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Marmato (Caldas): la paradoja de vivir en la miseria sobre la riqueza
Antonia Fajardo M. / Viernes 7 de diciembre de 2018
 
Foto: Agencia de Noticias UNAL.

Resumen

El presente documento explora la problemática que ha atravesado la historia de Marmato, Caldas. El campo de interés se centra en la lucha de la población marmateña frente al poderío de las multinacionales interesadas en la explotación minera en ese territorio rico en oro. El actuar de las empresas trasnacionales se ha visto respaldado por el Estado mediante legislaciones que han impedido la continuación de trabajos extractivos de tipo manual que era una práctica de la comunidad como actividad económica. Es de gran importancia analizar la prioridad que ha otorgado el gobierno colombiano a las relaciones internacionales de carácter económico frente al bienestar y posibilidad de desarrollo que debería dar a su población nacional. Además, entender el tipo de estrategias que implementa el Estado para continuar con la circulación incesante de capital sin dar importancia alguna a los efectos sociales y medioambientales que puedan tener las prácticas que se apoyan, como lo es la extracción minera.

Introducción

Marmato, un municipio ubicado al noroeste del departamento de Caldas, es más conocido como ‘el pesebre de oro’ debido a las significativas minas que hay en su espacio subterráneo. Según los estudios de la multinacional canadiense Gran Colombia Gold –antes conocida como Medoro Resources- la producción de oro subió en el presente año, a un 16% en las minas de Segovia, Antioquia y Marmato, Caldas. Fijando la atención en el pesebre de oro, las cifras que muestran los estudios expresan lo siguiente:

Los Recursos Medidos e indicados consisten en 41,0 millones de toneladas a un tenor promedio de 2,9 g/t lo que representa 3,9 millones de onzas de oro y Recursos Inferidos de 52,0 millones de toneladas a un promedio de 2.5 g/t, lo que representa 4,2 millones de onzas de oro. Se han planificado más estudios técnicos y perforación para 2018. [1]

Como se observa, este es un territorio que representa una enorme atracción para las empresas transnacionales y para el gobierno colombiano y sus respectivos intereses de clase. Sin embargo, estas grandes compañías pasan por encima de la vida de la población que reside en Marmato y sus alrededores; que además practican la minería artesanal o extracción manual como un medio de subsistencia.

En este mundo globalizado y afanado por generar y acumular capital, la minería se ha convertido en una de las herramientas bajo las cuales entra el capital transnacional a los países dominados en el contexto internacional, como lo explica la socióloga Mary Luz Sandoval; los países donde se ejerce este control económico son aquellos que desde la conquista y colonia han sido constituidos como el Tercer Mundo. El fácil acceso que tienen los países dominantes se basa en la flexibilidad jurídica que se ha establecido debido a numerosos consensos de carácter primordialmente económico que dan entrada a los negocios internacionales. Por otra parte, estas multinacionales venden la idea de progreso y desarrollo, de mejorar las condiciones de vida de los países del Tercer Mundo y aparecen como los nuevos dadores de más oportunidades laborales; abriendo así el mercado de mano de obra abundante y barata. Por último y lo que manifestaría expresamente la crisis de la soberanía Estatal es “la participación expresa de los gobiernos y la impunidad sobre las consecuencias medioambientales” [2]

Se presenta entonces, una circunstancia de choque de intereses y se demuestra la fuerza que puede ejercer una gran empresa para imponer un tipo de explotación completamente agresiva contra los seres humanos y el medio ambiente; esta sería la minería a cielo abierto.

Este tipo de minería es caracterizado por la extracción de minerales valiosos económicamente - como lo son el oro, la plata, el cobre, el carbón, etc.- mediante la excavación de gigantescos espacios, en lugar de construir galerías o túneles convencionales. Normalmente, estas minas pueden alcanzar 1, 5 Km de largo y ancho, con hasta 600 o más metros de profundidad. Este tipo de extracción se empezó a practicar debido a que los depósitos subterráneos donde había altas concentraciones de minerales, se han agotado; por tanto, este tipo de explotación explota minerales ampliamente diseminados de forma rápida pero generando altos impactos en el medio ambiente.

