Corporación Acción Humanitaria por la Convivencia y la Paz del Nordeste Antioqueño
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Desde el Nordeste Antioqueño le seguimos apostando a la paz
Cahucopana / Martes 17 de mayo de 2016
 

Las comunidades minero campesinas del Nordeste Antioqueño, organizadas en Cahucopana, que viven los rigores de la guerra y el olvido estatal,
reafirman una vez más el compromiso con la construcción de la paz con justicia social.

Hoy, más que nunca, nos mantenemos en apoyo total a los diálogos de Paz en la Habana (Cuba) y saludamos los avances que se han dado hasta la fecha entre el Gobierno Nacional y las FARC-EP. Así mismo, vemos con esperanza el diálogo con el ELN, motivo por el cual hacemos un llamado al gobierno colombiano para que demuestre su voluntad de diálogo, ya que lo único que percibimos en cada una de las regiones es la intensificación de los operativos militares y entre las comunidades el temor y zozobra ante la presencia militar y las reiteradas infracciones al DIH. Estamos preparados para defender en los campos y ciudades, la causa de la paz con nuestra movilización pacífica, así como a ser los veedores y actores principales de la implementación de los acuerdos en nuestra región.

Faltaron muchos temas por tratar en la mesa de La Habana y que afectan a nuestras comunidades. En concreto, la persecución a la pequeña minería y minería artesanal, ilegalizada por el Estado colombiano, es un obstáculo para hacer efectiva la paz en nuestro territorio. Una de las grandes preocupaciones que tenemos es el aumento de las violaciones a los derechos humanos por parte de los paramilitares que buscan consolidarse como el actor armado que ejerce control de la minería, a lo que el gobierno colombiano respondió con el impulso de un marco legal que permitiría el bombardeo a estas estructuras paramilitares, mal denominadas BACRIM.

Sin embargo, los bombardeos se justifican para las minas de las comunidades campesinas y mineras como las que se encuentran en Remedios y Segovia, según el proyecto de ley. Con constante intranquilidad persistimos en nuestras denuncias que las estructuras paramilitares se encuentran principalmente en los cascos urbanos, ¿bombardearán los cascos urbanos entonces? o ¿van a ser nuestras comunidades quienes serán el objetivo de sus bombardeos? Es por ello que insistimos en que la paz no solo se sustenta desde los acuerdos de La Habana, también se construye desde los escenarios de interlocución con quienes hemos sido víctimas del conflicto, no solo armado, sino social, de quienes hemos sido víctimas de un sistema que es garante para los que pueden pagar los derechos, pero no es garante para quienes hemos sido históricamente excluidos.

Por lo tanto, aprovechamos esta ocasión para exigir al gobierno colombiano muestras de voluntad de paz con las comunidades. Legitimar y facilitar la legalización de la pequeña minería y la minería artesanal también hace parte de la construcción de paz. Ustedes más que nadie saben que se ha facilitado más la exploración y explotación a las grandes empresas transnacionales que a las propias comunidades que llevan décadas en los territorios construyendo proyectos de vida sostenible y sustentables, en la lucha por la permanencia en los mismos.

Nuestra historia campesina y minera y las reivindicaciones de nuestros derechos constituyen la bandera de la paz con justicia social. Estamos convencidos que la convergencia histórica por la paz será el escenario para contribuir a que prontamente podamos iniciar la implementación de lo pactado en la Habana, pero que nos queda un camino por recorrer para alcanzar las garantías que permitan una paz estable y duradera.

Comunidades del Nordeste Antioqueño