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¿Alguien recuerda el pozo petrolero Lizama 158?
Colombia Plural / Lunes 25 de junio de 2018
 

Las noticias se mueven a tal velocidad en Colombia que las historias más recientes son pasto del olvido. El desastre ambiental del pozo Lizama 158 ya lo es… olvido. Pero sus consecuencias ambientales y humanas perdurarán. ¿Alguien lo recuerda?

Al ambientalista James Murillo y a los demás miembros de la organización Cabildo Verde los conocen bien en Sabana de Torres y la región del Magdalena Medio porque llevan casi treinta años trabajando por la conservación del medio ambiente en Santander. Por eso los buscaron el dos de marzo diciéndoles que había una emergencia en la quebrada La Lizama. “Nos llamó una empresa contratista de Ecopetrol para que atendiéramos unos animales afectados por un evento de hidrocarburos”, explica James Murillo.

Aquel evento estaba lejos de ser el derrame de unos cuantos barriles de petróleo. El pozo Lizama 158, que según aseguran algunas fuentes se encontraba abandonado, produjo una emanación de crudo sin control durante, por lo menos, treinta días, un chorro de petróleo que fue a parar a las aguas de la quebrada La Lizama y luego al río Sogamoso, afectando miles de animales y varias comunidades aledañas. “Los peces muertos no se contaban, sino que se pesaban”, cuenta Murillo, quién coordinó un equipo de 60 personas en el mayor momento de crisis para la atención y el rescate de animales sobre el terreno.

A lo largo de esos días de marzo, los miembros de Cabildo Verde se dedicaron a limpiar babillas, culebras y pájaros impregnados de petróleo, una labor para la cual no existía mucha experiencia previa en el país. Buscaban en internet acerca de otros casos de derrames para tener información sobre la manera de atenderlos. Usaron distintos compuestos para limpiar los animales contaminados, probaron con acetona, con aceites abrasivos, con aceites orgánicos. “Si veíamos que en México alguna vez limpiaron animales con aceite de oliva, entonces corríamos a conseguir aceite de oliva a ver cómo funcionaba”, explica James Murillo. “Después decidimos que todos los animales debían ser marcados y llevados hasta la reserva que tiene el Cabildo para pensar en la reintroducción una vez se rehabilitara el área”.

Según el informe que Cabildo Verde remitió a la Fiscalía General de la Nación, hasta el 8 de mayo habían rescatado 6.622 animales en el área de la contingencia, más de la mitad de ellos estaban impregnados de crudo y una tercera parte pereció después del rescate. La cifra total de animales muertos ni siquiera pudo calcularse: “La labor de nosotros no era ir a verificar cuántos animales se murieron, sino a tratar de que no se murieran”, insiste Murillo. Tampoco hay certeza de qué especies de peces se vieron afectadas, porque la evaluación se hizo sobre especies comerciales como el bocachico, pero no se midió el impacto sobre otros peces como el capitán, la arenca o el pez burrito, que son los que sirven de alimento al bagre, a la dorada y los peces más grandes. Más de 600 familias dependen directamente de la pesca en esta zona de la cuenca”.

Las consecuencias a largo plazo son enormes, según le contó a Colombia Plural el biólogo Jhon Mario Flórez, quien como docente e investigador de la Universidad de la Paz, en Barrancabermeja, visitó el lugar del derrame. “Al acabar con el recurso hidrobiológico toda la cadena alimenticia se suspende. La microflora se afecta mucho y esa es la que cuesta ahora restaurar”, asegura Flórez, agregando que la importancia de estas quebradas radica en que son criaderos y hospederos de peces, reptiles, anfibios y aves migratorias. “Sumado a esto se vino el invierno y ocasionó una crecida que esparció el petróleo afectando toda la ronda hídrica”, prosigue Flórez, “treinta metros de orilla a orilla, los árboles estaban manchados hasta dos metros de altura”.

Algunos ambientalistas calcularon que la magnitud del derrame era de más de 30.000 barriles de crudo vertidos sobre la quebrada al finalizar la contingencia, pero Ecopetrol declaró que sólo habían sido 550, una cifra ridícula que contrasta con las imágenes que circularon del accidente. Sin embargo, los noticieros replicaron aquella cifra sin verificarla. “Los primeros diez días se la pasaron pensando en lo mismo: ¿Qué está pasando? Hasta que la comunidad denunció por los medios y por las redes y la Agencia Nacional de Licencias Ambientales tomó cartas en el asunto”, puntualiza Flórez. “Diez días para establecer el plan de manejo del desastre. Era un pozo que ellos dicen que estaba abandonado, pero en las fotografías se evidenciaron tubos partidos y rotos”.