Los métodos a cielo abierto son los más económicos y rápidos para extraer los minerales deseados. Sin embargo, esta metodología es a menudo la más contaminante dado que también genera enormes cantidades de roca estéril y polvo, y contamina grandes cantidades de agua, teniendo consecuencias perjudiciales para el medio ambiente [3]

Como se mencionaba anteriormente, dentro de la complejidad de esta problemática se percibe la legitimación por parte del Estado frente a prácticas de carácter ilegal que atentan contra el bienestar y el posible desarrollo, más específicamente, de la población colombiana; favoreciendo solo a las finanzas y el comercio internacionales; con el último objetivo de proteger la circulación incesante de capital y así, su acumulación.

Revisión bibliográfica

La historia de Marmato, Caldas se ha caracterizado por la explotación de oro que ha realizado la población marmateña desde antes de la conquista y colonia española. Posteriormente, los primeros colectivos ibéricos que se instalaron en el territorio, fundaron poblaciones en los centros mineros y trajeron esclavos para realizar las explotaciones. La gobernación de Marmato realizó una labor investigativa que recuperó un amplio archivo sobre la historia de este territorio desde la época precolombina; como se ha explicado antes, el eje transversal de esta historia es la riqueza aurífera con la que cuenta el sector, lo cual ha sido un punto de interés no sólo a nivel nacional sino también para el exterior. Durante la época de independencia y constitución de la República, las minas de Marmato fueron empeñadas con el fin de garantizar “el cubrimiento de los empréstitos hechos a Inglaterra para pagar las guerras de Independencia” [4]. Este hito marca el comienzo de la condena de la población marmateña, al ser casi regalada por el Estado colombiano a la industria y minería extranjeras,

Al finalizar la Guerra de los Mil Días, uno de los vencedores, el general Reyes otorgó a su copartidario el general Vázquez Cobo la propiedad sobre los yacimientos, que poco después traspasó a la Western Sindicate Limited, y esta, a su vez, los transfirió a la Colombian Mining Exploration Co. [5]

Para el año de 1936, el gobierno nacional tomó la decisión de arrendar las minas a empresas nacionales; sin embargo el destino de Marmato cambió para el año de 2005, cuando la Compañía Minera de Caldas S.A., siendo la delegada de la multinacional Colombia Goldfields Limited, compró la montaña de Marmato. Esta empresa tuvo la pretensión de realizar un megaproyecto que tendría la duración de 20 años en el cual se extraerían 150 toneladas de oro [6]. Es de fundamental importancia recalcar que para realizar una excavación a cielo abierto –como lo pretendía la multinacional- se debe movilizar a la población que habita el territorio; según cuenta Luis Javier Caicedo –abogado y asesor de la Organización Nacional Indígena de Colombia- en un artículo escrito en Julio del año 2007, el Gobierno colombiano declaró el casco urbano de Marmato –donde viven aproximadamente 1.200 personas- como una “zona de alto riesgo”; volviendo necesario trasladar el pueblo hacia otro espacio y así facilitar el trabajo de la multinacional.

Caicedo calcula que el proyecto “gestado a espaldas de la comunidad” provocará la desaparición del casco urbano actual y dentro de unos 20 años, la desaparición total de la montaña misma con sus reservas, “desapareciendo unas de las ciudades más antiguas de Colombia y arrojando a la incertidumbre a la población marmateña, que en un 17% es indígena y en un 55% se compone de comunidades negras” [7]

Colombia Goldfields Limited es una compañía enraizada en Toronto (Canadá). Esta empresa opera en Colombia a través de la Compañía Minera de Caldas S.A. Según investigaciones de Caicedo [8] el objeto de esta es: a través de sus compañías subsidiarias Cía. Minera de Caldas S.A. y Gavilán Minerales S.A., explotar una multimillonaria reserva de oro en el histórico distrito minero de la montaña de Marmato, por medio de un programa de adquisición de propiedades, reasentamiento comunitario y exploración.

