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Las batallas de un desmovilizado
Bibiana Ramírez / Miércoles 5 de octubre de 2016
 

Gustavo García es presidente de la junta de acción comunal de la vereda La Albania, municipio de Vista Hermosa, Meta. El 20 de septiembre tuvo que salir de su finca y dejarlo todo para salvar su vida y la de su familia. Fue amenazado por los grupos “al margen de la ley y que se hacen llamar del Clan Úsuga”. Él mismo asegura que es un objetivo militar por que fue guerrillero de las FARC y además estuvo en La Habana en el 2013 para el tema de cultivos de uso ilícito. Ahora se encuentra en Villavicencio bajo la custodia de la Unidad Nacional de Protección y la Defensoría del Pueblo.

“Me preocupa bastante perder la vida. En el municipio todo es anormal pero aparenta ser normal. Hay un brazo muy largo y unos ojos que están en todos lados”. Hace dos meses está desaparecido Luis Ángel María Muñoz, presidente de la junta de acción comunal de la vereda Alto Guapaya del mismo municipio. Nadie dice nada, ni la Policía se ha encargado de hacer la búsqueda.

Particularmente en Vista Hermosa ganó el sí con un 52,88% contra un 47,11% para el No. Y cuenta Gustavo que allí los paramilitares estaban financiando la campaña y al tiempo se vienen apoderando del territorio que ha ido dejando las FARC. Es un municipio cocalero, principal interés de estos grupos. También es latente la extorsión a los comerciantes.

Gustavo entró a las FARC en 1996. “Es una zona netamente dominada por ellos y abandonada por el Estado, entonces uno se ve directamente involucrado por la organización. No vi otra salida, pero en realidad no me gustaba mucho estar ahí”. En el 2000 se desmoviliza del Frente Primero en el Guaviare. “No nací para ser guerrillero”. Empieza a trabajar con movimientos sociales, a ser guardabosques, líder. Sin embargo, después de la desmovilización quedó a la deriva porque el Estado no respondió por nada de lo que se comprometió.

La vida económica de Gustavo ha sido compleja, pues ha tenido que experimentar muchos oficios para ayudarle a su esposa, quien tiene el padre discapacitado y de 93 años de edad. Sin embargo dice que está mucho mejor trabajando de civil que con un arma al hombro.

El 20 septiembre salió de la casa por amenazas, con su esposa y su suegro. Dejó vacas, peces, gallinas de los que no sabe nada y está seguro que perderá. “Eso jamás se va a recuperar”, además porque regresar es echarse la muerte al hombro. Dos días antes fue agredido físicamente por miembros del Clan Úsuga. La mayoría de la gente sabe que este grupo está haciendo presencia en casi todos los municipios del Meta.

Gustavo hace parte de la Asociación Empresarial y Agropecuaria Cristacaña. Es una asociación que nace en el 2007 cuando 36 campesinos víctimas de la violencia deciden abandonar los cultivos de uso ilícito y construir una iniciativa productiva enmarcada en relaciones laborales armónicas, encaminadas a generar bienestar social y económico a través de la producción comunitaria y comercialización de caña panelera.

Clamor de paz

Hoy Gustavo se encuentra en la lista de desplazados en Villavicencio. La Alcaldía les proporciona alojamiento y alimentación, pero las condiciones de vida no son dignas, además que no tiene familiares allí ni nadie quien pueda brindarles un apoyo. Le causa tristeza estar amenazado y abandonar su tierra cuando ha sido un incansable pregonero de la paz.

“Es preocupante que en el proceso de paz el Gobierno no les cumpla a los guerrilleros y es probable que ocurra, no está dispuesto a ofrecerles una seguridad como ha sucedido en todos estos años. Le he apostado a la paz y quiero que el grupo sea político y no subversivo”, aclara Gustavo.

Además afirma que en la región hay temor porque hay grupos más violentos que las FARC, pero nadie quiere reconocerlo ni aceptarlo. “No creo que haya perdido el sí, es una señal para seguir a la constituyente, más colectividad ante todo. No debe haber esa división que se venía dando”.

Para él hay varias formas de interpretar los medios de comunicación y sabe de la importancia que han tenido durante este proceso, pero también sabe del daño que han hecho. “Los medios a veces son efectivos otras veces lo que hacen es confundir. Creo que faltó mucha pedagogía, debieron estar más centrados en el tema de los diálogos, no pegarse tanto del Estado sino de las realidades. Los únicos que sabemos somos los de la parte rural. En las ciudades no dimensionan hasta dónde puede llegar la violencia. Los campesinos seguiremos siendo las víctimas, los muertos los seguiremos poniendo nosotros”.