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Opinión
La unidad de la izquierda será posible con paciencia, constancia y conciencia
Ningún movimiento de izquierda o, incluso, democrático desconocerá que el único camino para avanzar y ser opción de poder es la unidad. Quizás, la dificultad radica en la comprensión de cómo hacerla posible, pues el común de denominador es: “Bienvenida unidad alrededor mío”.
Nelson Lombana Silva / Jueves 6 de julio de 2017
 
Foto: Galo Naranjo DSCF5618 via photopin (license)

La buena nueva que da el Partido Comunista en Ibagué en torno al proceso unitario de cara al momento histórico que vive Colombia, a través de un diálogo horizontal, pausado y desprevenido, alienta la posibilidad de concretar un gran movimiento de movimientos que permita enfrentar la arremetida virulenta de la clase dominante.

Ningún movimiento de izquierda o, incluso, democrático desconocerá que el único camino para avanzar y ser opción de poder es la unidad. Quizás, la dificultad radica en la comprensión de cómo hacerla posible, pues el común de denominador es: “Bienvenida unidad alrededor mío”. Es decir, sométase burdamente. Eso es unidad.

Históricamente, se ha esperado que los movimientos menos de izquierda, para decirlo de alguna manera, tomen la iniciativa y coloquen las reglas generales en un proceso coyuntural de unas elecciones, proceso efímero que termina una vez pasa el debate electoral. Si el candidato propuesto sale victorioso, hasta el sol de los venados, como se dice en el Tolima. No se vuelve a ver y las veces que lo hace es con todas las restricciones del caso, rápido porque estoy de afán y eso que dices es imposible, hay que esperar. Al parecer nada cambia, todo sigue igual. El único consuelo es esperar el siguiente debate electoral para buscar otro, que seguramente hará lo mismo.

Somos exageradamente inmediatistas, actuamos casi que maquinalmente alrededor de la capilla y no pensamos en un proceso amplio, democrático, revolucionario, pletórico de vitalidad y totalmente distinto a lo que suele hacer tradicionalmente la derecha colombiana. Hay que casos en que actuamos casi lo mismo.

Un proceso unitario serio y coherente con el momento histórico que vivimos los colombianos y las colombianas debe partir de un diagnóstico serio, real y objetivo. Claro, habrá quien diga que el país está hastiado de diagnósticos, y seguramente tiene razón. Sin embargo, más allá de la emoción debe estar la razón y ésta implica cientificidad, por lo tanto, hay que hacer un buen diagnóstico para poder hacer un buen planteamiento y creíbles propuestas.

Por eso resulta de sumo valor el proceso, el cual debe estar cruzado necesariamente por el argumento y la dialéctica del discurso argumentativo y persuasivo. En ese contexto hay que eliminar de tajo la “oposición por la simple oposición”. Hay que alimentar el raciocinio, el análisis, la exégesis para poder estar a tono con el momento. Eso nos permitirá tener claridad y libertad para actuar más con la razón que con la emoción. Es más: Pensar con un criterio mucho más universal que particular.

Todos los movimientos de izquierda que hay en Colombia hablan —¡con qué solvencia!— de la unidad. Uno se pregunta: Si todos hablan de unidad con qué autoridad y propiedad, ¿por qué la unidad de la izquierda no se ha materializado? ¿Qué tal que todas las fuerzas hubieran asumido con grandeza el proceso que lideró el maestro Carlos Gaviria Díaz? No fue posible por múltiples razones, seguramente todas válidas, entre ellas la ausencia de grandeza y conciencia de clase. Una vez más le ganó la disputa el individualismo al colectivismo.

Hay que reconocer la complejidad, las causas objetivas y subjetivas, en un régimen tan criminal como el colombiano, donde el militarismo reaccionario no ha tenido necesidad de dar abiertamente un golpe de Estado, porque ha tenido toda la libertad del mundo hacer y deshacer con la más completa impunidad. Lo de Gustavo Rojas Pinilla, el 13 de junio de 1953, fue solamente un experimento cruel del bipartidismo.

Pero también es hora de hacer un análisis autocrítico cada fuerza política de izquierda o sector democrático. Un análisis autocrítico consciente y consecuente con el sano propósito de hallar los errores para corregirlos y no volverlos a cometer. Puede ser que esto suene muy romántico, incluso cursi. Pero no hay que perder de vista que la disputa en el país está cruzada por la lucha de clases. No hay términos medios. No se busca la conciliación de clases, se busca que la clase eternamente dominada en el capitalismo se convierta en clase dominante. Así de sencillo.

Con esa proyección hay que asumir que la disputa por el poder no es cosa de poca monta, ni se dará fácilmente. Será producto de la lucha. Mire usted lo que está pasando en la hermana república de Venezuela: Hay un proyecto socialista que está naciendo y hay un capitalismo que está muriendo. Todavía el sistema socialista no ha nacido completamente, ni tampoco el capitalismo ha muerto totalmente. Eso explica la disputa violenta que hoy hay en la patria de Bolívar y Chávez.

Las izquierdas deben reflexionar al calor de la acción permanente y construir un gran proyecto unitario, caracterizado por la amplitud, la generosidad, la humildad, pero, sobre todo, con el compromiso de propender por la transformación estructural de la sociedad colombiana. Esa debe ser la brújula.

Hay que tener mucha paciencia, mucho tacto, unidad, audacia, conciencia de clase para dar este gigantesco salto que sería histórico. El pueblo quiere la unidad, la desea, pero sobre todo la necesita. No nos peguemos de detallitos baladíes, levantemos la mirada y miremos con decisión el horizonte. Lo que viene haciendo la izquierda en el Tolima es importante, hay que persistir en esta loable odisea, este departamento no puede seguir en manos de la extrema derecha, de lo más atrasado políticamente que representa el Centro Democrático, realmente se merece una segunda oportunidad sobre la tierra como la descendencia de los Buendía en Cien Años de Soledad del laureado escritor Gabriel García Márquez.