Para realizar la extracción la compañía requiere de un tipo de explotación completamente agresiva y que se ha destacado por sus impactos a nivel social y medio ambiental: la minería a cielo abierto. Aquella que se ha utilizado también para la explotación de carbón en La Guajira,

De cualquier manera, a mano alzada se calcula que la mina a cielo abierto será una de las más grandes de Suramérica. De hecho, habría que mover entre 30.000 y 60.000 toneladas diarias de tierra, para producir del orden de 250.000 onzas de oro al año. [9]

El traslado de la población marmateña ha sido gestionado sin consulta al pueblo, han sido decisiones tomadas por el Gobierno y la compañía interesada; quienes además han tergiversado los hechos exponiendo que la población escogió el sitio del traslado.

La mayoría de la gente quiere mudarse, añade Park, porque la inestabilidad de los terrenos es fuente de desastres” […] En cuanto al manejo de las inversiones, el inversionista canadiense anuncia que se va a crear “una fiducia transparente para invertir casi 10 millones de dólares para trasladar el pueblo hasta El Llano [10]

Para el año 2010, la empresa Gran Colombia Gold –constituida gracias a una gran inversión de recursos canadienses- compró 96 títulos que pertenecían a la Colombian Goldfields y que actualmente es dueña del 79% de la montaña de Marmato, el pesebre de oro; informa la periodista del periódico El Espectador, Natalia Roldán. Es fundamental recalcar que la Agencia Nacional de Minería ha dividido 551 bocaminas en 121 títulos mineros, rescatando que 96 no pertenecen a la población marmateña.

Según la constitución que rige a nuestro país “el suelo y el subsuelo colombianos son del Estado, que se encarga de otorgar derechos de explotación a mineros o empresas interesados en sacar estos recursos perecederos de la tierra.” [11]. Sin embargo, antes de la emboscada por parte del gobierno y las multinacionales, en Marmato, los títulos se repartían sin mayor complicación: cualquiera que cavara un túnel recibía uno con solo mostrar la cédula. Aprovechándose de esta situación, la Goldenfields empezó a apoderarse de una gran cantidad de títulos y fue cercando a la población y limitando sus actividades de minería artesanal.

Como lo expresa Roldán,

Tratar de entender la situación de Marmato es como intentar armar un rompecabezas de dos mil piezas que no encajan. Antes de que Gran Colombia Gold se proclamara dueña de decenas de títulos mineros, muchos de ellos estuvieron en manos de Mineros de Caldas, luego de Colombia Goldfields y posteriormente de Medoro Resources –que se fusionaría con Gran Colombia Gold con el objetivo de tener el músculo suficiente para realizar proyectos mineros a gran escala–. En ese juego de relevos, los más de nueve mil habitantes de Marmato, que desde hace 400 años sacan oro de su tierra, han perdido el derecho sobre ella, ya que fueron vendiendo sus licencias de explotación. Por eso ahora viven con miedo de que las grandes empresas, en su urgencia económica, los obliguen a trasladarse lejos de la montaña que les permite subsistir [12].

Dirigiendo un poco la atención al tema de la minería artesanal que practica esta comunidad como medio de subsistencia, se tomará esta práctica como un trabajo que implica relaciones más allá de las económicas; es decir, una actividad que ha constituido la cultura propia de la población marmateña, como lo desarrolla Sandoval. Esto invita a reflexionar acerca del tejido social que se ha elaborado alrededor de la minería artesanal y que de algún modo puede servir como el medio de cohesión social de la comunidad en discusión; y cómo esta estructura corre peligro debido a la intrusión de las multinacionales en la práctica económica principal de la población.

Según la investigación de Sandoval, dentro de la minería artesanal existe una diversificación de tipos de propietarios jerarquizados que dan forma a la estructura relacional mencionada anteriormente,

Mineros obreros de minas que trabajan para un patrono con título en condiciones de informalidad (1); mineros independientes con posesión y sin titulación que trabajan para sí en condiciones de informalidad (2); minero propietario de una mina con o sin titulación o en proceso de titulación que trabaja para su subsistencia y que paga mano de obra en condiciones de informalidad (3); minero dueño de varias minas con títulos que paga mano de obra en condiciones de semiinformalidad –pagan sólo la salud de sus trabajadores– (4); gran compañía minera que emplea mano de obra de manera formal (5); mineros trabajadores formales de la gran compañía minera (6); dueños de molinos (7) (Comunicaciones personales diversas entre mayo y diciembre de 2011, y observación del trabajo en las minas) (Sandoval, 2012).