El crudo era tanto que alcanzó a contaminar 25 kilómetros del río Sogamoso y 49 cuerpos de agua, “un río de petróleo”, lo describe Jhon Mario Flórez, quien añade que si el derrame hubiera vertido quinientos metros más abajo, en la cuenca de la quebrada El Zarzal, la mancha de crudo habría llegado hasta la ciénaga de San Silvestre, que provee de agua a Barrancabermeja, una población de 190.000 habitantes que, además, es el epicentro económico y político del Magdalena Medio. No obstante, el riesgo sigue latente pues alrededor hay más de 300 pozos en operación, una refinería y una vasta red de oleoductos, fue en uno de estos últimos donde se originó otra ruptura que provocó un nuevo derrame de crudo, esta vez directamente sobre las aguas del río Magdalena en Puerto Wilches. “Nosotros le recomendamos a Ecopetrol que no dejara entrar ese crudo a las zonas de humedales”, explica James Murillo, “porque una cosa es que se contamine el río, ya de hecho va contaminado, y otra cosa es que el hidrocarburo entre a los complejos lacustres donde están las áreas de anidación de las aves migratorias, donde hay manatíes, nutrias o caimanes, entonces los impactos son totalmente diferentes”.

Según le manifestó a Colombia Plural una fuente de la empresa que pidió reserva de su nombre, dicha contingencia finalizó y Ecopetrol se encuentra abandonando el pozo Lisama 158: “Ya las familias que habíamos reubicado en hoteles retornaron. Ecopetrol aún no ha dado a conocer los resultados de la investigación porque no los ha terminado. Lo que le puedo confirmar es que de fracking no hay nada, nosotros no estamos haciendo fracking en Colombia”. A pesar de que la empresa aseguró que se trató de un pozo abandonado, el hermetismo oficial sobre estos hechos motivó sospechas de que en realidad se trataba de pruebas de fracking que quisieron ocultarse al país. Enviamos un cuestionario y también contactamos por teléfono a Erminda Vecino, encargada de prensa de Ecopetrol, quien aseguró que la empresa proyecta explotaciones de este tipo a futuro: “Actualmente se evalúa la posibilidad de realizar un piloto el cual se desarrollará en dos fases: la primera de planeación, entre el 2017 y el 2018, que comprende el proceso de licenciamiento ambiental; y la segunda de ejecución, entre 2019 y 2020, que contempla la construcción y completamiento de los pozos, incluyendo la estimulación hidráulica”. Además, insistió en que las causas del accidente siguen siendo desconocidas.

“Hay muchas versiones, nada oficial”, asegura el ambientalista James Murillo, “el evento fue atípico, yo he tenido la oportunidad de estar en otros eventos similares donde nunca se ha sabido nada. Pero acá nadie podía ocultarlo porque fue sobre una vía nacional”.

Mientras todo esto ocurría, el debate presidencial se encendió entre quienes defendían el extractivismo puro y duro, y quienes planteaban la urgencia de encontrar modelos sostenibles menos nocivos con el medio ambiente. “¿Por qué un país como Canadá sí puede tener industria petrolera bien hecha, industria minera bien hecha, energía renovable y todo lo demás, y nosotros no podemos”, proclamaba Iván Duque en una de sus giras de campaña por el departamento de Santander los mismos días que el pozo de La Lizama vomitaba crudo sin control. “Yo lo que digo es que todos los esquemas productivos en este país deben funcionar bajo un mandato: producir conservando, conservar produciendo”. El recién electo Presidente seguramente sabe que la exitosa producción de petróleo en Canadá depende de la extracción de arenas bituminosas que ha dejado como resultado la destrucción de más 140.000 kilómetros cuadrados de bosques en la región de Alberta, según la organización Greenpeace. “No podemos caer en la trampa de decir que si no es fracking no se puede hacer más petróleo. Miremos dónde está el potencial y ver qué se puede hacer por desarrollarlo”, insistió Iván Duque en febrero en una entrevista que fue reseñada por el diario Portafolio; “hagamos bien primero la tarea con las fuentes convencionales de hidrocarburos, disminuyendo los costos de transporte por ejemplo, y luego si vamos a lo no convencional”. Lo que el próximo Presidente llama “no convencional” son modalidades de explotación cuyas consecuencias altamente destructivas han sido probadas en otros lugares del mundo, afectando las fuentes de agua y el equilibrio biológico. El programa de gobierno de Duque promete intensificar el extractivismo, la depredación de los recursos naturales y la gran minería, un modelo económico agotado cuyas consecuencias están a la vista.

No obstante, cada vez surgen más voces críticas a este modelo, incluso en las regiones donde es más fuerte. Esto quedó en evidencia con el triunfo electoral de Gustavo Petro en Barrancabermeja, el corazón petrolero de Colombia, aun a pesar de que su programa propone el desmonte progresivo de la economía petrolera y la búsqueda de nuevas fuentes renovables de energía. “No podemos seguir en la misma línea de explotación a toda costa de los recursos naturales para poner comodities [materias primas] en el exterior”, sostiene el profesor Jhon Mario Flórez. “Estamos trabajando para encontrar desarrollos alternativos sostenibles en esta región del Magdalena Medio que toda está ligada al petróleo, aquí cayó el precio del petróleo y en la economía hubo una deflación tremenda, hubo desempleo, problemas sociales, y la inflación que estaba en torno a la burbuja del petróleo. Ahora sumado a esto hay dos eventos ambientales que demuestran que, o nos ponemos a generar alternativas o no vamos a poder subsistir”.