra el Estado Islámico a la vez que reciben golpes de Turquía. Todos los ataques de Turquía (el único miembro de la OTAN de la zona) contra ISIS han sido en realidad contra los kurdos [3] y el gobierno de Siria tampoco es necesariamente su aliado por el tema aquel del pedazo de tierra que podrían perder si los kurdos ganan terreno.

Al analizar lo que va de la guerra en Siria se nota, sin temor a equívoco, que el mayor enemigo del Estado Islámico son los kurdos. Ni los aviones que despegaron del portaaviones de Gaulle, ni los bombardeos ejecutados en común acuerdo entre Rusia y Bashar Al Asad han tenido gran eficacia por una simple razón: los bombardeos no son contra ISIS, son contra los territorios donde se encuentra ISIS, territorios con cientos de miles de civiles. Por ejemplo se documentaron 250 civiles Sirios muertos en los bombardeos rusos [4]. En ese sentido la confrontación más útil se realiza desde tierra de tal forma que los kurdos, en cabeza del PKK (partido de los trabajadores de Kurdistán), son quienes le han propinado los mayores golpes militares al Estado Islámico, golpes que se reflejan en la recuperación de territorio y de paso en la liberación de ciudades con la población civil incluida, donde se presentan muertes de civiles pero marginales en comparación con los bombardeos; debido a ello los kurdos han recibido una tímida ayuda por parte de la OTAN para combatir en Siria al Estado Islámico, así como armamento que EEUU deja caer para los rebeldes sin especificar que rebeldes son; sin embargo al mismo tiempo la OTAN le da vía libre a Turquía para bombardear a los kurdos en la zona de Irak [5] y se hace el de la vista gorda con el hecho de que esa acción esté prohibida por la ONU.

Varias han sido las promesas de un cese de operaciones que al día de hoy deberían tener a los fusiles en silencio, el problema como lo dijo El Asad es más complejo:

“el concepto de alto al fuego no es correcto porque el alto al fuego ocurre entre dos ejércitos o dos países enfrentados. Sería mejor utilizar el concepto de cese de las operaciones. Principalmente depende de detener el fuego, pero también de otros factores complementarios y que son más importantes como por ejemplo impedir que los terroristas aprovechen la suspensión de las operaciones para mejorar sus posiciones. También depende de prohibirles a otros países, especialmente a Turquía, enviar más hombres y armas o cualquier tipo de respaldo logístico a los terroristas. Además existe una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU referente a este punto que no ha sido acatada. Si no garantizamos todos estos requerimientos necesarios para la suspensión de las operaciones todo esto tendrá un efecto negativo y provocará más caos en Siria, y también podrá llevar a la división de facto del país. Por eso, aplicar el cese de las operaciones, podría ser positivo si se dan los requerimientos necesarios [6].”

Es decir que para poder detener la escalada de violencia quienes deben ponerse de acuerdo, más que los Sirios que hace rato claman un alto a la guerra (tanto los refugiados como los que soportan aún la guerra desde adentro), son las naciones cuyos intereses siguen puestos en los beneficios económicos que la victoria de cierto bando podría tener por encima de los muertos que siguen creciendo y que lamentablemente ahora, gracias a que no se han generado daños “colaterales por el extremismo en occidente”, han perdido fuerza mediática y de no inclinarse la balanza, ojalá hacía los Kurdos, seguirán creciendo hasta ser tragados por el desierto.

[1Hay otra masacre en febrero de 1962, la masacre de Charonne en la estación de metro de París, donde murieron nueve personas en el marco de una manifestación convocada por el Partido Comunista y la Central de Trabajadores contra la guerra en Argelia y el grupo terrorista colonial OAS