Esto da a la población una suerte de elementos identitarios que relacionan a todo el colectivo y por supuesto están sumamente ligados al espacio físico donde se desarrolla la vida en común. Por tanto es delicado considerar lo que implicaría un traslado de la población y reflexionar acerca de cuántos elementos se perderían en ese proceso forzado.

Esta problemática está directamente relacionada con las apuestas económicas que el gobierno de Juan Manuel Santos propuso desde el día de su posesión (7 de agosto de 2010). El proyecto del nuevo gobierno se centraba en las llamadas cinco “locomotoras” que debían poner “en marcha el tren del progreso y la prosperidad” hacia el destino del crecimiento y la creación de trabajo; como explican los investigadores del Centro de Investigación y Educación Popular: Zohanny Arboleda, Sergio Coronado y Tatiana Cuenca. Estos expertos realizaron un balance sobre el desarrollo de estas apuestas económicas y su origen,

En 2006, finalizando el primer gobierno de Álvaro Uribe se lanzó́ el Plan Nacional para el Desarrollo Minero, Visión al año 2019 que señaló cómo el papel del Estado era el de “facilitar la actividad minera, promover el desarrollo sostenible en la minería y fiscalizar el aprovechamiento minero”. Dicho de otra forma, el Estado renunciaba a su papel de administrar los recursos mineros, y asumía una labor de control y fiscalización de las actividades extractivas realizadas por agentes privados. Este enfoque de política no se ha puesto en cuestión durante la administración Santos [13].

Es reiterativa la idea de un gobierno que promoverá proyectos garantes del desarrollo de la población colombiana, sin embargo todas estas políticas enmascaran el verdadero interés de otros países dominantes sobre el beneficio de explotar tierras subdesarrolladas y la subordinación del Estado colombiano ante tales exigencias internacionales. El pueblo ha tenido que luchar sin apoyo por su territorio y los recursos que le pertenecen. Esta batalla se lleva a cabo no solo contra las multinacionales inescrupulosas, sino principalmente contra las numerosas licencias estatales “para realizar actividades extractivas que han avanzado sobre los derechos e intereses de las comunidades rurales”. [14]

Otra importante investigación que recoge de todo un poco respecto a la problemática en Marmato, es la crónica realizada por Alfredo Molano en su libro Dignidad Campesina. En esta investigación relata su recorrido por el municipio y describe con absoluta precisión el estado en el que se encuentra tanto el espacio físico –infraestructura y demás aparataje material- como la misma población que ha tenido que soportar las injusticias que comete el Estado vendiendo los yacimientos a las multinacionales. Molano cuenta cómo, a través de las leyes, se ha otorgado derechos de propiedad pertenecientes a los marmateños a empresas extranjeras que tienen la pretensión de realizar megaproyectos mineros,

Para terminar de confundir el cuadro de los derechos de propiedad y posesión –una estrategia calculada-, Mineros de Caldas vendió sus derechos a la Colombian Goldfields y esta, a su vez, los negoció con la Medoro Resources, una de las más grandes compañías auríferas del mundo, empresa canadiense cuyos tentáculos llegan hasta la Pacific Rubiales. Desde 2011 emite títulos negociables en la Bolsa de Toronto sobre los tenores de oro, plata y cobre existentes. Solo en el Cerro del Burro habría 7.049.000 onzas de oro, y en el campo total de Marmato, millones y millones de oro, plata y cobre. La poderosa multinacional adelanta un estudio de 20.000 perforaciones para precisar la potencialidad de los depósitos de oro y justificar la explotación a cielo abierto que movería unas 50.000 toneladas de mineral en bruto para sacar de ellas 250.000 onzas tory de oro anuales. En el mercado internacional –el mundo entero- costarían 500 millones de dólares. El rey Midas en acción [15]

Como se ha venido manifestado en el desarrollo de los antecedentes, la mejor idea que se le ha ocurrido a las multinacionales para tener vía libre en su megaproyecto fue trasladar el pueblo a otro espacio; sin consideración alguna sobre la identidad de esta población arraigada al territorio, sus actividades y prácticas ya establecidas y en sí todo lo que implica una comunidad de personas, donde su existencia se materializa en este territorio. Sin más remedio, las empresas se aliaron con la fuerza pública para detener las manifestaciones pacíficas que levantaron lo marmateños en contra de los planes de estos poderosos colectivos. Marmato solo es uno de los miles de casos que ejemplifica el papel del Estado y sus organismos como un instrumento de dominación de clase y defensor de sus intereses.

