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Al oro le sienta bien el miedo
Si la recesión se agudiza, el metal precioso podría doblar su precio actual
Miguel Ángel García Vega / Domingo 15 de marzo de 2009
 
La alta cotización del oro en la Bolsa contrasta con las condiciones de trabajo en la minería artesanal colombiana.

El oro, como la Bolsa, es mitad economía y mitad psicología de masas. Y mientras las finanzas mundiales estén subidas en el diván de la locura, al metal precioso le irá bien. Los inversores se han refugiado en él y le han llevado a tocar precios cercanos a los mil dólares la onza (31,1 gramos) para luego regresar a los 928 dólares. Este empuje se explica por la fuerte entrada de capitales en fondos de inversión que apuestan por los metales preciosos, incluidos los ya célebres fondos cotizados o ETF por sus siglas en inglés.

La evolución futura del precio del oro dependerá de la percepción del riesgo y de las compras de mercados tan decisivos para el metal como son India, China o Turquía. Y estos últimos han desaparecido de la escena por la carestía del oro. De hecho, según los datos del World Gold Council, las importaciones indias fueron casi nulas en enero pasado. Con lo cual, para que la cotización se mantenga o suba, las bolsas deben continuar cayendo y la incertidumbre financiera tiene que seguir. Mientras esto suceda "los precios deberían mantenerse fuertes", aventura Claude Rivaud, gestor del fondo Sgam Fund Equities Gold Mines, de Société Générale. Y ésta es la paradoja, el metal se siente bien cuando la economía planetaria va mal. Así lo ha entendido la demanda, que según la consultora Lipper aumentó un 64% en 2008. Daniel Stern, director de ventas de Oro Direct, afirma que vende oro físico, reconoce que tienen problemas para suministrar producto a sus clientes por la cantidad de peticiones.

"La producción de oro cayó el año pasado y podría hacerlo en 2009. En parte se debe a la falta de éxito en las exploraciones mineras", describe Evy Hambro, gestor del fondo BGF World Gold. En este escenario, "el oro puede caer en verano hasta los 800 dólares la onza. Luego debería volver a subir en el segundo semestre para acabar el año en 1.100-1.200 dólares", analiza Emilio Álvarez, creador del fondo Vortex Capital Global Precious Metals Fund. "La situación económica mejorará en 2010 y 2011, que será cuando surtan efecto los planes de Barack Obama, pero la ingente cantidad de liquidez que se ha inyectado al sistema mundial provocará que en 2012 tengamos hiperinflación", augura Álvarez. ¿Consecuencia? "El oro volverá a ser refugio y esta vez podría alcanzar los cinco mil dólares la onza". Es decir, "ha recuperado su valor monetario", resume Juan Carlos Martínez, profesor del Instituto de Empresa.

Evidentemente, toda proyección convive con un margen de error. "En condiciones normales, esto es, con estabilidad en los mercados financieros, la onza debería estar entre 700 y 1.000 dólares. Ahora bien, si se mantiene la crisis o se disparan las tensiones inflacionistas entonces sí subirá", reflexiona José Luis Martínez, economista jefe de Citigroup. Esta subida, algunos analistas técnicos la sitúan en los dos mil dólares la onza. Y otros, como UBS, la colocan en los 2.500 dólares. Aunque más de uno preferiría no conocer nunca esos niveles. "Tendría que pasar algo tremendamente malo a la economía mundial para ver esas cifras", reflexiona Antonia Conde, de Renta 4.

Pero las sorpresas no son descartables. Si algo define a esta crisis es que ciertas reglas inmutables están cayendo. Históricamente, la correlación entre el dólar y el oro ha sido casi perfecta. Cuando la divisa americana se deprecia frente al euro, el metal dorado aumenta su cotización. Pero los últimos meses han cambiado esta ley no escrita. La explicación reside en que ha entrado al mercado una demanda exclusivamente financiera, sustentada en los ETF, que usan el oro como si fuera un derivado más, analiza David Navarro, gestor de Inversis Banco.

La cotización del oro, pues, está siendo soportada por las compras financieras (y no por la joyería) y en esto tienen mucho que ver los fondos de inversión. Productos como Blackrock World Gold Fund (el mayor fondo del mundo con cinco mil millones de dólares manejados); Tocqueville Gold Fund; Sprott Gold and Precious Minerals y, ya dentro de una dimensión mucho más pequeña, el Sgam Fund Equities Gold Mines, de Société Générale, son algunas de las opciones de las que dispone el ahorrador. Todos invierten en empresas mineras.

Porque, como reconocen la mayoría de los expertos, el negocio, por decirlo así, no se encuentra en el oro propiamente dicho sino en las compañías que lo extraen. Ahí es donde están invirtiendo los jugadores destacados de esta partida. Tal es la voracidad que la mayoría de las grandes empresas auríferas -Barrick Gold, Anglogold-Ashanti, Newmont, Goldfields, Goldcorp, Harmony y Kinross- están dispuestas a hacer adquisiciones.

Injustamente, cuando se habla de oro su brillo suele apagar al de otros metales. La plata y el platino han tenido una correlación muy próxima con el metal dorado. En concreto, describe Antonia Conde, en los dos últimos años la del platino es del 65% y la de la plata del 80%. Sin embargo, estos metales tienen sus propias señas de identidad. Al estar muy relacionados con la actividad industrial -el platino se emplea sobre todo en la industria automovilística (catalizadores) y la plata como conductor eléctrico y en componentes electrónicos, entre otros- les ha afectado la crisis productiva. Y han caído un 50% desde los máximos alcanzados en el primer semestre de 2008. La onza de platino está en en torno a los mil dólares y la de plata en 13. "Por lo tanto, a medida que la situación económica mejore, ambos metales subirán más que el oro. Calculo que dos veces más", adelanta Emilio Álvarez.

De hecho, algunos inversores ya están colocando sus fichas. "Entre diciembre y enero ha aumentado un 45% la demanda de inversión en oro, plata y platino a través de ETF", señala David Navarro, de Inversis Banco. Pero hay una duda importante. El inversor cuando compra una participación en un ETF adquiere, en una proporción concreta, oro, plata o platino físico, que se deposita en una entidad. Algunos gestores, como Álvarez, platean el interrogante de si de verdad, ante la falta de producto, se están pudiendo adquirir los metales a los que la gestora del fondo se ha comprometido frente al inversor.