En mayo hubo una masiva protesta de 4.000 personas desde la carretera hasta el pueblo contra los proyectos que desarrolla la compañía y que el gobierno apoya con marginales y volátiles condiciones como la de respetar el medio ambiente y no atropellar a los trabajadores. La Gobernación de Caldas envió de nuevo treinta policías acompañados por empleados de la compañía y funcionarios. Justamente en esos días, el cura párroco de Marmato, José Reinel Restrepo, declaró que lo sacarían muerto del pueblo y que si el gobierno o la compañía apelaban a la violencia, era lícito responder de la misma manera. El sacerdote apareció muerto con dos tiros en la espalda el 3 de septiembre de 2011 en la vía que conduce de Guática a Belén de Umbría. [16]

Desarrollo

Gran Colombia Gold alega tener libertad de acción sobre las minas porque es dueña de los títulos y asegura –con excesiva reiteración– que opera «en cumplimiento de la ley y bajo los más altos estándares de ética, integridad y seguridad para los empleados, las comunidades y el ambiente. [17]

Los intereses económicos tanto de empresas multinacionales como del Gobierno colombiano, han atravesado de forma trágica la historia de Marmato. Esta problemática es un ejemplo claro de lo que ha sido la profundización del fenómeno de la globalización y más específicamente, la globalización jurídica. Según Francisco Vásquez, abogado y docente investigador, el proceso de la globalización tiene dos brazos fuertes que han hecho posible su desarrollo: la primera es la globalización cosmopolita que se entiende como el resultado natural de las relaciones interestatales -como es la Unión Europea, en la medida en que pretende la construcción de un bloque homogéneo en aspectos como el cultural, el político y el jurídico- y la segunda, la globalización impuesta de corte neoliberal que como lo han analizado otros autores, ha tenido fuertes repercusiones en el campo político y por supuesto ha sido el medio ideológico para impulsar la economía y reestructurar el poder de la clase dominante. Esta segunda vertiente se ha destacado por el planteamiento de propuestas de desarrollo construidas por los países potencia con el objetivo de asegurar para sí los centros de poder.

Este fenómeno debe entenderse como un gran sistema que relaciona todos los campos para así asegurar su funcionamiento y desarrollo. Como se exponía en los antecedentes, las empresas interesadas en realizar los megaproyectos de minería, se alían con el Estado a través del marco jurídico para así lograr sus cometidos. Estas prácticas ilegitimas que a fin de cuenta quedan legitimadas por los gobiernos, se explican debido a una gran jugada que realizaron los países potencia para asegurar su hegemonía en el campo político y económico; esto fue el Consenso de Washington.

El Consenso de Washington resultó de una conferencia que se dictó en el Instituto Internacional de Economía y se centraba en los ajustes que debían practicarse en América Latina con fines de crecimiento económico; en este seminario el profesor John Williamson planteó diez reformas que estaban encaminadas a proteger la inversión extranjera en detrimento del bienestar de los trabajadores y sus familias, disminuyendo sus ingresos, estabilidad laboral y conquistas sociales. Estas formulaciones trataban de políticas identificadas por los organismos como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y el Tesoro de los Estados Unidos para reestablecer e impulsar el crecimiento de América Latina y posteriormente, otros territorios. Los sectores privados y las élites de las sociedades de nuestros países respaldaron estas propuestas por medio de cuantiosas inversiones, con el anhelo de recuperar y respaldar el poder socioeconómico enmarcado bajo tales teorías políticas.

Estas reformulaciones jurídicas se desarrollaron como una medida para salir de la crisis de la deuda externa y motivaba a las economías hacia una competencia más profunda, se incentivaron las exportaciones, la liberalización de las importaciones y la costumbre de generar ahorros destinados a la inversión; todo esto se hizo posible gracias a nuevas legislaciones dictaminadas por el Estado en contra de los intereses del pueblo. Se percibe entonces, un abandono por parte del Estado como responsable del bienestar de su población para así delegar el supuesto desarrollo del país a empresas privadas y a empresas extranjeras que se lucran de las necesidades y oportunidades de las personas. Todas estas estrategias son respaldadas por la expedición de nuevas leyes que hacen parecer legítimas una cantidad de acciones y prácticas ilegales y que van en contra de los derechos humanos.

Por otra parte, se rescata otro fenómeno que atraviesa la problemática de Marmato y es lo que el geógrafo David Harvey denomina como ‘Acumulación por desposesión’, concepto tomado inicialmente de Karl Marx trabajado en su obra ‘El Capital’ y expresado como la ‘Acumulación originaria de capital’,

La depredación de los bienes de la Iglesia, la enajenación fraudulenta de las tierras del dominio público, el saqueo de los terrenos comunales, la metamorfosis, llevada a cabo por la usurpación y el terrorismo más inhumanos, de la propiedad feudal y del patrimonio del clan en la moderna propiedad privada: he ahí otros tantos métodos idílicos de la acumulación originaria. Con estos métodos se abrió paso a la agricultura capitalista, se incorporó el capital a la tierra y se crearon los contingentes de proletarios libres y privados de medios de vida que necesitaba la industria de las ciudades. [18]

Esta noción de ‘acumulación por desposesión’ es uno de los métodos predilectos de los capitalistas para hacer posible la circulación y la acumulación incesante de capital. El proyecto de la Gran Colombia Gold de trasladar a la población marmateña con el fin único de tener vía libre para efectuar la explotación a cielo abierto es explicado por este concepto. Además de ser una práctica ilegal legitimada por el Estado como se ha venido explicando a lo largo del artículo.

Un aspecto fundamental para lograr el entendimiento de cómo funciona el sistema capitalista y la razón de las estrategias que utilizan las empresas multinacionales para beneficiarse de países como los de América Latina, es comprender el carácter dual del capital. Por un lado, se entiende como un proceso donde éste circula de forma incesante y así, permite su reproducción; por otra parte el capital también se distingue por ser una cosa, de características materiales. Es así como se presenta la contradicción entre lo móvil y lo inmóvil y es expresado mediante el capital circulante y el capital fijo. Estos dos aspectos son opuestos pero se necesitan mutuamente para sobrevivir y para asegurar la existencia del capital.

Esta relación se ve inmersa en un ciclo del cual el capitalista nunca querrá salir debido a los beneficios obtenidos, lo cual lo motiva a incrementarlo. Esta lógica de no saciarse y tener la necesidad de obtener más y más ganancias llevan al capitalista a idear estrategias de todo tipo que se mueven entre la legalidad y la ilegalidad. En el transcurso de este proceso, el espacio físico donde habitan las poblaciones desfavorecidas, se convierte en una mercancía desechable que responderá a las necesidades inmediatas del capitalista. Como lo es practicar la minería a cielo abierto, la cual es completamente agresiva con los recursos naturales puesto que la explotación de megaminería de oro en alta montaña requiere para la obtención de un gramo de oro, 1000 litros de agua por segundo; esto quiere decir que, en un día de explotación se usa la misma cantidad de agua que necesita –por día, una ciudad de 600.000 habitantes.

Como se mencionaba anteriormente, la explotación requiere del uso de tóxicos tales como el mercurio, cianuro, arsénico, entre otros. La forma en que estos tóxicos se desechan después de su utilización, carece completamente de los cuidados adecuados; por tanto el resultado es la constante contaminación de fuentes hídricas como lo son los acueductos y las reservas para el riego de cultivos agrícolas; sin olvidar la posibilidad de dejar infértiles las tierras por donde pasan los desechos.
Como se ha planteado en el problema, los dueños de los medios de producción buscan la manera de intervenir en las relaciones que han establecido los diversos colectivos con los espacios físicos; muchas veces las formas de intervención son violentas y significan el desarraigo de poblaciones como la marmateña -dominadas por los intereses del capital- manifestados en el actuar del capitalista. Justificándose bajo sus lógicas de acumulación, el capital privatiza los bienes comunes naturales, asignándoles un valor para el mercado, sin importar las relaciones de las comunidades que no definen la naturaleza y que se relacionan con ella de maneras alternas a las establecidas por el mercado. Se pregunta entonces ¿cómo es posible que acciones de este tipo sucedan bajo constituciones que protegen los Derechos Humanos? La respuesta, nuevamente, es el Estado. Este actor lleva a cabo toda un serie de mediaciones reguladoras y normativas que permite que la naturaleza sea comprendida en forma de “derechos de propiedad” para el actuar de los insaciables capitalistas.

Conclusión

El Estado colombiano puede ser declarado como un cómplice directo de las estrategias inescrupulosas de las empresas multinacionales y sus intereses netamente económicos. Sin embargo, el actor que recibe las consecuencias de todas estas injusticias y violaciones a los Derechos Humanos, es la población colombiana, a quien supuestamente, el Estado debería amparar. El municipio de Marmato está a punto de sufrir un proceso de pérdida de identidad debido a la irrupción de una empresa extranjera que únicamente quiere explotar el territorio y sus riquezas, sin siquiera considerar los derechos de la comunidad. Queda más que demostrado que las lógicas capitalistas se mueven constantemente en dirección contraria a los ritmos de la naturaleza y a sus respectivos elementos; además de demostrar que a pesar de vivir sobre la riqueza, si no se es dueño de los medios de producción, no significa más que la condena a una vida miserable, constantemente atropellada y sin garantía alguna de prosperar.

[1El nuevo siglo, 2018

[2Sandoval, M. (2012). Habitus productivo y minería: el caso de Marmato, Caldas. Manizales, Colombia. Recuperado de: http://www.scielo.org.co/pdf/unih/n74/n74a08.pdf

[3Morant, R. (2013) Preguntas y respuestas sobre minería. Greenpeace. Recuperado de: http://www.greenpeace.org/argentina/Global/argentina/report/2013/cambio_climatico/Inf orme-Moran-mineria.pdf p. 3

[4Molano, A. (2013). Dignidad campesina. Entre la realidad y la esperanza. Bogotá, Colombia: Icono.

[5Ibíd. p 22

[6Caicedo, L. (2007). Marmato: de “pesebre de oro” de Colombia a “golden mountain” de Canadá. Revista Semillas. Recuperado de: http://www.semillas.org.co/es/marmato-de- pesebre-de-oro-de-colombia-a-golden-mountain-de-canad

[7Ibid.

[8Ibíd.

[9El Colombiano, 2005

[10Caicedo, Op. Cit.

[11Roldán, N. (2014). Marmato, el drama de un pueblo que vive sobre una montaña de oro. Periódico en línea ‘El Espectador’. Recuperado de: https://www.elespectador.com/cromos/actualidad-cronicas/marmato-el-drama-de-un- pueblo-que-vive-sobre-una-montana-de-oro-16018

[12Ibíd.

[13Arboleda, Z. Coronado, S. Cuenca, T. (2014) ¿En qué va la locomotora minera? Los rastros de la locomotora minera de Santos y los rieles venideros. Cien días vistos por CINEP. Recuperado de: https://www.cinep.org.co/publicaciones/PDFS/20140601c.locomotora_minera82.pdf. p. 11

[14Arboleda, Z. Coronado, S. Cuenca, T. (2014) ¿En qué va la locomotora minera? Los rastros de la locomotora minera de Santos y los rieles venideros. Cien días vistos por CINEP. Recuperado de: https://www.cinep.org.co/publicaciones/PDFS/20140601c.locomotora_minera82.pdf.p. 12

[15Molano. Op. Cit.

[16Ibíd.

[17Roldán, Op. Cit

[18Marx, K. (1946). El Capital. Crítica de la Economía Política. México, D.F; México: Fondo de Cultura Económica.